Meneses, maestro de periodistas: "Si quieren muertos, que pongan el copago"

Enrique Meneses, Carmelo Angulo y
Enrique Meneses, Carmelo Angulo y Roberto Lozano, ayer, en la Universidad Camilo José Cela de Madrid. / L. D.

Con “28 años a la inversa” y 64 de profesión periodística de guerra en guerra y de conflicto en conflicto, el reportero Enrique Meneses ha sobrevivido a bastantes riesgos, a un cáncer de cólon, otro de pulmón y a mucha mala leche. Y todo ello sin perder el optimismo ni dejar el folio en blanco un solo día salvo cuando, como ocurrió el lunes, le llaman de alguna universidad para que dé una charla. “He estado en la Complutense, en Salamanca, en Málaga, en Granada…” Hoy le toca la Camilo José Cela de Madrid por invitación de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y del director del Instituto para la Cooperación y Desarrollo Humano, Carmelo Angulo. Su diálogo con los estudiantes viene precedido por la proyección del filme de Roberto Lozano Los ojos de la guerra que se exhibió en la Semana de Cine de Valladolid y relata las vicisitudes de los corresponsales de guerra. Roberto está entusiasmado porque “en febrero o marzo saltará a los cines”. Si quieren ganar hora y media de vida y vivencias no se pierdan esta cinta.

Una estudiante le pregunta: “¿Si volviera a nacer, volvería a ser periodista?”. Meneses contesta: “Sin ninguna duda”, y atribuye a Tom Wolfe la anécdota del reportero que le dice al amigo: “No le digas a mi madre que soy periodista, dile que soy pianista en un burdel”. Luego se enrolla: “Yo nací el lunes 21 de octubre de 1929, la semana del crack de la Bolsa de Nueva York y del comienzo de la gran depresión. Mi madre dijo: las desgracias nunca vienen solas”. Se suceden las preguntas. “Olvidaos de trabajar sólo para España, tenéis toda América Latina y todo el mundo; mi hija no encontraba trabajo y está en Australia, en la televisión de Melbourne”. Un alumno pregunta dónde tendría que estar ahora y le contesta: “en Siria”. Otro se interesa por la velocidad de la información y quiere saber cuánto tiempo se necesita para hacer un reportaje. “No hay tiempo”, responde.

Publicidad

Pide que levanten la mano los que tengan blog. Muy pocos. “El blog es una vitrina, hay que tener blog”, les dice. Si lo sabrá él que es un periodista 0.2 desde hace diez años y a sus 28 al revés, con el oxígeno a cuestas, ha creado Utopia TV que emite desde el salón de su casa y tiene el proyecto de crear una fundación para financiar con “pichulines” a los reporteros. Los ingresos que obtenga la fundación por la venta de sus fotografías y reportajes –posee un valioso archivo con más de 25.000 negativos desde la revolución cubana con los Castro y El Che a personajes de la talla de Martín Luther King, pasando por el gipcio Nasser, Faissal de Arabia o el Sah de Irán– servirían para pagar los pasajes “y 500 dólares”. ¿Y cuando el dinero de bolsillo se agote? “Pues a buscarse la vida”. Los “pichulines” nacieron en la antigua Yugoslavia como fondo común de los reporteros en las distintas monedas locales. Aquellos eran para comprar wisky, pero los nuevos serán para el fondo común del proyecto, se entiende. Meneses sigue hablando: “En el asedio a Sarajevo había francotiradores y Ramón Lobo, Gervasio Sánchez y estos que salen en la película cruzaban las avenidas corriendo y me gritaban: “¡Corre, que te van a dar!” Pero yo no podía correr y les decía que si un cazador ve una liebre parada no le va a disparar, disparará a la que corre, os darán a vosotros”.

Después de relatar cómo el naufragio del barco donde dormía en El Cairo le proporcionó un buen reportaje para un periódico local o cómo a los 17 años realizó su primera información sobre la muerte de Manolete en la plaza de toros de Linares –“el taxista me cobró 400 pesetas y me pagaron 150 por el reportaje”–, explica a los estudiantes que el periodismo no sólo requiere vocación sino “un espíritu aventurero” que, en su opinión, está decreciendo en España porque aquí lo que predomina es “el miedo”. Y les recomienda que antepongan la imaginación al periodismo de declaraciones y ruedas de prensa sin preguntas, “lo cual ya es el colmo”. También les pide que no desaprovechen ninguna oportunidad. Y recuerda que el Marqués de Mondéjar, preceptor del rey Juan Carlos, le llamó un día porque el entonces príncipe quería saber cosas de la revolución cubana. “Yo había estado cuatro meses con Fidel Castro y Che Guevara en Sierra Maestra, escribí bastante y filmé una película que luego me compró la CBS por 50.000 dólares. Quedé a tomar algo con Juan Carlos. Creo que tiene seis años menos que yo. Conectamos enseguida y tuvimos una buena relación. Entonces me puse en contacto con Ignacio Luca de Tena (editor de ABC) y le dije: mire, el Príncipe se va a casar y si me acredita, cubro la boda gratis en Atenas para su periódico. Naturalmente, me acreditó. Pero ¿qué revista europea no iba a comprar y publicar mi reportaje?

Termina el coloquio y los estudiantes abandonan el salón de actos con un aplauso general. Cada día se aprende algo, y hay días que se aprende mucho. Meneses recomienda al cronista: “No fumes”. Pero el cronista, turris burris, en vez de tirar el cigarro, le lanza la primera pregunta:

– ¿Qué te empujó a ir a Cuba y unirte a los guerrilleros de Sierra Maestra?

– Me fui siguiendo a una chica que me dejó plantado en La Habana. Era una prima mía a la que su madre quería casar con un millonario. Un desastre. Pero yo no conozco un desastre que haya derrotado mi optimismo. Hace poco, hablando con Jon Lee Anderson, del New Yorker, le pregunté si conocía a algún pesimista en la historia de la humanidad que haya hecho algo por los demás. Y la verdad es que repasamos nombres y nombres y llegamos a la conclusión de que toda la historia de la humanidad está hecha por locos, aventureros, gente que se ha jugado la vida a cara o cruz o gente que, como Thomas Edison, por ejemplo, se ha crecido ante el fracaso.

– Pero la crisis retrae y paraliza...

– La crisis… Hay una fábrica de zapatos y un bar en frente. Al mediodía los trabajadores de esa fábrica se toman sus cervezas, se las juegan a los chinos e incluso algunos se quedan a comer. De pronto se empieza a hablar de la crisis y esos trabajadores piensan que hay que ahorrar por si se quedan sin trabajo; ya sólo van al bar los viernes. Entonces el del bar echa a dos camareros. Esos camareros habían pensado comprarse unos zapatos nuevos, pero vista la situación, deciden tirar dos años más con los que tienen. Y al final el dueño de la fábrica dice a los trabajadores: "chicos, os tengo que echar porque cada vez vendemos menos zapatos". Y eso es lo que está ocurriendo en toda España. El miedo está haciendo que la crisis sea más intensa y que aumente el desempleo.

– Volviendo a los recuerdos, ¿cómo era Che Guevara?

– Para mí era el más tonto de todos los revolucionarios que he conocido, y he conocido algunos.

– ¿Por qué?

– Porque se fue al Congo con Cavila y no hizo nada. Y se fue a Bolivia a luchar cuando les acababan de regalar, un año antes, las tierras a los indios. Además, él era pro chino y Moscú dio orden al Partido Comunista de La Paz de que no le diesen ni agua. Ahora, eso sí, era guapo y se parecía a Cristo en la foto de Alberto Korda.

Ya en el taxi, de vuelta a la Ciudad de los Periodistas, Enrique dice que Fidel Castro le quiso nombrar ministro de información y turismo, y no aceptó, y también recuerda su enganchada en El Cairo con Guevara, que le reprochó que hubiera escrito que entre los guerrilleros había “comunistas”, como si Raúl y él mismo no lo fueran.

– ¿Qué recuerda de los nazis en el París ocupado de su infancia?

– Que yo iba al colegio con mi máscara de gas colgando del hombro.

– ¿Y del Nasser que entrevistó para París Match?

– Todos aquellos militares de los años cincuenta en todo el norte de África y la zona arabo-musulmana eran libertadores. El viaje que hice por África en aquella época (De El Cairo al Cabo) lo van a repetir ahora dos periodistas amigos por los mismos sitios. Fíjate, el rey de Uganda, Federico Mutesa II, destronado por Idi Amin Dada, murió trabajando de maletero en la estación de Harlington de Londres. Pero aquello era el año 1956, cuatro años antes de las independencias.

– ¿Coincidiste con Ryszard Kapucinski?

– No, yo soy más viejo que él, pero ambos hicimos lo mismo. Yo tenía una habitación alquilada en El Cairo, en casa de una señora chipriota que me quería casar con su hija y no lo consiguió, y desde allí escribía y enviaba mis reportajes.

– ¿La primavera árabe se encamina hacia un modelo europeo o turco?

– Sin duda, a un modelo similar al turco. Turquía ha dominado toda la ribera del sur hasta Túnez. Si miras la historia verás la influencia religiosa del poder sublime de Estambul. En Turquía, los militares, al contrario de lo que está ocurriendo en Egipto, que no hay quien les eche ni con agua hirviendo, son los garantes del sistema democrático.

– ¿Será difícil separar religión y política en la mentalidad musulmana?

– Hay partidos musulmanes que nosotros consideramos peligrosos, como si fueran talibanes, y que son como la democracia cristiana de la señora Merkel. Hay gente demócrata que quiere mantener sus creencias, su moralidad y sus costumbres. Creo que eso se entiende perfectamente y es perfectamente compatible con los sistemas políticos democráticos.

– ¿Qué tiene que ocurrir para lograr la paz en Oriente Medio?

– Que los israelíes dejen de hacer el tonto y los norteamericanos de fastidiar.

– ¿Qué impresión te causó el Sah de Persia (Irán), Reza Palevi?

– Era un avinagrado.

– ¿Te tocó cubrir la revolución islámica de Jomeini?

– No, ya no estaba allí, pero tenía un compañero, Zaror Jatami, que es iraní, y que se está muriendo el pobre en Nueva York. Es apátrida y quiere que yo le arregle los papeles para venir a España porque aquí se ha enterado que mi cáncer no me cuesta dinero y a él le cuesta el tratamiento 15.000 dólares mensuales.

– No cuesta, de momento, pero con los recortes del PP…

– Si quieren que haya muertos, que pongan el copago, ya verás tu lo que va a haber. [En sus 64 años de trabajo como periodista, Meneses, que creó y dirigió el primer programa de reportajes en TVE, Primera Plana, sólo ha tenido contrato fijo dos años, y fue en la edición para Europa de Selecciones del Reader’s Digest; percibe una pensión de 370 euros al mes y sobrevive de sus colaboraciones, conferencias y de algunas ventas de sus fotografías].