¿Corrupqué?

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José Zaragoza, el pasado día 13, durante la rueda de prensa que dio en la sede barcelonesa del PSC para negar el espionaje a la exnovia de Jordi Pujol Ferrusola. / Marte Pérez (Efe)

¿Mandó o no mandó el exsecretario de Organización del PSC, José Zaragoza, espiar a la exnovia del hijo mayor de Jordi Pujol cuando esta quedaba para comer con la jefa del PP en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, para contarle de mochilas abarrotadas de billetes de 500 euros y otras miserias? Zaragoza lo ha negado públicamente. Pero, si usted tuviera confianza con él, ¿le gustaría preguntárselo en privado? A Alfredo Pérez-Rubalcaba tampoco.

Aseguran en Ferraz que el mal que bien número uno actual del PSOE no ha hablado personalmente con Zaragoza desde que este follón empezó. Que saben lo mismo que todo hijo de vecino por los periódicos. Pero, ¿entonces es que Rubalcaba llama a Zaragoza, y Zaragoza, cobardemente, no se le pone? No. Las fuentes dicen que ni llamada ha habido. Que Rubalcaba pasa. “Son partidos distintos”, te argumentan. Toma ya.

¿Rubalcaba no pregunta a Zaragoza por falta de confianza? ¿Por falta de curiosidad? ¿O porque ya está al cabo de la calle? Indagamos por activa y por pasiva ante nuestras fuentes en Ferraz si la actual dirección del PSOE sabe o ha sabido nunca de las corruptelas que ahora se denuncian y, al parecer, hasta se espían en Cataluña, y la respuesta es no. Primera noticia, insisten. ¿Que pueden mentir? Seguro. Pero en ningún caso se les ve con cara de estar corroídos por la preocupación, oyes. En lo que sí que parecen muy sinceros es en que les da igual.

La verdad es que, periódicos en mano, no sabes por dónde empezar a desesperarte. Si por las presuntas travesuras de los retoños presidenciales o por la infinita tristeza de que todo el mundo lo sospechara o incluso lo supiera…¡y no pasara nada!. Que las exnovias acudieran antes a la oposición que al juzgado. Que la oposición se guardara la información para ella, por si un día le podía venir bien, en lugar de llevar el tema al Parlamento o, una vez más, al juzgado. Que la oposición de la oposición haya hecho y haga tres cuartos de lo mismo. Que a Ferraz le importe un pepino saber si Zaragoza espió o no espió. Y si espió, de qué puñetas llegó a enterarse.

A lo mejor habría que inventar un tipo penal nuevo, a medio camino entre el encubridor de un delito y el que, sin tener nada que ver directamente, espera sacar tajada de él. El que sabía lo que estaba ocurriendo y miró para otra parte, ni siquiera por miedo a las represalias –no hablamos de curritos expuestos a que su jefe corrupto les eche a la calle…-, sino porque siempre viene bien tener enemigos con la mandíbula de cristal. Que el político de enfrente atesore esqueletos en el armario, y que tú lo sepas. Y tengas así cromos para negociar. Estampitas de ida y vuelta.

Jamás nos liberaremos de la corrupción hasta que empecemos a combatirla sin cálculo político, porque sí, por dignidad elemental...el que conserve alguna.

2 Comments
  1. celine says

    Por educación, seguramente, y por el ambiente general reinante en la sociedad española, los políticos tienen miedo. Actúan llevados por el miedo y adolecen de preparación insuficiente, de trabajo serio. Les toma casi todo el tiempo de cada jornada el estudiar el modo de acusar al adversario (o «enemigo» como dices bien, Grau). Espiar toma mucho tiempo, horas y horas de vigilancia, mientras se comen hamburguesas de carne de amigo y se beben líquidos con pompitas cancerígenos. La política en España es lo que tiene.

  2. Ángel says

    En mi casa se aplicaba un refrán a todo este tipo de cosas que va que ni «pintao». «Tanto peca el que mata como el que tira por la pata».
    Se sea corrupto o se deje hacer a los corruptos, todos son igualmente culpables.

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