Ana Botella será candidata a la alcaldía de Madrid si ella lo quiere

Ana Botella, durante su intervención,el pasado jueves, en la presentación de la candidatura de Madrid 2020 ante las federaciones deportivas reunidas en San Petersburgo (Rusia). / Rafa Albarrán (Efe)

Lo dicen todos, los adversarios y los partidarios. Ni el Caso Madrid-Arena ni la bronca que ha montado su marido, José María Aznar, criticando la gestión de Mariano Rajoy, impedirán que Ana Botella encabece la lista del PP a la alcaldía de Madrid si ella desea presentarse. Sólo hay algo en lo que todos coinciden sobre la posibilidad de que no repita, pero lo remiten también a su propia decisión personal: que, una vez más, Madrid se quede con la miel en los labios y no consiga la concesión de los Juegos Olímpicos de 2020.

Aunque es evidente que el comportamiento de Aznar tiene un alto componente de resentimiento con Rajoy porque se siente injustamente tratado en el ‘caso Gürtel’, muchos dirigentes nacionales y madrileños del PP aseguran que el presidente no se atrevería a quitarla si ella se postula. Sobre todo porque tampoco hay una alternativa clara para sustituirla y, de hecho, la que está dispuesta a hacerlo es la expresidenta Esperanza Aguirre, de la que se dice en el entorno presidencial que, cuando habla, le da auténtico ardor de estómago a Mariano Rajoy.

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Con todo, lo que pesa de verdad en el ánimo de Rajoy es que no considera un rival directo al ex presidente del Gobierno y actual presidente de honor del partido, José María Aznar. Sobre todo después de que se demostrara en la presentación de biografías que la FAES hizo en el Congreso que no cuenta con más de ocho o nueve diputados fieles, con lo que ni siquiera podría amenazar soterradamente con socavar la mayoría absoluta que el presidente tiene en el Congreso. Para poder hacerlo, Aznar debería contar con once diputados y en la presentación sólo estuvieron doce, pero tres de ellos lo hicieron por cortesía obligada: el presentador Jesús Posada, el portavoz del Grupo Popular, Alfonso Alonso, y su segundo José Antonio Bermúdez de Castro. Vamos, que no acudió ni un ministro y, aunque el acto se celebró en el Salón de Columnas del Congreso con solemnidad, la mayoría casi total de los diputados “populares” tampoco estaba.

Impuesta la disciplina, el disgusto se limita a lo personal, pero no afecta al proyecto de Rajoy, según los suyos. De hecho, el presidente ha asegurado que acudirá, como ha hecho siempre, a clausurar el Campus FAES con su presidente Aznar parta evidenciar que la tensión no ha roto la normalidad. De hecho, ahora ni siquiera teme la intervención que el ex presidente realizará el 10 de junio en el Club Siglo XXI. Un foro de reminiscencias históricas porque fue allí donde, arropado por Manuel Fraga, Aznar le dio la puntilla al desgastado Antonio Hernández Mancha, cuyo liderazgo había socavado con el apoyo de Federico Trillo, Rodrigo Rato, Miguel Herrero y dirigentes, sobre todo, del grupo parlamentario del Congreso. “Ya no es lo mismo”, dice la guardia pretoriana de Rajoy. Eran, sí, otros tiempos.