Pablo Iglesias escucha a las víctimas laborales del exjefe de la patronal madrileña a 10 metros del Congreso

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Pablo Iglesias, anoche, con dos camareros del restaurante Edelweis. Al fondo, el Congreso. / © Jordi Gordon

Apenas cuatro horas después de que terminara el debate sobre el maltrecho estado de la nación, constitucionalmente entendida como la comunidad de pueblos y nacionalidades, los dirigentes de Podemos se acercaron a las inmediaciones del Congreso de los Diputados, ya sin vallas ni especial protección policial. En plan lúdico y distendido, como esos seres racionales que se toman las raciones en los bares, ocuparon la histórica taberna Casa Manolo, famosa por sus croquetas y otras tapas deliciosas para distraer el hambre. En el mismo sitio donde Carlos Floriano departía con Alicia Sánchez Camacho y otros colegas del PP un rato antes, Iglesias se tomaba una cerveza en compañía de Iñigo Errejón, Luis Alegre, Jesús Montero y otros dirigentes y compañeros, después del acto en el Círculo de Bellas Artes, en el que el líder de Podemos enjuició la pobreza y las trapacerías del debate parlamentario.

Dicho sea de paso, la sala y las instalaciones con televisión por circuito cerrado, agenciadas por Podemos para apostrofar el debate desde su situación extraparlametaria, se quedaron pequeñas para acoger a los varios cientos de personas de todas las edades que acudieron a escuchar a Iglesias. Muchas de ellas se quedaron en la calle, formando una larga cola desde Alcalá hasta la entrada al Círculo, abarrotado y acordonado por los guardias privados de seguridad. Dicho sea también al paso, la librería Antonio Machado, con sus apetitosas ofertas literarias en el escaparate junto a la entrada del Círculo, seguía tan vacía de visitantes como de costumbre, señal de que a los seguidores de Podemos les movía un afán sin distracción: escuchar a Pablo Iglesias.

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El dirigente de Podemos desconocía que el lugar al que le condujeron, tras el acto, los compañeros y el periodista Jordi Gordon para enjuagar el gaznate y consolar el estómago, estaba a un tiro de piedra del Parlamento y era el lugar más frecuentado por sus señorías. Todavía resonaban los ecos de la dirigente del PP catalán, Sánchez Camacho, afirmando que CiU y ERC no pasarán de 70 diputados en las elecciones plebiscitarias anunciadas por Artur Mas para el 27 de septiembre, y que ella dice que no se celebrarán, cuando Iglesias, saludado y jaleado por unos y otros, se abrió paso hasta el interior del establecimiento. La calle de Jovellanos, en la trasera del Congreso, semejaba un festejo o, si lo prefieren, la celebración de un botellón. Era el momento oportuno para preguntar a los dirigentes de Madrid, Alegre y Montero, si Juan Carlos Monedero se presenta o no a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Ninguno de los dos respondió. El asunto sigue pendiente y a lo último puede ser que no haya candidato, en beneficio de Tania Sánchez, autoegresada de IU. A la misma hora, el socialista Pedro Sánchez, presentaba en el pabellón de la ONCE, ocupado por más de 1.500 personas, al candidato del PSOE a la presidencia autonómica madrileña, Ángel Gabilondo. Sería curioso que el veterano profesor compitiera con el joven docente Monedero para saber qué hombre es la medida de todas las cosas, que diría Protágoras.

El protagonista, Iglesias, laringe de la democracia, logró al fin abrirse paso hasta el interior del establecimiento y saludar a su madre, Luisa Turrión, una mujer de estatura mediana, pelo rubio y amable de trato. En cuanto Adolfo y otros trabajadores del restaurante Edelweiss, que llevan seis meses sin cobrar sus salarios, se enteraron de que Iglesias estaba allí, acudieron a exponerle su situación. El dueño del restaurante, Arturo Fernández, expresidente de la patronal madrileña (CEIM) y propietario del grupo Cantoblanco, uno de los más favorecidos por las contratas de la administración del PP, no les paga. Y el administrador concursal ha sido pillado in fraganti al consignar unos ingresos de 20.000 euros en pagos con tarjeta cuando en realidad han sido de más de 50.000 euros, según aseguran los trabajadores.

La verdad es que el relato de las víctimas laborales del famoso Arturo, amigo del rey emérito Juan Carlos de Borbón, sorprendió a Iglesias, pero no a su madre, pues por esos caprichos del azar, la abogada doña Luisa ya había defendido a estos currantes, algunos de los cuales se convertirán, si los inversores no lo evitan, en parados de larga duración. Y allí, entre expresiones de ánimo para derrotar a la derecha y para resistir a la incuria de los prebostes impunes, Pablo y los impecunes trabajadores se retrararon para la posteridad. Así está la calle a diez metros del Congreso, esa calle y esas vidas que Mariano Rajoy decidió ignorar en el último debate nacional de la legislatura.

6 Comments
  1. Piedra says

    Mucho ánimo a los trabajadores saqueados por el usurpador y miserable Arturo Cantoblanco

  2. Patronio says

    ¿Pero este hombre no tendría que estar en Bruselas defendiendo allí los intereses de España y ganándose el buen sueldo que cobra? Y luego dicen que no son casta.

  3. Patronio says

    Luis Díez, ¿para cuándo la tan esperada hagiografía de la vida y milagros del profeta Iglesias? Señor, venga a nosotros tu reino.

  4. Ramon moreno palau says

    Patronio-ya me imagino que a ti el que te gusta es «ese líder carismático y súper patriota» llamado Mariano Rajoy Bretaña,ese hombre «milagroso» que habiendo encontrado «su amadisima España » hundida…..la ha hundido mucho más

  5. Ramon moreno palau says

    MRB ese » prócer del empresauriado» ese «profeta del inex 35» ídolo de empresarios trincones y morosos como Arturo Fernández ,ese «siervo incondicional» de Grau rottenmerkel y su austericidio,ídolo de los tiburones más siniestros de wall street

  6. Sr. trino Delaira says

    Edelweiss está ahí desde los años 20 del siglo pasado. ¿Será posible que ese ganster, ese tal Arturo, vaya a cargárselo?

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