Rivera consigue que C's apruebe por aclamación su cambio radical de rumbo

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Albert Rivera, ajustándose la americana, es ovacionado por los asistentes a la IV Asamblea General de Ciudadanos, celebrada en Coslada, Madrid, este fin de semana. / Zipi (Efe)

Albert Rivera no tiene quien le tosa dentro de la formación naranja. Eso ha quedado claro tras la clausura de la IV Asamblea General de Ciudadanos. El líder de C´s ha dispuesto cambiar el ideario del partido, ha dado un giro de 180 grados a la línea estratégica, ha creado un órgano de control a la nueva dirección, compuesto en su totalidad por sus fieles, y ha seguido siendo aclamado por los suyos. La única voz crítica que se alzó contra Rivera antes de la asamblea, la de la eurodiputada Carolina Punset, ni estaba ni se la esperaba. Ayer estaba en Valencia, contrayendo matrimonio.

La escasa resistencia que recibió Rivera a su plan de cambiar el ideario y, donde decía social liberal, decir liberal progresista (50 votos en contra y 3 abstenciones, frente a los 142 votos a favor del cambio propuesto por el líder) no se plasmó en una candidatura alternativa. Y de las alternativas que osaron enfrentarse en primarias al secretario general no queda ya ni el recuerdo. Rivera justificó el paso de la socialdemocracia a mejor vida (ahora que los socialdemócratas están en crisis en toda Europa) con un empujón al PSOE: "No le dejemos al PSOE que se apropie del progresismo, el progresismo es mucho más que ser socialista", dijo a los suyos. El método, en todo caso, no es novedoso. Hasta el PP se declaró progresista en boca de su entonces ministro de Trabajo, Javier Arenas, hoy único testimonio del aznarismo en el PP marianista.

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Los números son elocuentes: el texto referente a los valores del partido se aprobó con un 89% de los apoyos, el de Estatutos, 98% y 99,5% de apoyos para la estrategia. En relación a la estrategia, Rivera ha impulsado asimismo un vuelco a sus planteamientos iniciales: "No estaremos en un gobierno que nosotros no presidamos", decía hace no mucho Rivera. Y los suyos lo repetían sin chistar. Así se constituyeron gobiernos en Andalucía Madrid o La Rioja, e incluso Mariano Rajoy pudo ser investido presidente con los votos afirmativos de la formación naranja.

Pero los partidos nacen y crecen con un fin: alcanzar el gobierno. Y eso lo han entendido en Ciudadanos al ver cómo su  papel de bisagra tocaba techo electoral. Creen que la responsabilidad de gobierno les ampliará horizontes electorales. Y hay quien, en la formación naranja, admite que, hasta ahora, tampoco creían tener el suficiente músculo y la estructura necesaria para formar parte de un gobierno. Otros, en cambio, advierten de que no podían ni podrán entrar en un gobierno del que sospechen que pudiera ser salpicado en un futuro próximo por algún escándalo de corrupción. Desde la oposición, han podido pedir y cobrarse cabezas señaladas por posibles indicios de corruptelas... Pero ¿podrían haberlo hecho desde el gobierno?, argumentan. Tendrán que aprender a hacerlo si cuaja su estrategia y, como pretenden, asaltan el poder a partir de las próximas convocatorias electorales.

1 Comment
  1. ramón says

    Falangito,el complice menor pero necesario de la podrida mafia pprra,este sujeto ha demostrado que no tiene principios,salvo el afan de poder y consiguientemente de notoriedad economica,su partido ha demostrado con creces lo que millones de personas en este pais pensabamos desde hace tiempo,es la muleta del ibex 35 para cuando un PP en horas bajas no obtenga la absoluta

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