Las derechas nacionalistas de JxCat y Cs arrasan a las izquierdas en Catalunya

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Inés Arrimadas, candidata de Ciudadanos a la presidencia de la Generalitat, celebra la victoria de su formación y la consecución del escaño 37, a costa del PP. / Enric Fontcuberta (Efe)

BARCELONA.- Se cronifica el conflicto en Catalunya. Se imponen las banderas frente a las propuestas sociales. Los resultados arrojados por las urnas dibujan un panorama complicado, un Parlament dividido. El independentismo revalida su mayoría absoluta y obtiene 70 diputados (34 de JxCat; 32 de ERC; 4 de la CUP) En contraste con esto, el partido ganador de estos comicios ha sido Ciudadanos, que obtiene 37 diputados. Victoria pírrica de Inés Arrimadas que, pese a superar el millón de votos, no podrá conformar Govern. JxCat obtiene más de 900.000 sufragios. El resto de los representantes se los reparten el PSC (17), Catalunya En Comú (8), CUP (4) y PP (3).

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En el campo independentista salta la sorpresa. ERC, a quien todas las encuestas le daban como la candidatura independentista hegemónica, vuelve a quedar relegada por la derecha sucesora de Convergència, la candidatura JxCat encabezada por el president en el exilio, Carles Puigdemont, candidatura apoyada por el PDeCat. Varapalo en las filas republicanas, no podrán disputarle al PDeCat la futura presidencia de la Generalitat. ERC pierde una oportunidad histórica de adelantar a los postconvergentes. Algunos se arrepienten de no haber concurrido en una lista conjunta.

JxCat consigue amortizar la figura de Puigdemont al máximo y su condición de president depuesto por la aplicación del 155 de Mariano Rajoy le otorga el rédito electoral al haber jugado durante la campaña el rol de liderar la candidatura de país. “Estas elecciones van de decidir quién pone o quita gobiernos en Catalunya, si la población catalana o el Gobierno de Moncloa”, este mensaje, repetido hasta la saciedad, ha dado resultado. Puigdemont reclamará volver a ser president, cargo que, según él, sigue ostentando. Habrá que ver si consigue volver a España y cómo lo hace. Los exconvergentes se benefician del mayor peso en la representatividad de las zonas rurales de interior por la ley electoral. Girona y Lleida han sido plazas para JxCat, Barcelona y Tarragona, provincias para Ciudadanos.

La CUP resulta la candidatura independentista perdedora de estos comicios. Pasa de los 10 diputados que obtuvo en 2015 a tan sólo cuatro. La candidatura anticapitalista nota que ERC se haya presentado por separado, sin confluencia con el PDeCat, como hicieron hace dos años en la coalición JxSí. De esta manera, muchos votos de izquierda independentista que nunca votarían una candidatura con los neoliberales catalanes viajan a ERC. Sin embargo, vuelven a tener la llave. Sin sus votos, los independentistas no pueden formar Govern. Tensión.

En el campo españolista, el gato al agua se lo lleva Ciudadanos. La candidatura de Inés Arrimadas ha ganado las elecciones obteniendo un total de 37 diputados. Capitanea, de esta manera, el bloque unionista y le da buenos resultados el mensaje de confrontación con el independentismo que ha agitado durante toda la campaña: supuesto adoctrinamiento en las escuelas, fractura social, confrontación… Se polariza, de esta manera, el electorado catalán y vira a la derecha: JxCat y Ciudadanos. “Puigdemont a prisión” frente a “Llibertat, presos polítics”. División identitaria en Catalunya.

El PSC gana un diputado con respecto al 2015, se queda con 17. Los de Miquel Iceta no consiguen superar este umbral. Este partido, que en el pasado suponía la alternancia a la derecha de Convergència, no ha conseguido materializar los buenos resultados que le otorgaban algunas encuestas que le situaban en el umbral de los 20 diputados. Iceta, que se veía como un posible president de consenso, se tendrá que conformar con ser el portavoz del cuarto grupo del Parlament.

Enorme varapalo para el PP de Xavier García Albiol que tan sólo obtiene tres representantes en el Parlament para la próxima legislatura, pierde ocho diputados. Los del PP compartirán grupo mixto con la CUP, curiosa mezcla. Triple fracaso de Mariano Rajoy este 21-D, quien convocó estas elecciones. Por un lado, los catalanes castigan la política del PP durante los últimos años con respecto a Catalunya y se convierte en un partido residual en el panorama político catalán. Por otro lado, no ha conseguido esquivar la mayoría independentista parlamentaria, Rajoy tendrá que enfrentarse, de nuevo y con muchas probabilidades, a un ejecutivo catalán independentista. El problema catalán seguirá siendo el problema de España. Por último, estas elecciones han supuesto el despegue de Ciudadanos, ganador de las elecciones, que tendrá consecuencias en el campo de la derecha del resto del Estado.

Malos resultados también para Catalunya En Comú. Los de Xavier Domènech obtienen tres diputados menos de los que obtuvo Catalunya Si Que Es Pot en 2015 y se queda, tan solo, con ocho representantes. No tendrán la llave de la gobernabilidad, tal y como pronosticaban los sondeos, los independentistas podrán gobernar en solitario si llegan a un acuerdo. Otra de sus teorías se va por la borda, no existe una mayoría progresista en Catalunya que pudiera romper con la dinámica de bloques. Gana la derecha.

Y es que una de las conclusiones más claras que se obtienen de estos resultados del 21-D es la mayoría de las derechas en Catalunya. Ciudadanos, JxCat y PP consiguen 74 diputados. Las fuerzas progresistas o de izquierdas se quedan muy por debajo. ERC, PSC, CEC y CUP obtienen 61 representantes en el futuro Parlament. El conflicto territorial beneficia a la derecha. Las propuestas en favor de la justicia social no consiguen capitanear el debate territorial.

Se puede deducir que ante la cronificación del conflicto territorial catalán, las posturas se vuelven más identitarias. Los nacionalismos de derechas ganan, el nacionalismo español de Ciudadanos y el catalán de JxCat. Ciudadanos, que tanto ha aireado una supuesta división social y una fractura entre la población catalana ha sido la primera fuerza política. De igual manera, JxCat, que ha centrado sus propuestas en la campaña en la restitución del Govern cesado por Rajoy, ha quedado convertida en segunda fuerza, la primera en el independentismo, y podrá exigir la presidencia del Govern.

Las propuestas sociales y las políticas progresistas quedan relegadas, de nuevo, en la política catalana. Se esfuma la posibilidad de un tripartito de izquierdas que, en algunas ocasiones se había barajado. Se esfuma la posibilidad de un entendimiento entre comunes y ERC que, hace unos meses, parecía una ecuación ganadora. No hay una mayoría de izquierdas en Catalunya. Los nacionalismos de derechas, español y catalán, vencen en una Catalunya dividida. Sigue el procés, habrá que ver cómo, de qué manera.