La ajustada victoria de Rubalcaba le pone ante el reto de superar un liderazgo débil

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Chacón levanta el brazo de Rubalcaba, ayer, tras la proclamación de éste como nuevo líder socialista. / Flickr del PSOE

SEVILLA.– La incógnita se despejó ayer por la tarde tras una larga y tensa espera de más de dos horas, el tiempo que se empleó en realizar el recuento de las cinco urnas en las que 955 delegados al congreso socialista (solo falló uno) depositaron su voto. Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951) superó a su oponente, Carmen Chacón Piqueras, 20 años más joven, y se convertió en el nuevo secretario general del PSOE y sucesor del liderazgo de Zapatero después de 11 años y medio.

La victoria de Rubalcaba fue ajustada. Apenas 22 votos separaron a ambos candidatos: el ganador tuvo el respaldo de 487 delegados, el 51,16%, y Chacón sumó 465 apoyos, el 48,56 %. Se registraron dos votos en blanco y otro más fue declarado nulo.

Esa exigua diferencia pone de manifiesto la polarización existente en el seno de las estructuras orgánicas del partido en su conjunto y que tiene reflejo en prácticamente todas las federaciones regionales. Esta circunstancia, con toda seguridad, va a marcar las primeras decisiones del nuevo líder del PSOE. De entrada, la composición de la nueva Comisión Ejecutiva Federal y otros órganos que se votará hoy domingo antes de la clausura del Congreso. Pero también condicionará el desarrollo de los congresos de un buen número de federaciones del partido que deben celebrarse durante los próximos tres meses. En la renovación de sus dirigentes pesará, y mucho, lo ocurrido en la votación de este sábado. En Madrid, País Valenciano, Galicia, Canarias y Castilla-La Mancha, por citar algunos ejemplos, se reproducirá la división interna que han mantenido en Sevilla sus delegados a la hora de apostar por Rubalcaba o por Chacón.

En cualquier caso, para hacer frente a ese panorama Rubalcaba cuenta con el margen de autoridad que en el PSOE se concede a quien asume la secretaría general. El nuevo líder es consciente de ello y en sus mensajes de ayer, tanto al solicitar el voto a mediodía como a la hora de agradecer el resultado obtenido, aseguró que el suyo será “un liderazgo fuerte” y reiteró el concepto de “unidad” que quiere imponer en el partido. El estrecho margen producido ayer entre los candidatos no es comparable con el que se produjo en el año 2000 entre Zapatero y Bono, cuando el primero obtuvo tan solo nueve votos más sobre el segundo. En aquella ocasión hubo cuatro candidatos en liza y no se produjo una marcada polarización entre candidatos como en esta ocasión. Entonces, Zapatero llevó a cabo un proceso de integración interna que marcó posteriormente su gestión orgánica al frente del PSOE.

Las circunstancias actuales son bien distintas, en opinión de partidarios de Rubalcaba y de Chacón. Todos resaltan que el clima interno en el PSOE está ahora más enrarecido. “Hay más dificultades que hace 12 años, objetivas y subjetivas”, asegura una veterana militante que ya tuvo protagonismo en lo ocurrido en aquella ocasión.

Sin duda, consciente de ese clima, Rubalcaba lanzó su compromiso de lo que será su gestión como líder, que definió como “una tarea colectiva”. “No habrá rubalcabismo en mi gestión. Odio los sectarismos y no voy a dar salvoconductos a nadie ni a pedir un cheque en blanco a mi partido”, explicó en uno de los momentos álgidos de su intervención a mediodía.

Y también en clave interna lanzó una seria advertencia. “No podemos traspasar la frontera, el PSOE es un partido federal, pero no es una federación de partidos. Tenemos que recuperar el liderazgo para la CEF – Comisión Ejecutiva Federal -. De mi lista de la CEF formará parte un equipo de gente reconocible y fuerte, no para defender territorios”. Toda una solemne declaración de principios, pero que rompe con tradiciones muy enraizadas en la cultura del partido.

Como novedades en el plano orgánico defendió el uso de las nuevas tecnologías como herramientas cotidianas para difundir los mensajes del partido y llegar a las generaciones de jóvenes que se apartan de la política. Y se comprometió a que el próximo candidato socialista a las elecciones generales salga de un proceso de primarias a la francesa, con participación de personas no afiliadas. Incluso planteó un debate sobre si debe hacerse lo mismo en la elección del secretario general del partido.

Rubalcaba, con un tono más monocorde que el empleado por su adversaria, utilizó la intervención previa a la votación para lanzar mensajes puramente socialdemócratas para rearmar el ideario del PSOE. En esa línea censuró duramente la supresión de derechos ciudadanos anunciada por el gobierno del PP, al que definió como “un gran fraude”. La mayor ovación la arrancó cuando desafió al PP. “Si quieren retroceder 30 años, lo hacemos en todo. Me plantearé revisar los acuerdos con la Santa Sede”, dijo, en referencia al contenido del Concordato con el Vaticano, todavía vigente, firmado antes de la entrada en vigor de la Constitución. También hizo referencia a propiciar medidas de orden económico destinadas a “meter mano a la especulación y a los banqueros que colaboraron con ella. Debemos reconocerlo, no metimos mano a ese fenómeno”, dijo en referencia a la gestión de los gobiernos de Zapatero en esta materia.

El primer reto de Rubalcaba será la confección de la nueva Ejecutiva, así como de la lista de una parte de los miembros del Comité Federal que deben ser elegidos por los delegados al Congreso que se clausura hoy –el resto son elegidos en los congresos de las diferentes federaciones regionales–. Esta instancia es el máximo órgano entre congresos y fiscaliza un par de veces al año la gestión del secretario general y de su ejecutiva. Incluso puede forzar una votación sobre su destitución, cosa que nunca ha llegado siquiera a plantearse.

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