Cinema Paradiso con niños (de ahora)

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Una de las imágenes de Cinema Paradiso, que se reestrena 25 años después.
Una de las imágenes de Cinema Paradiso, que se reestrena 25 años después.

Se cumplen veinticinco años del estreno de Cinema Paradiso y la distribuidora A Contracorriente decide celebrarlo reestrenando la película en un centenar de cines. ¿Acto poético o refinada mala baba? No falta quien quiera ver en esta jugada un canto del cisne del cine por partida doble, especialmente del cine patrio...

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Pero una no quería meterse en tal plantío de berenjenas, por lo menos no hoy. Hoy la idea era hablar de otra cosa. Era contar lo que pasa cuando ves una peli por primera vez con veinte años y la vuelves a ver ya bien doblado el toro de los cuarenta, pero llevando de la mano a una niña de ocho.

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El arte con niños es siempre una experiencia alucinante. Nunca olvidaré lo que fue visitar con mi hija (entonces de apenas cuatro años) una exposición de obras de Richard Serra en el MOMA de Nueva York. La niña hizo lo más infantil, ergo lo más lógico: refrotarse con todo su cuerpecito contra aquellas grandiosas esculturas que precisamente invitaban al contacto. Lástima que los celadores del museo no lo entendieran así.

Me dice alguien de confianza que ha leído en un periódico (nacional) que el reestreno le ha sentado mal a Cinema Paradiso, que a veinte años de distancia ha devenido blanda e ineficaz, más cursi que entrañable...yo discrepo, discrepo, DISCREPO. Ciertamente no tengo manera de saber seguro de si en esta discrepancia mandan mi genio o mi corazón. Revivir a los cuarenta lo que te pasó a los veinte casa mal con la imparcialidad y la sangre fría. Que se lo pregunten si no a todos los nostálgicos de la movida madrileña.

Yo no sé si había para tanto con Cinema Paradiso. Sólo sé que sentí el impulso de que mi hija (de ocho años, insisto) no se la perdiera en pantalla grande. Y que de entrada eso ya comportó unas situaciones y unos diálogos que por sí solos justifican el precio de la entrada (sin palomitas, subproducto a mi entender tanto o más letal para la industria del cine como el IVA cultural).

Primero hubo que explicarle a la niña lo que era ser eso, niño, en una época sin tablets, iPad, no ya canales televisivos infantiles ininterrumpidos sino ni siquiera televisión, donde todo empezaba y acababa yendo al cine... Al inmenso asombro suscitado en ella por estas revelaciones siguió el de tener que comprender qué era y cómo funcionaba la censura cinematográfica.

"¿Por qué cortaban los besos de las películas, mamá?"
"Porque a los curas no les gustaban"
"¿Por qué a los curas no les gustaba que la gente se bese? ¡Si es lo más bonito que hay!"
"Ya, pero muchos curas no estaban de acuerdo"
"¿Y a quién le importa lo que piensen los curas, mamá?"

Seguimos para bingo con la escena del confesionario. La niña pregunta si es un puppet show (teatro de marionetas). Cualquiera le dice que su definición no es acertada. Por no hablar de la escena del chaval al que crujen a collejas por no saberse la tabla del cinco...

"Sabes, cariño, en aquella época a los niños se les pegaba por todo lo que hacían mal, se les regañaba todo el tiempo y se les prohibía casi todo, no como ahora"
"¿Y eso por qué?"
"Porque era una sociedad más restrictiva, con menos confianza en la libertad que en la autoridad. ¿Entiendes ahora lo que siempre te digo de aquella abuela de tu amiga que te cae tan mal, porque no os deja salir del cuarto para jugar ni hacer nada? No es que la abuela sea mala, es que es de aquella época"
"¿Entonces la abuela de mi amiga también le da de bofetadas todo el tiempo cuando nadie mira?"
"No, tranquila, ahora eso ya no se lleva...en general"

Vamos llegando a las escenas finales. Servidora suelta la inevitable e incontrolable lagrimita, o incluso un manantial de ellas. La niña me tapa los ojos con sus manitas.

"Deja, cariño, déjame ver...a veces apetece mucho llorar como Dios manda"

Al salir del cine le pregunto si le ha gustado la película.

"¡Me ha encantado, mamá!"

Pues misión cumplida. Que les den a los críticos que envejecen peor y con más mala leche que las películas que critican. Hay gente que con su inútil corazón encallecido sólo sirve para estorbar en la tierra.

3 Comments
  1. Berna says

    Hola. Me ha emocionado tu relato, sobre todo la parte de las experiencias con tu hija y sus preguntas. ¡¡¡Cómo cambian algunas cosas!!! Gracias.

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