González exige al PSOE un proyecto para España y "vocación mayoritaria"

González y Rubalcaba, durante el debate que mantuvieron en el homenaje al primero, celebrado hoy, 2 de diciembre, en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid. / Juanjo Martín (Efe)

Treinta años después de su toma de posesión como presidente del Gobierno, el 2 de diciembre de 1982, dijo Felipe González a los viejos y nuevos militantes del PSOE: “Mientras el cuerpo aguante, contad conmigo”. Con ese mensaje que puso en boca del histórico presidente socialista Ramón Rubial cerró el homenaje –Gracias, Felipe— que le organizó la dirección del partido en el Palacio de Congresos de Madrid y en el que el expresidente –“un triunfador, joven viejo, viejo verde, no lo sé, pero con una rebeldía que me mantiene”, dijo de sí mismo– espoleó a los actuales dirigentes con una regañina. No le llamó vagos ni torpes ni abúlicos, sólo les pidió que recuperen “la vocación mayoritaria” del partido y ofrezcan a la sociedad un proyecto para los próximos treinta años y, para empezar, les ordenó que hablen con “todos los sectores” y articulen una respuesta a la crisis económica y social.

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Notablemente irritado con el club monetario al servicio de Alemania, el viejo dirigente (70 años y ocho meses), que dijo haber recibido una llamada del rey Juan Carlos desde la clínica para recordarle el trigésimo aniversario de su toma de posesión, llegó a amagar en francés con un “rien no va plus” a la ruleta especulativa que, para mantener el euro, se está comiendo todo el ahorro español. Cargó contra la política de liquidación del Estado del bienestar, “una política que yo no sé si será constitucional”, dijo en referencia al “Estado social y democrático de derecho” a cuenta del “austericidio” de los actuales gobernantes y, sin querer oír hablar del referendum que exigen los sindicatos, apostó por la reforma electoral y la implantación de “listas abiertas”. Se mostró dispuesto a demás a “seguir pensando en las reformas” para mejorar la democracia representativa y superar la crisis de credibilidad de las instituciones.

El acto reunió a más de dos mil personas. Los miembros del primer Gobierno de González ocupaban la primera fila. Allí estaban “los maladosMiguel Boyer y Carlos Solchaga, autores de una reconversión industrial que, como dijo González “costó muchos puestos de trabajo y habíamos prometido crear 800.000”. Entonces, en 1982, la crisis era tamañita: carestía del petróleo, obsolescencia industrial, paro y un largo etéceta. “Y en la segunda legislatura, que no prometimos nada, se crearon 1,2 millones de empleos”. Estaban también Carlos Romero, Tomás de la Quadra, Javier Solana, José María Maravall, autor de la reforma educativa y la escolarización pública obligatoria hasta los 16 años. Ernest Lluch, el creador del Sistema Nacional de Salud, no estaba porque lo mataron terrorista de ETA. “Teníamos terrorismo y los asesinos mataban el diálogo”, recordó González entre aplausos.

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Solchaga conversa con Boyer durante el acto de hoy. / J. M. (Efe)

Y también estaba José Luis Rodríguez Zapatero, quien subió al escenario con Felipe y Rubalcaba, pero sólo para la foto. Y al que, dicho sea de paso, el homenajeado ni saludó ni, mucho menos abrazó. González también se saltó el saludo a su expresidente y gran valedor Alfonso Guerra, que se sentó entre Zapatero y el presidente andaluz y del PSOE José Antonio Griñán. Ni siquiera al final del acto González rectificó las omisiones del saludo, si bien Rubalcaba acudió enseguida a departir con Guerra, quien, con cara de circunstancias, se abstuvo de aplaudir al compañero Felipe. Pero quitando esas diferencias enquistadas, vale decir que el acto fue magnífico y su formato –un mano a mano entre Rubalcaba y González, moderado por la más joven de la Ejecutiva, María González Veracruz– permitió a ambos abordar los principales problemas.

“¿Cuál fue su sensación, como se sintió al entrar en La Moncloa?”, preguntó la moderadora. Y González resumió: “Estaba acojonado”. Rubalcaba recordó: “Como el mitin de cierre de campaña era en la explanada de la universidad, entre las facultades de Medicina y Biología, me quedé trabajando en el laboratorio y a las nueve de la noche lo cerré para ir al mitin. Había decenas de miles de personas. Hoy la delegada Cifuentes diría dos o tres mil. Ya no lo volví a abrir el laboratorio porque unos días después me llamó José Mari Maravall para que fuera a trabajar con él en el Ministerio de Educación; aquello cambió mi vida”.

Fue entonces cuando González recordó que Luis Gómez Llorente y otros compañeros de la Ejecutiva consideraban “imposible, una locura que consiguiéramos más del 35% de los votos, más de lo que había obtenido la UCD, frente a mi planteamiento de mayoría absoluta”. Luego vino aquello del “voto prestado” que repetía Miquel Roca (CiU) y tuve que contestarle: “Si, pero nos lo han prestado a nosotros, no a ustedes”. Según González, “yo no pensaba en coaliciones porque teníamos vocación mayoritaria. ¿Se ha mantenido esa vocación? No. Si uno no cree en un proyecto mayoritario ¿cómo va a pedir que la mayoría lo crea?” Fue la primera regañina del pater familias, quien recordó que entonces en la Ejecutiva se discutía. “Y ahora también”, le replicó Rubalcaba. “Ya, pero entonces éramos menos”, contrarreplicó González.

Rubalcaba recogió el mandato del proyecto mayoritario y prometió “profundidad y avances en un reformismo radical”. Lo que más llama la atención –añadió– es la reaparición de problemas de hace 30 años como la crisis económica, la territorialidad, el Estado del Bienestar largamente construido y la democracia institucional. “Esta crisis es más importante y más seria que la de entonces”, afirmó González antes de apuntar que hay menos empresas ahora que cuando dejó el gobierno en 1996. “Lo que está pasando ahora es que se destruye empleo y tejido productivo sin que nada indique que se pueda recuperar”. En referencia a la crisis de las instituciones añadió: “La debilidad del partido es la debilidad de España y hay que hacer un proyecto para 30 años, nos toca hacerlo a nosotros”. En su opinión “esta crisis es más seria porque no existe el consenso y porque el PSOE ha perdido la vocación mayoritaria y tiene que recuperarla”. También la crisis territorial es más seria “no sólo por Cataluña, sino porque los territorios son responsables de la cohesión social”.

Solana y Guerra, juntos, en el homenaje. / J. M. (Efe)

Para Rubalcaba, que lanzó algunas pullas a González como el hecho de que en su primer gobierno no hubiera una sola mujer, lo que suscitó fuertes aplausos a Zapatero, la diferencia cualitativa es que en 1982 los españoles tenían confianza en la democracia como el instrumento para resolver la crisis y ahora “falta confianza en la democracia” y los sindicatos exigen un referéndum que “nos crea problemas en el partido”. En todo caso se mostró partidario de reformar la Constitución y el sistema electoral. En este punto coincidió con González en que las formas de participación han cambiado gracias a los avances de las tecnologías de la información y la comunicación y se deben utilizar al máximo para articular mayorías sociales y políticas.

González evitó entrar en la consulta que exigen los sindicatos sobre los derechos sociales y el Estado del Bienestar. Sólo dijo que en el de la OTAN lo pasó muy mal y hoy no lo haría. Y citó el caso de California, el país más rico del mundo, incapaz de cuadrar el presupuesto a causa de las consultas. Para Rubalcaba, lo más grave es la cuestión de fondo, el desguace del Estado del Bienestar mediante el cambio de modelo y la privatización. “Lo están haciendo en la enseñanza y lo van a hacer en la sanidad –dijo–; nosotros pusimos en marcha los conciertos con la enseñanza privada porque además de cubrir unas necesidades, eso facilitaba la elección del colegio más cercano. Los concertados eran gratuitos, pero poco a poco fueron añadiendo pago para actividades extraescolares y ahora ya segregan a los alumnos, mandando a los más difíciles a la pública que si mantiene su calidad es porque los profesores se dejan los cuernos. Y eso van a hacer en los hospitales con los enfermos”, advirtió.

La construcción europea dio lugar a otras enérgicas intervenciones de González, quien acusó directamente a las autoridades alemanas de “llevarse nuestro ahorro”. “Se beneficiaron de la burbuja inmobiliaria y se están beneficiando de la crisis”, dijo antes de abogar por el puñetazo en la mesa y el “no va más” a la ruleta especulativa. Rubalcaba no se atrevió a contradecirle y cedió la palabra a Zapatero, quien afirmó que “Europa debe actuar como un solo país”. Rubalcaba afirmó que “los españoles, los más europeistas, ya no se fían de la UE”, y apostó por un Banco Central Europeo digno de tal nombre, la unión fiscal y por una gobernanza democrática frente al “bochinche del Tratado de Lisboa”. González recordó las palabras de Helmut Kohl: “Se trata de europeizar Alemania, no de alemanizar a Europa” y afirmó que está ocurriendo lo contrario. “Claro que mientras la señora Merkel ha llevado cuatro veces la crisis de España al Parlamento alemán, el señor Rajoy, ninguna”. En su penúltima intervención, Rubalcaba se comprometió a dar el “do de pecho” por un proyecto para España como corresponde a un partido fuerte y sólido que combina experiencia y juventud. Y González le pidió que los debates sean con la sociedad. “Los que piden debate de ideas, que no pierdan el tiempo y aporten una”, recomendó.