Josetxo Etxeberria: "En la cárcel solía haber una media de 365 palizas al año"

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Josetxo Etxeberria (primero a la izquierda), junto a otros compañeros en la cárcel de Zuera. / Cedida

Josetxo Etxeberria representa uno de los más de 4.000 casos de torturas policiales documentados en Euskadi y Navarra. Pasó más de 22 años en prisión tras ser acusado de formar parte del comando ‘Ipar Haizea' de ETA. En su estancia, “y desde el minuto uno” afirma que fue víctima de torturas tanto físicas como psicológicas por parte de la Guardia Civil. Etxeberria también estuvo en celdas de aislamiento. Asegura a su vez que “la tortura ha sido una práctica habitual” tras ser testigo además de víctima de estos maltratos. En 2013 salió en libertad, tras una sentencia favorable del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Atiende a cuartopoder.es para aportar su testimonio de vejaciones y maltrato sufrido en instancias policiales.

— ¿Cuándo y por qué fuiste detenido?

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— Fui detenido el 17 de agosto de 1991, en Rentería, cuando tenía 25 años. La detención fue ordenada por la Audiencia Nacional acusándome de formar parte de un comando armado de ETA. Por aquella época andaba muy relacionado con el movimiento popular en mi barrio, Amara (Donostia), desde la radio libre, la asociación de vecinos, el Gaztetxe (centro social ocupado)… Al ser trasladado a la Audiencia Nacional, el juez, Carlos Dívar dictó prisión incondicional y permanecí en prisión, después de numerosas condenas. El 20 de noviembre de 2013 fui excarcelado por sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

— ¿En qué momento sufriste torturas?

— Desde el minuto uno de la detención fui objeto de torturas por parte de la Guardia Civil. Durante los cinco días que estuve incomunicado bajo la Ley Antiterrorista sufrí todo tipo de torturas físicas y psicológicas, privación de sueño, alimento, agua…es casi imposible relatar todo lo que nos hicieron. Los propios interrogatorios interminables eran bajo todo tipo de tormentos. Es lo más parecido al infierno.

— ¿Qué tipo de torturas recibiste? ¿Denunciaste jurídicamente los hechos?

"Denuncié las torturas en el Juzgado de Donostia y lo archivaron sin investigar"

— Es imposible hacer un relato exacto de todo lo que nos hicieron porque seguro que te dejas algo. Sufrí desde luxaciones en las muñecas, golpes con el listín de teléfonos, golpes en la nuca durante horas hasta perder el conocimiento, los gritos, los insultos, los escupitajos. También los gritos que escuchaba de mi compañera… Fueron cinco días y cinco noches así. Sí, denuncié los hechos ante el propio juez, Carlos Dívar, quien no hizo absolutamente nada, y también presentamos denuncia en el Juzgado de Donostia que archivaron sin investigar un ápice.

22 años en la cárcel es una vida. En los comienzos de los años 90, durante los traslados, la Guardia Civil nos apaleaba sistemáticamente. A mí me tocó en la cárcel de Alicante y también lo denuncié. Recuerdo que a los 6 meses vinieron a preguntarme si tenía marcas. También recuerdo el tono, y el acusado parecía yo. Finalmente lo archivaron, claro. Solía haber una media de 365 palizas al año, una por día. Aquí sí se ganó la batalla ya que intervino el Relator de la ONU y el ministro Belloch [Ministro de Justicia con Felipe González entre 1993 y 1996] ordenó un protocolo, según él, para demostrar que eran falsas nuestras denuncias. Esto nos obligaba a pasar por el médico antes de ser trasladado [de centro] y al llegar a destino. Entonces las palizas cesaron por arte de magia.

— ¿También fuiste testigo de torturas a tus compañeros de prisión?

— Hace seis años, estando en el aislamiento de Algeciras, una prisión dura, recuerdo siempre cómo los gritos de las palizas a los presos sociales nos interrumpían el sueño. Comenzamos a denunciarlo a la Audiencia Nacional. También me acuerdo de cómo el juez Baltasar Garzón nos dijo que no era su competencia y lo que conseguimos es que nos sacaran de aislamiento. Éramos entonces incómodos testigos. Todas las denuncias fueron archivadas. Allí también fue apaleado nuestro compañero Arkaitz Bellón. Luego falleció en prisión, en el Puerto de Santa María, dijeron de causas naturales pero siempre pensé que todo aquello pasó factura…

Además, te encuentras ante un sistema despiadado, sin compasión, diseñado para triturar y los elementos en teoría diseñados para salvaguardar las desviaciones, léase Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, para lo que sirve en realidad es para justificar y apuntalar el sistema represivo. No hay mecanismos efectivos de garantía. Si una democracia tiene miedo a más democracia es que no es una democracia. ¿Quieren evitar la tortura? ¿Los malos tratos? Pongan ustedes los mecanismos: un organismo independiente de control, un observatorio, cámaras, transparencia, comunicación, apoyo… es fácil e higiénico, democrático.

"En los años 90, durante los traslados, la Guardia Civil nos apaleaba de forma sistemática."

— El Gobierno de Rajoy acaba de paralizar la ampliación de la Ley navarra de reparación a víctimas de la ultraderecha y de la policía, ¿cómo valoras esta paralización?

— El Estado español tiene a los muertos de 1936 en las cunetas y al Tirano en un mausoleo… creo que no hace falta ser más gráfico. No se puede esperar otra cosa de ellos.

— Otros torturados, como Martxelo Otamendi, han hablado de 'la carta blanca' que ha existido en los mandos policiales para arrancar confesiones. ¿Se refleja ese 'todo vale' en procesos jurídicos una vez que las víctimas de torturas denunciáis vuestros casos?

— Como bien expresa Martxelo ese 'todo vale' abarca una maquinaria completa: quien ordena la tortura como herramienta, el funcionario que la practica, el forense que la ampara, el juez que no la investiga y la archiva, el periodismo que no la investiga y denuncia, el ciudadano que mira para otro lado y vota a quien la ordena… Es un círculo.

— ¿Crees que en algún momento se reconocerán, se investigarán y se juzgarán los hechos de las torturas de igual modo que se ha hecho con las víctimas del terrorismo? 

— Creo que todas las víctimas deben conocer la verdad, ser amparadas en Justicia y recibir reparación. Lo digo en todos los casos sin excepción de ningún tipo. Tanto en Euskal Herria como en el Estado [español] debería haber un clamor para la creación de una Comisión de la Verdad que abarcase un amplio período de oscuridad, desde 1936 hasta nuestros días. ¿Se logrará? Pues dependerá de todas y todos, de nuestra actitud y compromiso de organización. Del cielo sólo nos cabe esperar la lluvia.

(*) Ana Isabel Cordobés es periodista.
4 Comments
  1. Rosalía says

    La utilización sistemática de la tortura por parte del estado fue denunciada hace años por organismos tan poco sospechosos como Amnistía Internacional («La Sal de la Tierra»)
    El silencio de los medios de comunicación y la inacción de la judicatura son de vergüenza.
    Si el terrorismo lo practica el estado, queda impune (caso de Felipe González, el señor X de los GAL)
    ¿Será posible que haya alguna vez un poco de justicia en España? Espero que sí. Cuando tal cosa suceda habrá también un poquito de democracia. No antes.
    Se tiene que dar verdad, justicia y reparación para las víctimas. Pero para todas ellas. Para las víctimas de ETA pero también para las víctimas del franquismo, del terrorismo de Estado y las víctimas de torturas y tratos degradantes.
    Lo demás es propugnar el cinismo de la doble moral.
    El peor terrorismo siempre es el ejercido por el estado. Porque se ampara en la impunidad. Y la mayor parte de las veces queda impune.
    Ojalá el pueblo se dé cuenta de la importancia de estos asuntos para seguir una senda verdaderamente democrática.

  2. Pedro says

    Es lo que a uno le puede pasar cuando firma oarte de una organización que se dedica(ba) a cazar policias como conejos. La tortura me parece algo absolutamente despreciable, pero el victimismo de un asesino es para partirse de la risa!!

  3. Camino a Gaia says

    Cuando el Caso Almería, nos dijeron que fue un error. Pero era el método.

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