Juncker incomoda a CiU sobre el proceso soberanista catalán en el peor momento

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Toni Garganté *

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Juncker, junto con el número dos de la lista del PP a las europeas, González Pons, durante un acto de campaña celebrado el pasado día 12 en Madrid. / Sergio Barrenechea (Efe)

BARCELONA.– Las recientes declaraciones del candidato del Partido Popular Europeo (PPE), Jean-Claude Juncker, sobre el proceso soberanista catalán han puesto en un aprieto a CiU, la federación nacionalista del presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas. Juncker, que se perfila como posible futuro presidente de la Comisión Europea (CE), ha aprovechado primero su presencia en Madrid y después un debate entre los cinco candidatos a las elecciones europeas para apoyar a Mariano Rajoy en sus tesis contrarias a la consulta catalana del 9 de noviembre. "Respaldo al 100%” la opinión del presidente del gobierno español", dijo Juncker a principios de semana.

Hasta aquí, nada nuevo. Pero resulta que CiU está formada por dos partidos políticos. De un lado, Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), que lidera Mas, y Unió Democrática de Cataluña (UDC), capitaneada por Josep Antoni Duran i Lleida, una formación democristiana adscrita al mismo PPE que el PP español. De este pequeño detalle ha nacido un problema que ha descolocado a los candidatos de CDC, Ramón Tremosa, y de UDC, Francesc Gambús. Este último partido político ha manifestado en variados episodios su contrariedad con algunas decisiones de sus compañeros de viaje de CDC. Ya en tiempos de Jordi Pujol hubo fricciones, superadas siempre a la postre. De esta forma, la federación casi se ha acostumbrado ya a vivir con estas incomodidades.

El proceso soberanista catalán ha agravado un poco esta situación. Duran matiza siempre el entusiasmo de Artur Mas en el planteamiento del referéndum, pero con disimulo. Sin embargo, en este último caso, la desavenencia ha surgido de fuera, como si en las habituales disputas matrimoniales, de golpe, se descubriera una infidelidad.

Las palabras de Juncker de esta semana han incomodado a todo el mundo en CiU. Especialmente en la formación democristiana catalana, que votó a favor de su candidatura en la reunión de Dublín de marzo pasado, en detrimento de la del francés Michel Barnier.

Juncker afirmó en su visita a la capital española que comparte “la opinión expresada por el presidente del Gobierno español, por el Tribunal Constitucional y por el Parlamento español ” en el proceso catalán, y se extendió donde más daño hace, cuando sentenció que “una provincia que se convierte en independiente no se puede convertir de golpe en un nuevo miembro de la zona euro”.

En el debate del jueves matizó estas afirmaciones, asegurando que una eventual independencia de Cataluña y Escocia es un asunto interno de España y el reino Unido, respectivamente.

Con todo, el propio Duran Lleida ha tenido que salir al paso de las opiniones de Juncker, reconociendo que no le benefician. Así las cosas, desde Unió Democrática quitan hierro al asunto. “Lo que verdaderamente importa es que exista una voz catalana en el PPE. Una opinión que explique los intereses de Cataluña”, explican fuentes del partido, que rápidamente recuerdan que UDC fue “fundador del grupo democristiano y que el PP se integró después”.

En el mismo sentido, el secretario de organización de CDC, Josep Rull, asegura que tienen "voluntad de influir en toda la familia europea. Además –añade–, hay que tener en cuenta que hemos tenido más empatía en el mundo popular que en el segmento socialista”. Para compensar las declaraciones de Jean-Claude Juncker, Rull se refiere a otro episodio ocurrido en septiembre de 2013, cuando el primer ministro de Letonia, Valdis Dombrovskis, adscrito también al PPE, reconoció el derecho de Cataluña a la independencia. El portavoz de CDC destaca que el ministro de exteriores español, José Manuel García-Margallo, convocó en su despacho al embajador para pedirle explicaciones.

(*) Toni Garganté es periodista.

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