RAIMUNDO CASTRO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 20:22

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Los diputados de la CUP Gabriela Serra, Sergi Saladié, a su izquierda, y Xevi Generó, ayer, durante la rueda de prensa tras la reunión del Consejo Político. / Quique García (Efe)

Todos los partidos estatales y catalanes estaban convencidos, sin excepción, de que la CUP acabaría apoyando ayer –aunque fuera por la mínima− la investidura de Artur Mas y, como consecuencia, no habría elecciones catalanas anticipadas. Incluso la dirección de la propia Candidatura de Unitat Popular había apostado por ello proponiendo que dos de sus diez diputados autonómicos se sumaran a Junts pel Sí para no impedir el inicio del proceso constituyente de la República catalana, que es como la coalición anticapitalista califica el “procés” independentista.

De acuerdo con esa convicción, generalmente compartida, todas las organizaciones, desde el PP a la propia dirección de la CUP, habían preparado sus respectivas estratégicas de futuro, incluyendo las que los partidos estatales iban a aplicar en la negociación del Gobierno de Madrid -bien para evitar el adelanto electoral de las generales o bien para provocarlo- en función de sus intereses. Pero el resultado de la votación del Consejo Político de la CUP destrozó ayer todas las hojas de ruta cuando acordó abstenerse en la última sesión de investidura de Mas que debe celebrar el Parlament antes del día 10, fecha en la que, de no elegirse a ningún candidato, la ley obliga a convocar nuevos comicios para el 28 de febrero o el 6 de marzo.

Por 38 votos a favor, 22 en contra y seis abstenciones, el Consejo aprobó no ceder los dos escaños que necesita Mas para superar, con mayoría simple en la segunda vuelta, los votos que suman Ciudadanos, Sí Que Es Pot, PSC y PPC. Los anticapitalistas sólo han dejado una puerta abierta. Que Mas renuncie y Junts pel Sí proponga otro candidato de aquí al próximo fin de semana, lo que rechazan tanto Democracia i Llibertat –la antigua Convergencia Democrática fundada por Jordi Pujol− como, a regañadientes, la ERC de Oriol Junqueras.

En ERC no quieren repetir el pacto con Democracia i Llibertat, según insistieron ayer a cuartopoder.es fuentes cercanas a su dirección. Pero sus dirigentes consideran que su partido se va a encontrar de nuevo atrapado en una candidatura conjunta de Junts pel Sí que no desea porque la Asamblea Nacional de Catalunya, Omnium, otros movimientos sociales y poderes económicos independentistas volverán a reclamarla con presiones que no podrán resistir.

La lógica de la CUP, marcada por la importancia de hacer prevalecer políticamente el eje derecha-izquierda marcado por la lucha de clases frente al independentista Cataluña versus España, al que tampoco renuncian, es elemental. Según señaló ayer el portavoz del secretariado nacional, Xavier Generó, en la rueda de prensa que se celebró tras la votación: “Mas dijo que él nunca sería un obstáculo para la independencia y queda una semana, y, por lo tanto, está en sus manos decidir”. Idea que remató el diputado Sergi Saladié afirmando que “la responsabilidad de ir a nuevas elecciones en marzo es de Junt pel Sí” y, en consecuencia, serán ellos los que tengan que dar explicaciones a sus electores por haber mantenido a Mas, al que vinculan a la corrupción, como un escollo insalvable.

En la CUP, por otro lado, nadie piensa que su decisión acabe siendo burlada por alguno de sus diputados. Todo el mundo se muestra seguro de que ninguno de los cuatro diputados que ayer se inclinaron por el apoyo a Mas −Antonio Baños, Julià de Jòdar, Albert Botran y Sergi Saladié− traicionará el acuerdo de la organización asamblearia aunque estén a favor del acuerdo con Junts Pel Sí .

La decisión de la CUP no sólo rompe la hoja de ruta prevista por Mas y Junqueras si, como parece seguro, hay un adelanto electoral. También deshace otros planes en lo referido a la negociación sobre la investidura de un presidente en el Congreso madrileño y la posibilidad de que haya que adelantar las generales para mayo o junio.

De entrada, le pone muy difícil a Susana Díaz y sus partidarios llevar adelante su plan de convocar un Congreso del PSOE a finales de febrero o primeros de marzo forzando un Comité Federal que lo plantee a finales este mismo mes. Pedro Sánchez estaría cargado de razón, dicen los suyos, para frenar esa iniciativa −cuyo único fin es echarle de la Secretaría General y colocar a la presidenta andaluza como candidata a ocupar La Moncloa tras permitir que Mariano Rajoy sea investido con su abstención a cambio de un adelanto electoral para dentro de uno o dos años− porque mostrarse divididos justo antes de los comicios catalanes de marzo sería suicida. Además, añaden los ‘sanchistas’, la convocatoria de nuevas elecciones en Cataluña desmonta provisionalmente la excusa de que la ‘amenaza independentista’ justifica la abstención que deje a Rajoy ocupando de momento La Moncloa.

Las catalanas adelantadas, finalmente, obligarían, dicen responsables del PSOE y de Podemos, a buscar puntos de encuentro para pactar un Gobierno de izquierdas que sirva para resolver los problemas urgentes de la sociedad española que ha generado la política neoliberal del PP, renunciando a líneas rojas por asuntos como el referéndum de autodeterminación para Cataluña y Euskadi, que se dejarían abiertos a la futura negociación de una reforma constitucional. Para Podemos, señalan esas fuentes, el adelanto catalán -que no tenía previsto- le obliga a concentrarse allí en marzo para mantener la condición de primer partido de la Comunidad al tiempo que le fuerza a no apostar por el adelanto de las generales con el único objetivo de colocarse por encima de los socialistas aprovechando la redoblada debilidad que supondría la división en dos del PSOE.

Lo que Pablo Iglesias presentó ayer como su disposición de apoyar a los ‘sectores sensatos’ del PSOE que entienden que la unidad de España se tiene que ganar por vías sensatas, no por la imposición ni la torpeza de la vía inmovilista, ligado a una demostración de que su partido también apuesta por la unidad si se aprueban las medidas que proponen contra los recortes de la derecha para que no se diga que no apuestan por el entendimiento, se ha convertido en una necesidad por mor del adelanto electoral catalán. Es decir, abre una posibilidad de que PSOE, Podemos, IU y los nacionalistas de izquierda desde fuera, intenten de verdad −no de boquilla− desplazar a Rajoy de La Moncloa. Un Rajoy a quien la decisión de la CUP elimina una de sus mejores armas de presión para lograr la investidura, para la que de momento sólo cuenta con Ciudadanos. Otro tema que, gracias a la decisión de los anticapitalistas, también es un decir. Porque Albert Rivera sabe, perfectamente, que dejar gobernar a Rajoy en Madrid le podría costar muy caro en Cataluña.

  • Piedra

    Vaya empanada mental que tienen tos esos. Solo valen para crear problemas a la gente y trincar buenos sueldos sin dar palo al agua. ¡A la mierda todos!

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