Malas noticias del CIS sobre el futuro de paz vasco

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Dos operarios del Ayuntamiento de Irún retiran, ayer, un cartel en contra de ETA de la fachada del Ayuntamiento de la localidad guipuzcoana. / Javier Etxezarreta (Efe)

El barómetro de noviembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha puesto sobre la mesa las dificultades que va a conllevar el fin de ETA como consecuencia de la radicalización de la opinión pública española en contra de una salida generosa del conflicto. Una generosidad que habían defendido todos los partidos (incluido el PP cuando José María Aznar fue presidente) hasta que José Luís Rodríguez Zapatero inició como presidente el tortuoso proceso de paz que, por fin, ha dado sus frutos. Entonces, temiendo que el presidente socialista consiguiese su objetivo de pacificación y gobernase 25 años, como decían algunos de sus líderes en privado (todavía no había enseñado los dientes la crisis económica que iba a bastar para llevárselo por delante), el PP se lanzó a muerte contra Zapatero, activó las Asociaciones de Víctimas que le eran próximas y sembró los vientos que ahora amenazan tempestad.

Mariano Rajoy sabe que la situación va a ser delicada y que la generosidad con los presos de la organización terrorista es imprescindible para evitar cualquier vuelta atrás. El CNI le ha informado, como al Gobierno y al PNV, lo que ya adelantamos en Cuartopoder de que, pasadas las elecciones generales, ETA celebrará una asamblea para avanzar en su progresiva disolución. Una asamblea en la que un grupo de etarras se opondrá a la desaparición de la banda y utilizará como argumento precisamente la presunta falta de generosidad del nuevo Gobierno. Saben perfectamente, como todos los etarras sin distinción de inclinaciones, que la libertad de sus presos es una reivindicación innegociable y quieren rentabilizar la situación para continuar pegando tiros, aunque sean minoritarios.

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Lo aseguran en privado ministros del Gobierno socialista y dirigentes del PNV: la paz tiene riesgos todavía. La tentación involucionista, añaden, pervive en los etarras que siguen formando parte de la organización militar y hay que ser cuidadosos en mimar (dentro de un orden, por supuesto) el triunfo de los sectores de la izquierda abertzale partidarios de abandonar las armas y hacer política con Amaiur, Bildu y si el Constitucional lo legaliza, como esperan, su propio partido, Sortu, el heredero directo de Batasuna.

En las filas socialistas están tan seguros de que el abandono de las armas va tan en serio que cuando ETA hizo público el último comunicado, el más comprometido con su desaparición, los miembros del Consejo de Ministros recibieron a Zapatero con un ramo de flores. Y más de uno lloró como un niño. De alegría por la buena noticia y de pena por el recuerdo de los compañeros muertos.

En las filas del PP, el sentimiento es coincidente. Esta vez, comentan, ETA va a en serio. Pero ahora, el problema está en reconducir una opinión pública mayoritariamente instalada en criterios de venganza y no de redención. Esa que refleja el CIS, cuyo 46% dice que no a la pregunta de si en el caso de confirmarse el total abandono de la actividad terrorista los gobiernos de España y Francia deben dialogar con ETA sobre el futuro de sus presos y militantes. Aunque un 43% dice que sí, la tendencia es clara. Lo demuestra que una inmensa mayoría (el 92% de los encuestados) no aceptaría indultos individuales a presos de ETA con delitos de sangre y que un 70% se muestra contrario a dar indultos a presos sin delitos de sangre. O, en fin, esa ciudadanía que, en un 60%, está poco o nada de acuerdo con aproximar los presos de ETA al País Vasco y que en un 49% opina que no se deberían aplicar medidas generosas a los militantes de ETA que se entreguen voluntariamente a las autoridades.

El PSOE y el PNV están dispuestos a consensuar con el Gobierno las decisiones que afecten a ETA, especialmente en materia penitenciaria. La del consenso es una disposición que se extiende a todos los demás partidos del arco parlamentario y que reclama la mayoría de los ciudadanos (el 48% de los encuestados en este caso). Pero si la paz en Euskadi sigue analizándose desde las vísceras y no desde la razón, mal andamos y mal acabaremos.

2 Comments
  1. El Capitán Trueno says

    ¡Dios mío qué ceguera más sectaria! Así que pretender que los delincuentes cumplan -dentro de la ley- con las condenas de unos juicios -realizados dentro de la ley- ¿es analizar con las vísceras?

    La democracia es el imperio de la ley, amnistiar a los asesinos es saltarse la ley a la torera «por razones de Estado», tan inmoral como el GAL, que también ponía las «razones de Estado» por encima de la ley.

  2. Barney y el solomillo says

    creo que hobbes diria que es el estado moderno y no la democracia la que es el «imperio de la ley» y hay una minima pero notable diferencia…

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