Alberto Garzón: "El agujero negro de la banca impone el rescate"

Alberto Garzón, durante la rueda de prensa que ofreció en el Congreso el pasado 16 de febrero para denunciar la falta de respeto del ministro Luis de Guindos al no responder a su intervención. / Mariano Asenjo

Mientras espero a Alberto Garzón Espinosa junto al madroño del patio del Congreso se van disolviendo los manifestantes que han llegado a las cercanías del Parlamento para denunciar el “asesinato” de la Enseñanza pública. Sus señorías del PP se quedan solos, pero se bastan y sobran para imponer su mayoría absoluta y convalidar los decretos que recortan 10.000 millones de euros a la sanidad y la educación. Garzón tiene 26 años, es el diputado más joven y uno de los pocos que no hace “el pajarito” desde el estrado, que no sube y baja la cabeza leyendo sus intervenciones. Y eso que como miembro de IU y portavoz del grupo de Izquierda Plural en las comisiones de Economía, Presupuestos y Hacienda, Tribunal de Cuentas y viceportavoz de Trabajo y Seguridad Social tiene que abordar materias cargadas de cifras.

Sobre la función parlamentaria asegura que no ha pecado de ingenuo y sabía perfectamente que “esto tiene enormes limitaciones por la función institucional en sí y por la mayoría absoluta del PP; apenas se puede hacer nada desde nuestra posición, aunque aquí se toman decisiones que te afectan en la vida”. No hay decepción sino descripción en sus palabras: “Subes a esa tribuna, hablas y hablas ante unos pocos diputados que están hablando entre sí y no hacen el menor caso porque su partido ya ha decidido lo que van a votar”. ¿Qué hacer cuando no es posible convencer a nadie? “Pues dirigirse a los medios de comunicación para meter una píldora; en ese sentido somos más actores que personas con argumentos, filosofía, ideología… Esto es una farsa, es desagradable, pero sería una falta de realismo pensar que hacemos otra cosa”.

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Hay un momento, en una de sus primeras intervenciones ante el pleno, en que rebate al ministro de Economía, Luis de Guindos, con argumentos solventes –Garzón es miembro del Consejo Científico de Attac--, y el ministro le ningunea, responde a todos menos a usted. “Es un desprecio, una descortesía –dice--. Podía haber dicho: no estoy de acuerdo con usted ni con lo que representa, pero no lo hizo y se puede considerar un desprecio, una ofensa a IU y a las demás formaciones de la Izquierda Plural. Estratégicamente lo hizo mal porque nos dio más publicidad, pero además, es el reflejo de la importancia que para algunas personas tiene el Parlamento: vienen a cumplir un trámite e irse lo antes posible”. Para confrontar con el modelo de sociedad del PP, Garzón no necesita papeles. “Me estudio cada reforma, leo, intento averiguar y contrastar las líneas estratégicas que siguen y como la reforma financiera, la laboral y otras responden a un modelo de sociedad y a unos principios antagónicos, no hay papel que valga cuando enfrentamos principios y valores. Eres tú como persona quien planteas lo que sientes y, claro, argumentas con rigor y de la forma más comprensible, y no hay ninguna excusa para usar un papel”.

Si hablamos de la crisis bancaria, enseguida vemos el fracaso de personas tan prominentes como Rodrigo Rato. “Rato ha estado ahí como ha estado en el Fondo Monetario Internacional por criterios políticos y no sólo técnicos”. ¿Usted sería capaz de dirigir un banco? “Nosotros tenemos capacidad de gestionar un banco y cualquier institución. Yo he trabajado sobre esa materia y tengo mi tesis sobre finanzas. En mi caso, a lo mejor necesito menos preparación para gestionar un banco, pero cualquier persona se puede preparar para hacerlo. El problema es que un banco tiene unas normas de funcionamiento que van más allá de la técnica: siguen el principio de la mayor rentabilidad en el menor tiempo posible. Y ahí no hay moralidad, sino beneficios como sea, incluso teniendo el dinero en paraísos fiscales”.

Garzón sostiene que el apoliticismo y la solvencia técnica de los banqueros es una falsedad. “Cualquier opción es ideológica, es política, los técnicos neutrales no existen. Ya lo estamos viendo con el Banco Central Europeo, con un gobernador procedente de la banca especulativa o aquí con el ministro de Economía. Hay una concepción errónea de que los políticos son gente ideológica y los técnicos no tienen ideología, cuando, en realidad la tienen, y muy definida. En mi opinión hay que fomentar a gente capacitada, pero que tenga muy claro cuál es el modelo de sociedad que queremos”. Y puesto que conocemos el que funciona mal y produce injusticia y miseria, Garzón aboga por recuperar los valores de la honradez, la probidad, la solidaridad. “Lo que se ha venido abajo no es sólo el sistema económico, sino el sistema de valores políticos. La gente no confía en los políticos, hay un descrédito absoluto de los partidos tradicionales, los sindicatos. Las organizaciones clásicas ya no tienen el crédito ni la confianza”.

¿Qué hacer? “Reconstruirlo todo con los valores de la solidaridad, y a nivel económico, con una mayor redistribución de la renta y la riqueza, con un sistema fiscal justo y con el combate contra la especulación que, al fin y al cabo, es una forma de hacer dinero a través del propio dinero sin ningún esfuerzo, sin ningún trabajo”, dice. Y en este punto nos recuerda que “la izquierda se reivindica los valores del trabajo, y por lo tanto, tiene la obligación de ser coherente y combatir la especulación, esa forma de vivir la vida a costa de los demás. Hay que regular y erradicar ese fenómeno. En definitiva, hay que reconstruir las instituciones no sólo como entidades formales sino con valores éticos y sociales”.

Divinas palabras cuando vemos cómo crecen las desigualdades, se amnistía a los defraudadores y se desprecia la rentabilidad social. ¿Qué habría que hacer con la banca? “Un banco, cuando tiene beneficios los reparte entre los accionistas y en sueldos millonarios de una minoría. Sin embargo, cuando tiene pérdidas, somos todos los que las pagamos. La gente percibe esa realidad y se indigna con toda la razón del mundo. Lo justo es tener instrumentos que permitan que esos beneficios se distribuyan de forma justa. Nosotros proponemos constituir una banca pública, cuyos beneficios servirían para pagar la sanidad y la educación, pero también hay otras formas menos agresivas, como una fiscalidad fuerte para que los beneficios vayan a la sanidad y la educación”.

¿Y por qué cree que no se hace? “Si no se hace eso, si no se acomete, si no se quiere hacer desde la voluntad popular es por intereses, porque los partidos políticos tradicionales responden a los intereses de los grandes bancos y las grandes empresas. Hay una relación estrecha entre el poder político y el poder económico que representa esa elite social que comanda el país, éste y todos los demás, y que se visibiliza muy bien cuando los exministros pasan a formar parte de los consejos de administración de las grandes empresas: Elena Salgado, Piqué, Solbes, Aznar, González, Zaplana… Tantos y tantos que se reparten los beneficios y no están interesados en modificar el sistema”.

Garzón manifiesta su confianza en que, como ha ocurrido en Grecia, se abra paso mediante la movilización social una fuerza política de izquierda que supere el bipartidismo, regenere la democracia y proyecte una nueva forma de entender la economía, con planificación a medio y largo plazo frente a la naturaleza “caótica, errática y contradictoria” del sistema económico que, como en la ley de la selva, el poderoso siempre gana.

Cuando le pregunto si hay solución para reducir el paro, que en las últimas intervenciones de los ministros económicos ha pasado a segundo plano, pues el problema es el “pasivo”, la deuda del país, aclara que “la deuda es el síntoma de la crisis, y por lo tanto, ir a por el síntoma no corrige la causa. El PP se equivoca radicalmente. Yo creo que son conscientes de ello, pero están aprovechando porque es el mejor momento para justificar las privatizaciones. El desempleo es la principal manifestación de la crisis. Pero como en un contexto de crisis y falta de demanda como el actual no se va a crear empleo, porque ninguna empresa está pudiendo vender y la gente se está empobreciendo, el Estado debe hacer planes de inversión pública generadores de puestos de trabajo que reactiven el consumo y la actividad. Lo que pasa es que eso implica obtener ingresos para poder llevarlo a cabo, y esos ingresos se pueden obtener de dos formas: porque el BCE te los preste, que actualmente lo tiene prohibido y por lo tanto no parece que sea fácil de conseguir, o mediante una reforma fiscal que obtenga dinero de los más ricos, del fraude y de los paraísos fiscales, cuestión que no quieren hacer por intereses de clase, porque son ellos, prácticamente, el votante del PP, los perjudicados. Hay formas de conseguir dinero para poner en marcha planes que benefician a todos, porque al pagar el salario y pagar a las empresas, vuelves a recuperar por vía de la renta y el consumo, y cuanto más gastes, más vas a ingresar. Hay fórmulas, las hay, pero conllevan una reestructuración fiscal”.

Le pregunto si con los datos que maneja estamos al borde de la intervención. “Ya estamos intervenidos técnicamente –responde--, porque estamos haciendo lo que nos dicen, pero sin que tengamos a los interventores en la puerta de al lado”. ¿Qué supondrá el rescate que ha solicitado De Guindos con otras palabras? “El rescate supondría incrementar más la agresividad de los recortes, pero tiene una dificultad, y es que España es muy grande para que sea fácil de llevar. Creo que no hay otro remedio que el rescate porque el agujero del sistema financiero es enorme y no se puede tapar si la banca no tiene beneficios. Y no los tiene porque la crisis económica lo impide, al tiempo que incrementa los activos tóxicos. Téngase en cuenta que el sistema financiero no es una actividad productiva, sino que extrae beneficio de la actividad productiva. La única fórmula es apelar al dinero público, pero España ya no tiene margen para pagar el agujero negro del sistema financiero, necesita la ayuda de fuera, y por tanto podemos decir que estamos intervenidos y que el rescate se tiene que producir tarde o temprano, con la consiguiente vuelta de tuerca de los recortes sociales”.