Una noche con los piquetes de jóvenes bajo el acoso de la policía uniformada e infiltrada

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Enfrentamiento entre un grupo de antidisturbios y un piquete formados por estudiantes universitarios y sindicalistas, a primera hora de la mañana de ayer, en la Gran Vía madrileña. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

Madrid. Puerta del Sol. Son las 21:30 del 13 de noviembre del cuarto año de la crisis capitalista. Los secretarios generales de CCOO y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, acaban de lanzar el grito: “¡Adelante, compañeros! ¡Viva la huelga general!” Cientos de sindicalistas empiezan a distribuirse según los objetivos previstos. Veo a Marisa García Bloise, hermana de la histórica Carmen, que fue diputada por Madrid desde 1977 y dirigente del PSOE hasta que nos dejó para siempre. Los veteranos luchadores por la libertad y los derechos sociales saben que está en juego el Estado del bienestar que trabajosamente hemos construido en los últimos treinta años, que la ofensiva neoliberal contra la socialdemocracia no conoce límites y se dispone a arrasar la educación, la sanidad pública, el sistema de ayudas a las personas dependientes… Después de bajar los sueldos a los trabajadores, ahora van a por las pensiones. “¡Claro que la huelga es política, faltaría mas!”, dice García Bloise.

Gran Vía. 22:30. Un piquete de unos dos mil jóvenes ocupa la acera derecha y parte de la calzada. Son los primeros en tomar la calle. Avanzan a paso ligero hacia la plaza de Callao con un perfecto servicio de orden. Gritan las consignas:  “¡Huelga, huelga!” Policías antidisturbios les siguen. Un helicóptero les vigila. Los agentes, con casco y porra, avanzan acordonando los establecimientos. Algunos jóvenes se anticipan a colocar pegatinas en los escaparates y en los cajeros automáticos. En la esquina de Gran Vía con general Mitre, ya cerca de la plaza de España, animan a los empleados de un establecimiento de comida rápida a sumarse a la huelga. Hay forcejeo con la policía. “¿Quién dijo que los jóvenes carecemos de conciencia de clase; nosotros también sabemos lo que nos jugamos”, explica José, de la organización juvenil de la UGT, Demanda Joven.

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La manifestación sube por Princesa. Los policías se aprestan a proteger la verja del Palacio de Liria, donde reside la duquesa de Alba, que, por cierto, goza de beneficio fiscal a cambio de permitir a los ciudadanos el disfrute de las obras de arte que alberga el palacete. Pero ni horario visible de visitas tiene. Los jóvenes desconocen que ahí viva una de las familias más ricas de España y pasan de largo sin colocar una pegatina. Los antidisturbios protegen los edificios militares (Dirección General de Infraestructuras de la Defensa), el Corte Inglés y los muros del ICADE. La mayoría de los jóvenes son universitarios de la Autónoma y la Complutense. Avanzan por Carranza hasta la glorieta de Bilbao. Los policías empujan a algunos con malos modos. El cronista lleva la credencial visible en el pecho y también recibe algún que otro empujón de los agentes. El megapiquete se divide. Varios cientos se adentran por la calle de Fuencarral, otros siguen hacia Génova y se desgañitan ante la sede del PP.

Un grupo de actores, que accedió al Teatro Español y desplegó una pancarta en su fachada, saluda a los piquetes concentrados en la Plaza de Santa Ana de Madrid. / Kiko Huesca (Efe)

Plaza de Santa Ana. 00:45. Medio centenar de actores ha decidido encerrarse en el Teatro Español, frente a la mirada sin ojos de la estatua de Pedro Calderón de la Barca. La compañía que con José Sacristán a la cabeza iba a poner en escena Yo soy don Quijote ha decidido posponer el estreno. “Esto es una guerra, no tiran bombas pero nos tienen en la mazmorra del paro, los desahucios, el desmantelamiento del Estado social y democrático, y hay que intentar escapar”, dice Sacristán. Suenan algunos aplausos. La asamblea decide trasladar la protesta a la Plaza del Rey, frente a la Secretaría de Estado de Cultura a las once de la mañana. Mientras, los jóvenes universitarios se han adentrado en el barrio de Salamanca. Colocan pegatinas e introducen propaganda bajo las puertas de los comercios y las casas de vecindad.

Serrano. 2:00 de la madrugada. Los antidisturbios cercan a un grupo de 200 jóvenes que avanzan pacíficamente hacia los locales sindicales de la UGT en la Avenida de América. Les mantienen rodeados sin justificación alguna durante un buen rato. Finalmente deciden identificarlos a todos y les hacen pasar, de dos en dos, con el carné en la mano, por un filtro formado por varios agentes. Los jóvenes, que tenían otros cometidos de apoyo a los piquetes en Mercamadrid y en las cocheras de la EMT, sufren un retraso de dos horas por la arbitraria acción policial, pero no han caído en la provocación arbitrada por la delegada gubernamental, señora Cifuentes.

Lope de Vega, 2:30. En las cercanías de la sede de CCOO de Madrid, los antidisturbios se dedican también a identificar y anotar los nombres de los jóvenes que han recorrido las calles céntricas de la capital y acuden a la base a reponer fuerzas y distribuirse con otros piquetes de trabajadores. Unos marchan a las cocheras de los autobuses municipales y otros acuden a San Sebastián de los Reyes a solidarizarse con los sanitarios encerrados en el Hospital de la Princesa contra la reconversión y privatización.

Mercamadrid, 4 de la madrugada. Actividad es mínima. El transporte de mercancías para el estómago de la ciudad está paralizado. El cronista acompaña a un piquete a la estación de transporte privado de Méndez Álvaro. La huelga es total. Las rutas están bajo mínimos. La presencia policial es abundante. El paro de los trabajadores de la limpieza es absoluto y los contenedores de basura están repletos.

Miembros de un piquete informativo, la pasada madrugada, en la estación de Atocha de Madrid. / Zipi (Efe)

Atocha, 5:30 de la mañana. El bar Asturias permanece abierto y un solo camarero suda la gota gorda porque los demás establecimientos que abren toda la noche han hecho huelga. Pausa para reponer fuerzas con un poco de jamón serrano y queso manchego. También aquí el despliegue policial es impresionante. Y lo más curioso: algunos policías de paisano charlan animadamente con los antidisturbios. De pronto, se colocan unas pegatinas sindicales y se van  a la estación, infiltrándose en el piquete de los ferroviarios. Este hecho se repite en otros lugares. “Hemos tenido que expulsar de un piquete a dos policías infiltrados”, denunciará después Fernández Toxo.

A las seis de la mañana se cumplen estrictamente los servicios mínimos de transporte: el 35% hasta las 9 y después el 30%. Las noticias que llegan de los polígonos industriales indican que un promedio del 80% de los trabajadores ha secundado la huelga. A la 10 de la mañana, los responsables de organización de los sindicatos ofrecen el avance de los datos. La huelga es masiva en toda España. Decenas de manifestaciones recorren las calles de Madrid. El comercio no abre o lo hace a hurtadillas. Madrid está paralizado, las calles vacías y con furgones policiales en cada esquina.

Congreso de los Diputados, 11:30. Habla el ministro de Economía, Luis de Guindos: “Este no es el camino adecuado”, dice. Tres horas después, con el Congreso más vallado y aislado que nunca, llega Mariano Rajoy y se niega a hacer declaraciones a los periodistas. Para eso, para valorar la huelga, el Gobierno ha designado a la directora general del Ministerio del Interior Cristina Díaz, quien lee un papel diciendo que hay 83 detenidos y 45 heridos leves –incluidos algunos policías-- en toda España. Es el balance policial de la noche y la mañana, con los antidisturbios pegando a niños (en Tarragona y en Valencia) y golpeando arbitrariamente a la gente. Por lo visto, el Gobierno quiere reducir a nivel de director general y a un problema policial el impresionante éxito de la huelga.

El país está paralizado y el presidente de la patronal CEOE, Joan Rosell, salta a la palestra para decir que “España está ofreciendo una mala imagen en el exterior y aunque sólo se hayan quemado dos contenedores de basura, es suficiente para proyectar esa imagen”. Del impacto del paro, ni una palabra. Pero, eso sí, reclama al Gobierno que “haga cambios en la ley para suprimir los piquetes”. Mientras, los diputados de la izquierda del PSOE, encabezados por el dirigente de IU, Cayo Lara, ni entran al Congreso ni votan un Presupuesto con más recortes y más paro. También los 14 diputados del PSC-PSOE deciden ausentarse y no votar el Presupuesto, que es aprobado con la mayoría absoluta del PP y dos votos de derechistas del Grupo Mixto.

A las 12:30, en la sede confederal de la UGT, los dirigentes sindicales hacen balance. Las caras de Fernández Toxo (CCOO), Cándido Méndez (UGT) y Julio Salazar son de satisfacción. “La huelga general es un éxito”, afirma Toxo con tono rotundo. Pero además es “un hito histórico” en toda Europa. “Esto demuestra el hartazgo de los trabajadores de las políticas que condenan al paro a millones de personas”, añade. Méndez lamenta que “haya 600.000 trabajadores que no pueden hacer huelga: son los que han perdido el empleo desde la última huelga general del 29 de marzo” contra la reforma laboral, los despidos más baratos y los ERES, que se han multiplicado.

El cronista llama a Alex Martín, el dirigente de Demanda Joven, la organización juvenil de la UGT. Con la voz tomada de gritar y gritar, dice: “el Gobierno tiene la obligación de escuchar porque si no dejaría de ser democrático para convertirse en otra cosa”. Y se muestra convencido de que el éxito de la huelga general “tendrá consecuencias positivas”. “De momento –añade-- los jóvenes hemos demostrado que no vamos a permitir que acaben con la enseñanza pública de calidad, con la sanidad universal ni con el sistema de solidaridad social; quieren el despido libre y gratuito, que vayamos a trabajar a Eurovegas… Ese es su maldito modelo y por ahí no pasamos”. Hay futuro.

Vídeo: La Tuerka

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