El Gobierno niega un sello al escultor de la primera Estatua de la Libertad

Imagen del frontón del Congreso, obra del escultor aragonés Ponciano Ponzano en 1864.
Imagen del frontón del Congreso, obra del escultor aragonés Ponciano Ponzano. / Wikipedia

Conocido el gran interés del ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, la enorme afición de la titular de Fomento, Ana Pastor, y la extraordinaria inclinación de la autoridad educativa, José Ignacio Wert, hacia el Cine, la Música y el conjunto de las Bellas Artes, a nadie puede extrañar que hayan denegado la edición de un sello conmemorativo del bicentenario del nacimiento del escultor aragonés Ponciano Ponzano, autor, entre otras obras, del frontón del Congreso de los Diputados y precursor de la Estatua de la Libertad que se alza en la entrada del puerto de Nueva York.

La historia se resume en pocas palabras. La memoria de este escultor neoclásico, hombre bondadoso, sencillo, calvo, generoso, con el bigote a su aire y su deje rústico, ha sido revindicada por la Chunta Aragonesista (ChA), coaligada con Izquierda Unida (IU) y con un diputado, Chesus Yuste Cabello, en el grupo parlamentario de la Izquierda Plural. A Yuste le ha correspondido, precisamente, hacerse eco de la petición de sus compañeros de que el Gobierno dedique un sello de Correos a la memoria del eminente artista que murió en la pobreza a los 64 años, después de haber ilustrado con su bello hacer lo que hoy conocemos como “la zona de los museos” de la capital del Estado.

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Estatua que representa la libertad, de Ponciano Ponzano, en el Panteón de los Hombres Ilustres,en Madrid. / Wikipedia
Estatua que representa la libertad, de Ponciano Ponzano, en el Panteón de los Hombres Ilustres, en Madrid. / Wikipedia

Y he aquí la noticia. Tanto da que el buen Ponciano haya esculpido ese frontón del Congreso en el que aparece España sentada, recibiendo a una muchacha que representa la Constitución, flanqueada por la Justicia, el Valor y otras virtudes –alguna, por cierto, con los pechos desnudos cual feminista de Femen–, como que el abnegado maestro se haya esmerado en modelar en yeso la pareja de leones de la entrada de la casa del pueblo soberano, fabricados después en hierro fundido en los hornos de la Maestranza de Sevilla; como que el eminente trabajador haya decorado el paraninfo de la Universidad Central, en la madrileña calle de San Bernardo, o que su Estatua a la Libertad en el claustro del panteón de los liberales Arguelles, Olózaga, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa, Calatrava y Álvarez de Mendizábal, haya inspirado la de Augusto Bartholdi que el Gobierno francés regaló al estadounidense en 1886 como símbolo de amistad con ocasión del primer centenario de la independencia de los Estados Unidos. Tanto da porque, sencillamente, el Gobierno de Mariano Rajoy Brey, un registrador de la propiedad al fin y al cabo, ha negado siquiera un sello de recuerdo al escultor.

¿Y eso, por qué? Por la sencilla razón de que los dirigentes de la Chunta Aragonesista se durmieron y no presentaron la solicitud a tiempo. Ocurre que, según dicen desde la vicepresidencia del Gobierno, la Comisión Filatélica del Estado ha de recibir las peticiones. “como mínimo”, con doce meses de antelación a la fecha propuesta para su emisión y que el número anual de emisiones no ha de exceder de 90, según la disposición por la que se rige. “¿Podrían ser 91?”, pregunta el diputado Yuste. “Pues no”, le han contestado. “Ya sabe usted que eso podría ser interpretado como un caso flagrante de tráfico de influencias”. ¿Y esa Comisión Filatélica quién la compone? La presiden don David Mellado Ramírez, secretario general técnico del Ministerio de Hacienda, y don Eugenio López Álvarez, de Fomento y, a la sazón, exdirector general de los servicios jurídicos de la Comunidad de Madrid.

En otro tiempo, cuando la gente importante no solo era la que salía por televisión, sino, sobre todo, la que venía en los sellos, el desprecio a un notable escultor como el aragonés Ponciano Ponzano habría sido motivo de severas críticas al ministro de Cultura, pero ahora que ni ministro hay siquiera y el encargado, señor Wert, ha suprimido el Bachillerato de Artes y pisado la cola del piano con su olímpico desprecio incluso a la Música en la enseñanza obligatoria, conviene averiguar si el estímulo de la burricie será parte esencial de las «reformas estructurales» para salir de la crisis.