Felipe VI, la cara y la cruz

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El nuevo rey de España, Felipe VI, jura la Constitución durante el acto de proclamación del pasado 19 de junio. / Efe

Quedo para cenar con una amiga mayor, más vivida, más sabia y más toreada que yo. Me la encuentro atenazada por toda clase de temores y de pesimismos políticos. En algunos la sigo, en otros me cuesta un poco más. Por ejemplo la veo casi obsesionada con que el PP deje de gobernar Madrid (Ayuntamiento y Comunidad, que pierda ambas cosas, si es posible). Yo le digo que si es por eso que no se preocupe, que pintan bastos madrileños para los populares… pero que a mí lo que me preocupa es qué puede salir debajo de la seta, del hongo nuclear electoral. A ella se la suda: sólo quiere que estos se vayan, se vayan y se vayan. Todo lo demás le es casi ajeno.

Hablamos luego de la coronación del nuevo rey. Yo le conozco poquito, muy poquito, pero ese poquito es de primera mano y a mi amiga le llama mucho la atención. Me escucha atentamente decir que Felipe VI causa más y mejor impresión cuanto más corta es la distancia en que se le trata. Ella, que por si no había quedado claro tiene el corazón rojo como una amapola (ese tono encendido de rojo que sólo tiñe determinados corazones traumatizados por determinado tipo de educación y de familia franquista...), se deshace en elogios de la decisión del nuevo rey de proclamarse como tal sin misa. Sin guiños que deslucieran lo que a su modo de ver (de mi amiga) es y tiene que ser un Estado aconfesional limpio como una patena.

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La observo divertida. Me hace gracia la importancia que le da al tema. Aquí sí que aprecio la fisura generacional: para mí, que incluso estudié toda la EGB con las monjas (pero eran unas monjas muy light…), la religión no ha sido nunca ni nunca será un casus belli tan sentido. Tratando de situarme, de aquilatar lo que veo, le pregunto si no le molesta entonces que la primera visita de los nuevos reyes al exterior haya sido al Vaticano. Pues no, mira, eso no la inmuta, eso se la suda. Lo que verdaderamente la hace feliz es que no le "impusieran" una Coronación con cruz.

Me lo pienso. Reflexiono. ¿Me atrevo? ¿No me atrevo? Sea. Con todas las cautelas, pero voy y se lo pregunto: "Oye, querida… ¿y qué pasará cuando las cosas ya no se reduzcan a ser católico montaraz o ateo resentido, cuando la cultura laica esta que nos parece tan perfectamente acabada, tan rematada con un lacito, tenga que enfrentarse a la explosión de una tremenda y sentidísima multiplicidad religiosa?" Le aclaro. Me explico. La religión de Estado que ella recuerda, ese catolicismo por narices, era un fenómeno más extensivo que intensivo. Todo el mundo era católico de boquilla y casi nadie, o muy pocos, lo eran de verdad. Ahora la cosa ha mutado, ahora es exactamente al revés. El que lo es, precisamente porque lo es porque quiere, porque nadie le obliga, lo es en conciencia y lo es mucho.

Pero es que no son sólo los católicos, esas bestias negras de toda la vida de los ateos de aquí, que ya les tenían la medida tomada. Es que detrás de ellos vienen los musulmanes. Y los judíos. Y los esto. Y los lo otro. ¿Saben aquí, por ejemplo, que en Estados Unidos mucha gente sobrevive identitariamente gracias a la religión? Eso es típico de los inmigrantes. Dios es la patria más portátil. ¿Cómo enfrentarse a todo eso con honor y con probidad, sin hacer el capullo ni el ridículo, con una matricilla laica que como mucho está pensada para La mala educación de Pedro Almodóvar?

Sinceramente creo que nos encaminamos a un Estado tan aconfesional como quieras, pero espiritualmente muy complicado, y a una refinada monarquía compleja -no jacarandosa, putera y simpaticona como la anterior...- que, aunque no le entre en el sueldo, espero que nos rescate del marasmo de tanta mediocridad política. ¿Ser republicano en España? Yo ya quisiera, pero es que no me atrevo. A no ser que la presidencia de la República se la dieran a Felipe de Borbón, como hicieron los listísimos búlgaros con su antiguo rey Simeón

Y no, no voy a hablar de Podemos. Sinceramente creo que no vale la pena.

3 Comments
  1. el gato con botas says

    Esta claro: la canícula estival le sienta mal a las neuronas. Me ha costado acabar de leer este ¿artículo? deshilachado. Al final no sé si la autora está hablando de ella, de la monarquía, la religión….. Qué cacao mental que tiene.
    En un acto de heroísmo he indagado sobre A.G. Y la verdad es que no tiene desperdicio: ABC, TeleMadrid, La televisión de Castilla La Mancha ( Cospedal). Se te ve el plumero

  2. negras tormentas says

    Razón tienes gato con botas.
    ¡Y por esto le pagan!
    Con tantísimo periodista parado y le dan un hueco a este panfleto, que ni chú, ni mú, ni bicicleta.

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