La mayoría (casi) sin estrenar

Los diputados del Grupo Popular aplaudiendo a Mariano Rajoy durante el pasado Debate de Investidura. / pp.es

La X Legislatura constitucional está arrancando y aunque se encuentre en pañales conviene tener las cosas claras desde el principio, no sea que a medida que vayan transcurriendo los periodos de sesiones algunos se sorprendan del tamaño que va alcanzando la criatura. Y hay que comenzar por el principio: el Grupo Parlamentario Popular (GPP) tiene mayoría absoluta. De acuerdo que en estos momentos este aserto es ya una perogrullada, pero conviene tenerlo muy en cuenta y colocarlo en el frontispicio del Hemiciclo, justo entre las estatuas de Isabel y Fernando.

Porque de los llamativos titulares en los rotativos de todo pelaje, de las frases redondas en las radios y de las impactantes imágenes televisivas de hace un par de meses se va a pasar en un visto y no visto a la rotundidad de la aritmética parlamentaria en la que dos más dos también suman cuatro. Y nunca falla. En esto – la aritmética -, como en tantas y tantas otras cosas, el ámbito parlamentario no se diferencia en nada de todo lo que ocurre más allá de la madrileña Carrera de San Jerónimo, una opinión que apenas nadie comparte pero que se mantendrá en esta columna contra viento y marea.

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Por lo tanto hay que comenzar con un repaso a la lección básica de la aritmética parlamentaria. El GPP ocupa una bancada de 185 escaños, una cantidad que se hace mucho más patente, incluso apabullante, cuando se observa la distribución de sus señorías en el Hemiciclo. Hay que remontarse a los años 1986 ó 2000 para ver una foto similar. La bancada del Grupo Parlamentario Socialista (GPS) llena 110 escaños, la cifra más baja certificada por esta opción electoral. El Grupo Catalán de CiU (GPCiU) suma 16 efectivos, una cantidad a mitad camino entre sus mejores y peores registros, mientras que la coalición en torno a IU, de nombre kilométrico (dejémoslo en GPIU) agrupa a 11 efectivos, un conglomerado que va a ser una de las grandes novedades dado que en las últimas legislaturas su representación fue extremadamente exigua.

El Hemiciclo también alberga a los grupos parlamentarios de UPyD (GPUPyD) y del PNV (GPNV), con cinco escaños cada uno. El primero de ellos es otra de las novedades de la X Legislatura, mientras que el segundo es un clásico en la Cámara baja. Y el dibujo se completa con el grupo mixto (GPMx), que si bien no es ninguna novedad en esta ocasión presenta una versión verdaderamente espeluznante: un total de 18 escaños procedentes de ocho formaciones diferentes, desde los siete de Amaiur hasta los solitarios que aportan Compomís, FAC, UPN y Geroa Bai, a los que hay que sumar los tres de ERC y los dos que aportan BNG y CC, respectivamente.

Pues bien, esa aritmética tiene una traducción política casi inmediata, se puede decir que automática. El GPP va hacer de su capa un sayo, si es esa su voluntad. Que la va a ser. El único desafío que tiene el GPP y el Gobierno que preside Mariano Rajoy es estético: contabilizar las votaciones en las que sus votos se vean acompañados por otros. Ninguno más. Esa va a ser la principal preocupación/ocupación del portavoz Alfonso Alonso (popular por Álava) en esta legislatura con el propósito de adornar la gestión del Ejecutivo logrando apoyos adicionales y evitando de esa forma la sensación del ejercicio del rodillo, de tan infaustos recuerdos y peor reputación. Esa estética es importante para que no cale socialmente una imagen de prepotencia de la que no pocos en el PP guardan memoria.

Frente a la mayoría absoluta hay cinco grupos parlamentarios estructurados, más el citado batiburrillo que es el GPMx. En estos momentos es difícil hacer pronóstico de cómo se van comportar los grupos opositores. Hasta que no se sustancie el congreso federal del PSOE no se puede vislumbrar qué derroteros tomarán sus 110 escaños; constatada la existencia de una mayoría absoluta lo trascedente para el GPS no consiste en seguir lamentándose de la tragedia numérica sino más bien en acentuar la calidad de su acción fiscalizadora. En pocas palabras, poner a trabajar a los mimbres disponibles de forma cabal. No hay otra opción y ello será responsabilidad de quien se haga cargo de las siglas centenarias. No hay mucho más margen.

El resto de grupos estarán también a la expectativa hasta completar este primer periodo se sesiones, hasta junio. En estos meses el ejecutivo de Rajoy deberá presentar sus medidas de impacto, aunque no necesariamente las de mayor calado político. Vendrán a la Cámara baja decretos-leyes, iniciativas legislativas de mayor o menor urgencia económica, además de los Presupuestos Generales del Estado para este mismo año. Evidentemente habrá que tomar posición y los debates ya apuntarán maneras. Pero, ojo, la legislatura no habrá hecho más que dar sus primeros pasos.

A tenor de los anuncios realizados por la vicepresidenta Saénz de Santamaría y, muy especialmente, el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, el Ejecutivo de Rajoy busca llevar a la práctica toda una enmienda a la totalidad del corpus legislativo realizado durante la administración de Zapatero. No va a mantener ni siquiera algunas de las instancias que Aznar no tuvo a bien cambiar durante las dos legislaturas en las que estuvo en Moncloa.

En todo caso, el GPP no tiene barra libre. Al margen del citado aspecto estético, el portavoz Alonso deberá hacer sus números. Veamos: para realizar cambios de calado en la Constitución – que todo llegará – la iniciativa requiere dos tercios de la Cámara baja, es decir 234 escaños. Esa cantidad solo se alcanza si hay un acuerdo entre el GPP y el GPS. El mismo requisito se precisa para elegir los miembros del Consejo de Administración de RTVE. La otra mayoría cualificada, la de los tres quintos que suman los 210 escaños, se requiere para elegir, por ejemplo, a los miembros del CGPJ o el resto de organismos constitucionales o reguladores. Para sumar es cifra el GPP debería concitar el apoyo de no menos de cinco fuerzas diferentes: GPCiU, GPUPyD, CC, UPN y FAC para añadir 25 escaños a sus 185. Empeño que, de entrada, precisa de no pocos esfuerzos negociadores sin resultado garantizado. Son los únicos frenos, a priori, de la mayoría absoluta actual.

Pero hay que volver a la realidad de la sencillez aritmética. Los 185 escaños son muchos. Suficientes para aprobar todo tipo de iniciativa legislativa, tanto las convalidaciones de decretos-leyes como la tramitación y aprobación de cualquier proyecto de ley, ordinario u orgánico, que presente el Ejecutivos. Se precisan 176 votos en el caso más exigente, de modo y manera que hasta nueve ministros pueden ausentarse de cualquier votación. Pero hay más. Esa cantidad de escaños tienen un valor añadido que no es otro que el de tener la capacidad de impedir o vetar cualquier iniciativa legislativa que surja de los grupos de la oposición.

O un aspecto todavía más perverso consistente en poder alterar a gusto del GPP o del Gobierno el ritmo de los trabajos parlamentarios mediante la mayoría de bloqueo en la Mesa y en la Junta de Portavoces o en las Mesas de las diferentes comisiones parlamentarias (tramitación de iniciativas, tiempos de intervenciones u ordenación de los debates, entre otras cuestiones). Con ocasión de las primeras comparecencias de los miembros del Ejecutivo ante la Cámara baja que se están celebrando estos días el criterio seguido ha sido el más restrictivo. Todo un aviso a los navegantes de las procelosas aguas por las que va a transcurrir la X Legislatura. En cualquier caso, esto va a ser apasionante.

P.S. : El Senado, o Cámara alta, merece espacio concreto. Todo llegará.