Rubalcaba coloca el empleo como 'la gran causa nacional'

Patxio López y Rubalcaba, ayer, enla Conferencia Política de los socialistas en Madrid. / A. Martín (Efe)

(Actualizado a las 16:00 horas de 2-10-2011)

El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha clausurado la Conferencia Política de su partido con un llamamiento a la unidad de los sindicatos, los empresarios, los partidos políticos y las autonomías para crear empleo. “El empleo es la causa común, la gran causa nacional” y requiere “la unidad de todos” porque, según dijo, depende un poco de todos. “Si estamos pidiendo unidad a los países europeos para superar la crisis, tenemos que mirarnos de frente unos a otros y conseguir la unidad para resolver el gran problema nacional”. Rubalcaba apeló al compromiso de las fuerzas políticas y sociales en un gran pacto contra el paro. Las resoluciones de la  Conferencia Política trazan las grandes líneas de su oferta electoral.

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Para el dirigente socialista “el empleo es el principio y el fin de la economía, el motor y el valor del crecimiento”, por lo que si llega al gobierno incentivará la creación de puestos de trabajo desde el Estado. Pero los incentivos públicos exigen ingresos, por lo que reiteró su anuncio de exigir mayor contribución a los que más tienen. Se refirió concretamente a las grandes fortunas y a la banca, pero también a los evasores fiscales “y a los que se llevan el dinero a Suiza, Luxemburgo y los paraísos fiscales”. Anunció la creación de una gran agencia para luchar contra el fraude. “Hay mucho gran fraude fiscal”, dijo entre aplausos. “Hace unos años me comprometí a reducir las cifras de delincuencia y ahora me comprometo a luchar contra el fraude, a cercarlo y atacarlo drásticamente”.

Después de anunciar que aplicará la reforma laboral “tal como la hemos aprobado”, señaló que su programa ofrecerá “un proyecto de empleo específico para cada sector”, porque, según dijo, los problemas son distintos en cada uno. También las situaciones humanas son diferentes –jóvenes que no han accedido al primer empleo, con formación y sin formación, parados de larga duración, mujeres, etcétera– y por eso ofrecerá propuestas para cada “grupo social” que, de momento, no concretó. En distintos momentos de su alocución se refirió a la “crisis global” y a la inestabilidad de los mercados que han llevado al Gobierno de Zapatero a garantizar mediante la reforma constitucional, que no mencionó, el pago de la deuda y la estabilidad presupuestaria. Aunque prometió “austeridad” y “ahorro del gasto no eficiente”, abogó por fórmulas más flexibles en la reducción del déficit. “Si en 2009 nos equivocamos intentando reactivar la economía desde el sector público, ahora nos podemos estar equivocando en sentido contrario sacralizando el ahorro”.

En su discurso realizó un duro alegato contra la falta de propuestas del PP y contra los recortes en Sanidad y Educación. “Hay que quitarles la careta”, dijo antes de asegurar que el debate no es económico sino ideológico, pues el objetivo del PP es la privatización y los conciertos de la parte rentable de esos servicios públicos universales que son la médula del estado del bienestar, pues aunque un trabajador se quede en paro, siempre tendrá garantizado un subsidio, la sanidad, el colegio y una pensión de jubilación, algo que el PP se dispone a reducir.

Rubalcaba colocó en último término de su discurso “la revolución del conocimiento” para afirmar que “este es el gran cambio global, nuestro cambio; los más fuertes no van a ser los que más dinero, más armas ni más petróleo tengan, sino los que más sepan”. Negó que cualquier tiempo pasado haya sido mejor y terminó pidiendo a los suyos que no caigan en “la resignación, la nostalgia ni melancolía; no nos vamos a dejar ganar, yo no me voy a dejar ganar y no nos van a ganar a ganas de ganar”.

Propuestas para el programa electoral

Rubalcaba aprovechó la Conferencia de su partido para recuperar las señas de identidad socialdemócratas, con una defensa a ultranza del estado del bienestar y de los derechos sociales ante las amenzas y los recortes del PP. El candidato socialista es capaz de conseguir el equilibrio de las cuentas en la sanidad pública, de lograr el cierre de las centrales nucleares al final de su vida útil, de implantar la paridad en la dirección de las medianas y grandes empresas y de modificar el sistema electoral, aunque ya no sepamos si de acuerdo con el modelo alemán que tanto le agrada o con otro propio de la inventiva ibérica. El candidato clausura esta mañana la Conferencia Política del PSOE con voluntad de acierto y con el ánimo que le transmite Felipe González cuando le recuerda que en 1996 iban 14 puntos por debajo del PP y les faltó un telediario para ganar.

La pregunta principal: ¿Quién gestionará el final de ETA? no apareció en la Conferencia socialista, pero flotó en el ambiente. El lehendakari Patxi López es partidario de acercar a los presos al País Vasco para facilitar el proceso de reinserción y vuelta a la sociedad. Lo que para Mariano Rajoyno es significativo”, como el documento de los presos renunciando a la violencia, para Rubalcaba representa un paso inédito hacia el final de la banda terrorista. La organización EKIN se autodisuelve y ETA anuncia su disposición a colaborar con la comisión internacional de verificación del cese definitivo de la violencia, no reconocida por el Estado español.

Aunque algunos de esos pasos sean meramente tácticos, para apoyar la opción electoral de la Bildu ampliada a Aralar en las elecciones del 20-N, es lo cierto que lo conseguido por Rubalcaba como vicepresidente y ministro del Interior no lo había obtenido nadie desde los tiempos de la disolución de ETApm, cuando Juan María Bandrés y Mario Onaindía, de acuerdo con los ministros de la desaparecida UCD, consiguieron que la vía política democrática se impusiera a la jefatura armada.

Puesto que el candidato socialista considera precipitado colocar a los electores en la disyuntiva de elegir a las personas más capacitadas para gestionar el fin de ETA, se ha dedicado en la Conferencia a desgranar sus propuestas para frenar el “repago” y la privatización de la sanidad. Con una subida del 10% de los impuestos especiales sobre el alcohol y el tabaco obtendría 1.000 millones de euros; con la supresión de la desgravación a las primas de seguro de asistencia sanitaria, embolsaría 319 millones más, y con la mejora de la gestión del cobro a las aseguradoras, mutuas y pacientes extranjeros, los 700 restantes para cubrir los 2000 millones de déficit previsto en 2012. Por ese camino acabaría con la deuda sanitaria en cuatro años.

El contraste entre la defensa del modelo público de sanidad y enseñanza que exhibe Rubalcaba y el esquema de recortes y privatizaciones que aplica el PP –también CiU– en las autonomías que gobierna, puede atraer bastante votos a la urna del PSOE, o, al menos eso espera el candidato. Su promesa de cerrar las centrales nucleares desde Garoña hasta 2028, cuando el último reactor cumpla su ciclo de vida útil, es otro anuncio estelar que irá en el programa socialista, marcando diferencias nítidas con la derecha.

Pero hay más: el avance hacia la igualdad entre mujeres y hombres lleva a Rubalcaba a cambiar el “se procurará” de la ley de igualdad por “se hará” que las grandes empresas del Ibex 35 tengan consejos de administración paritarios. “Eso sí, con un calendario y lo que ustedes quieran, porque no somos dogmáticos, pero se hará”, afirmó Rubalcaba ante las mujeres que participaban en la Conferencia. Le apoyó Micaela Navarro: “Si tenemos dos manos, ¿por qué no utilizar las dos?” Le refrendó Leire Pajín: “La igualdad es una bicicleta, si dejamos de pedalear nos caemos”.

Rubalcaba no renuncia a pedalear en la mejora de la calidad democrática con el fin de conseguir la máxima proporcionalidad entre electores y elegidos y una mayor cercanía entre representantes y representados. El modelo alemán, según el cual, el elector tiene dos votos: con uno puede votar personalizadamente al candidato a diputado por su distrito y con otro a la lista de partido en cada Estado (Autonomía en el caso español) es el que desearía implantar Rubalcaba, con una composición parlamentaria al 50% entre diputados por distritos y por listas autonómicas, y con una fórmula de distribución más proporcional, que en Alemania es el método de Hare y Niemeyer combinado. Cierto es que la reforma hacia la proporcionalidad se vio frustrada en la legislatura pasada por el bipartidismo imperante que tanta estabilidad ha proporcionado al país. ¿Aceptarán ahora el PP y los nacionalistas pedalear en la dirección que propone Rubalcaba?