SATO DÍAZ | Publicado: - Actualizado: 5/1/2017 21:08

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Fernando Arrabal tras la entrevista con cuartopoder.es / Sato Díaz

Fernando Arrabal (Melilla, 1932) es uno de los personajes más originales de la cultura europea del siglo XX, que aún perdura en el XXI. Este dramaturgo, escritor, cineasta y pintor español vive desde hace unos 60 años en París, aunque visita España “una vez al trimestre, aproximadamente”. El motivo de la visita que realiza ahora a Madrid es el estreno del documental Arrabal; el genio y la locura. Una película realizada por Javier Esteban, que acompaña al polifacético artista durante doce años por escenarios tan dispares como Praga, París, Guernica, Albacete, Jerusalén o León. “El documental es una obra maestra, con casi todas las secuencias tengo una gran implicación emocional”, comenta Arrabal a cuartopoder.es, sentado en una butaca de uno de los salones del hotel Catalonia Prado de Madrid, donde nos recibe.

Arrabal juega con los periodistas, con la vida. Responde sin orden alguno a las preguntas. Enlaza historias del pasado con predicciones sobre el futuro y luego regresa a la conversación y dice: “Esto no tiene nada que ver con lo que me ha preguntado”. Este hombre, que formó parte durante tres años del grupo surrealista de André Breton, y luego formó el grupo Pánico junto a Alejandro Jodorowsky y Roland Topor, parece buscar las explicaciones más allá de la realidad, en los sueños, en los pensamientos ocultos, en su inmensa mochila cultural que, como sabio, le pertenece. Sin embargo, el mundo de Arrabal no pretende ser el mismo que el del resto de los mortales, parece que busca un hecho diferenciador con el resto de entrevistados, ser distinto. “No comprendo la actualidad, no tengo claro qué es eso de Podemos, no es como el Frente Nacional en Francia, pero no sé muy bien lo que es”. No le interesan las elecciones generales de diciembre, asegura.

Sí que habla del pasado de España, la cual abandonó hace varias décadas. “España es una unidad de destino en lo universal”, dice, parafraseando a José Antonio Primo de Rivera, que a su vez extrajo la frase de Enric Prat de la Riba. “Yo sigo siendo español, nunca he dejado mi nacionalidad, podría ser francés, pero no lo soy, no tengo acento francés”, prosigue, asegurando irónicamente que tiene “una maravillosa educación fascista y falangista” que le hace saber “los reyes godos de memoria” y que “Managua es la capital de Nicaragua”, “algo que no sabe mucha gente de Francia”, advierte. Además, recuerda cómo vivió la muerte de Franco, quien le había considerado a él como una de las personas más peligrosas del mundo. “Me pidieron de varios periódicos que escribiera algo, yo dije que no brindaría con una copa de champaña por la muerte de un hombre”, cuenta.

Sin embargo, recuerda entre risas su intento de acabar con la vida del dictador. “El Partido Comunista Francés paró mi intento de matar a Franco”, narra. Su plan estaba diseñado, le mandaría al propio Franco un libro de Santa Teresa. “El hijo de Tristan Tzara era un físico nuclear y le pedí que me facilitara un veneno parecido al polonio, para ponerlo en el libro que le iba a enviar para matarlo”, prosigue con su relato. “Tristan Tzara y su hijo eran miembros del Partido Comunista Francés y no les dieron permiso, se acabó así mi estrategia”, añade.

En el documental aparecen algunos de los personajes que han compartido momentos con el protagonista: Alejandro Jodorowsky, Michel Houellebecq, su mujer Luce Arrabal, Fernando Sánchez Dragó o el poeta Luis Alberto de Cuenca. Sobre Houellebecq, el prestigioso escritor francés autor de Las partículas elementales o Sumisión, su última y polémica novela que habla sobre el Islam y Francia, dice estar preocupado. “Los amigos le advierten que no siga fumando, porque se le caen los dientes, pero él no atiende a razones, es muy autodestructivo, temo que quiera parecerse a Antonin Artaud“, reflexiona sobre su colega. Y como por arte de magia, sin saber el periodista cómo seguir las relaciones que van surgiendo en su cabeza, conecta a Artaud con una representación teatral de una obra de Strindberg que el primero fue a ver, y de este pasa a comentar el trío amoroso que mantuvieron, asegura, Max Ernst, el poeta Paul Éluard y Gala, la que después fuera compañera sentimental de Salvador Dalí. “Era muy raro que una mujer jodiera con dos hombres a la vez”, comenta. “Sus vidas eran un escándalo, para gente como André Breton todavía más, que era una monja de clausura”, añade. “Desde la propia casa de Dalí, Ernst escribe a Gala una carta diciéndole ‘yo te penetro’, claro, Dalí creo que se pondría un poco celoso”, considera. “Se amaban los tres”, prosigue. Y de este modo, se acaba el tiempo, y habiendo hablado de mucho, parece que no se ha hablado de nada. Arrabal tiene que coger un avión y dejar Madrid.

Encuentros con lo sutil (YouTube)

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