VALOR CONTABLE / Según estimación de la Central de Información de Bienes Inventariables

¿Y cuánto vale La Alhambra?
¿Y el Museo del Prado?

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Patio de los Arrayanes de La Alhambra de Granada. / Wikipedia

Si Isabel la Católica levantara la cabeza (dios no lo quiera), volvería a caer amomiada con solo comprobar el escaso valor contable de los palacios árabes de la Alhambra que con tanto asedio, sangre y traición sus huestes arrebataron al sultán Boabdil allá por el 1492. La dirección general de Bellas Artes y Bienes Culturales, así como la secretaría de Estado de Cultura, de las que dependen, según los casos, los edificios del monumental conjunto palatino más importante del mundo, les han calcado un precio ridículo. Mohamed Ben-Nazar y sus descendientes nazarís tampoco podrían creer que los gestores de hogaño redujeran su legado arquitectónico de dos siglos de esfuerzo, sabiduría y buen gusto a tan menguada cifra monetaria (ver gráfico bajo estas líneas).


Así valora la Administración el conjunto arquitectónico de La Alhambra. / Ana Isabel Cordobés

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El complejo nazarí (incluida la muralla y el posterior palacio del emperador Carlos V) es una de las grandes joyas de nuestro país, con un valor incalculable y permanente, como lo demuestran las decenas de millones de turistas que la visitan cada año, pero en términos contables se halla registrada en poco más de 20 millones de euros. No es la única sorpresa que podemos hallar en los archivos de la Central de Información de Bienes Inventariables (CIBI), ya que otros edificios tan singulares y de una belleza única en el mundo como el Palacio de la Madraza y el de Dar-al-Horra se hallan valorados en cantidades ridículas (ver gráfico) que no alcanzan el millón y medio de euros entre ambos. De aplicarse los registros oficiales a una eventual venta o privatización (dios tampoco lo quiera) no faltarían jeques dispuestos a multiplicar por mucho el precio registrado por la administración del Estado.

Cierto es que la sola mención de esa hipótesis provocaría una revuelta descomunal que al grito de ¡Muera la hipótesis! pondría a funcionar la guillotina en el Generalife o en el Patio de los Arrayanes y, desde luego, saldrían a relucir las cimitarras. Descartada la hipótesis, el ridículo valor contable asignado por la Administración (Ministerio de Educación y Cultura) se justifica por razones catastrales para satisfacer en su caso el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) al Ayuntamiento de la ciudad y compensar de este modo el coste de los servicios del consistorio.

A la misma norma obedece el valor contable registrado por el departamento que dirige el ministro Iñigo Méndez de Vigo de las ruinas y yacimientos de Medina Azahara, la ciudad que ordenó construir Abderramán III en 936 como capital del califato de Córdoba. Con un valor contable atribuido a los elementos arquitectónicos, yacimientos y terrenos de 7,9 millones de euros, vale apreciar que, al menos, se halle registrada como un bien público, algo que no ocurre con la Mezquita-catedral, utilizada y explotada económicamente por el obispado cordobés y registrada como si fuera propiedad de la Iglesia Católica.

Del imponente patrimonio del Estado en manos de la Administración central en Madrid (ver gráfico), solo el Teatro Real, valorado en 148 millones de euros, se acerca al desembolso realizado por los sucesivos gobiernos en rehabilitar y restaurar el edificio. Su valor contable registrado es incluso superior al del inmenso edificio de la plaza de Colón que alberga la Biblioteca y el Museo Arqueológico Nacional y cuyos contenidos bibliográficos y étnicos poseen un valor que nadie en su sano juicio sería capaz de establecer.

El Museo del Prado en 2016, Madrid. / Wikipedia

Tampoco el contenido de una de las pinacotecas más importantes del mundo, el Museo del Prado, es mensurable, sin que ello quiera decir que el edificio de Villanueva no haya sido valorado en 51,7 millones de euros o el Casón del Buen Retiro en 43,3 millones. Se colige de estas cifras un valor muy inferior al del mercado inmobiliario y más conforme con el registro catastral, que es el que la normativa dispone si no se conocen las cifras iniciales del coste de los edificios.

A finales de marzo de 2007, la entonces ministra de Cultura, Carmen Calvo, anunció la conclusión de las obras de ampliación del Museo del Prado en el área que ocupaba el famoso Claustro de los Jerónimos. El proyecto del maestro cúbico Rafael Moneo (premio Pritzker, considerado el Nobel de Arquitectura) aportó más de 15.000 metros cuadrados a la pinacoteca y recibió elogios sin tasa del concierto de los grandes medios de comunicación nacionales y algunos europeos y estadounidenses. El presidente del patronato del Prado, Rodrigo Uría, y la emocionada ministra aseguraron que la ampliación había costado 152 millones de euros. Sin embargo, fue registrada por la Administración (Ministerio de Cultura) con un valor contable de 115, 4 millones.

El Museo del Prado cumplirá su bicentenario en 2018 y sus responsables proyectan extender la pinacoteca al antiguo y cercano Museo del Ejército, lo que sería una excelente oportunidad de cumplir las normas en aras de la honradez, precisión y merecida fama de la institución. Y también, naturalmente, de la fiabilidad y el rigor de los registros de los bienes y el patrimonio público.

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