“Iglesia, di la verdad»: los ‘bebés robados’ vuelven a la calle para pedir justicia

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Las asociaciones de «bebés robados» frente al Ministerio de Justicia. / S.M

El 27 de enero de 2011 se entregó en la Fiscalía una denuncia por el robo de 261 niños durante el franquismo y hasta los años 90. Siete años después, más de un centenar de personas han marchado desde el Ministerio de Justicia hasta el Arzobispado de Madrid para exigir que se acabe con la impunidad. Piden que se abran los archivos públicos y privados para recabar datos, que el Estado busque a los menores sustraídos y que se cumplan las recomendaciones de las Naciones Unidas y el Parlamento Europeo, que instó a España a tomar medidas para reparar el daño a estas víctimas. Es decir, reclaman una Justicia para los «bebés robados»que hasta ahora, más que ciega, ha estado sorda. 

La ruta que han recorrido los asistentes, convocados por las asociaciones Adelante Bebés Robados, SOS Bebés Robados Madrid y Todos los niños robados son también mis niños, es un camino simbólico del silencio institucional al que se han enfrentado aquellos niños a quienes despojaron de su identidad o las madres que han buscado incansablemente a sus bebés. Según las cifras que han desgranado las asociaciones en un primer discurso frente al Ministerio de Justicia se han abierto “diligencias de investigación en 2.074 casos y solo han sido judicializados 522”.

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En la mayoría de los casos, los afectados se dan contra un muro cuando comienzan sus investigaciones. Ni el Estado ni las autoridades eclesiásticas les facilitan nada. “Estamos buscando a nuestra madre y venimos aquí para reivindicar que queremos nuestros datos. No nos los dan. Sabemos que los de la inclusa están en el Archivo Regional de Madrid. Sí nos facilitan los expedientes de adopción, pero son los falsos”, explica Celia, una de las niñas afectadas.

El robo de bebés comenzó aplicándose a las presas políticas en la posguerra y se convirtió en un negocio del que podrían haberse lucrado médicos, religiosas y las familias pudientes, por lo que se extendió hasta bien entrada la democracia. Algunos de los implicados siguen vivos y cuesta levantar las pesadas alfombras de España. Por eso, durante la marcha se han coreado frases como “Iglesia, abre tus archivos”, “Iglesia, di la verdad” o “Es el estado quien tiene que buscar”. Para las víctimas, este robo sistemático de menores no es un asunto privado ni familiar, sino que obedece a una trama que los poderes públicos deben investigar. “No vamos a parar hasta saber donde están”, advierte Mari Cruz Rodrigo, la presidenta de la Asociación S.O.S. Bebés Robados de Madrid. Esta incansable madre que aún busca a su hijo, nacido en el 80 en el Hospital 12 de octubre, reconoce que la herida es irreparable: “Aunque esto termine bien, nunca terminará bien. Aunque aparezcan nuestros hijos, son hombres y mujeres que hemos parido, pero que no nos conocen”.

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Charo Ruano, junto a su hija, en la manifestación. / S.M.

Charo Ruano sabe bien lo que es tocar puertas cerradas en una investigación personal. Acude a la manifestación con un cartel con los datos de su hermana, que nació en el Hospital de Cruces (Baracaldo) el 7 de mayo de 1968. La primera traba a la que se enfrentaron muchas mujeres fue el silencio. Su madre siempre hablaba en casa de un bebé «que le quitaron», pero tuvieron que salir a la luz los primeros casos para que su hija se sentara a preguntarle qué pasó. Llegó al hospital con un embarazo gemelar, le durmieron y cuando despertó, le dijeron que el segundo bebé había muerto. Al reclamar los papeles, la información no cuadraba. La afectada lo describe como un intento de puzle burdo y mal encajado: “Empecé a pedir documentación. El legajo de aborto no corresponde a mi madre. Hay otro nombre tachado por debajo y el resto de datos no son correctos. Ahí empezamos a buscar”. Esta víctima reconoce que a veces es difícil acceder a los archivos y al llegar a los juzgados, algunas denuncias acaban archivadas.

Pilar Moreno
Pilar Moreno busca a su hermana. / S.M.

Una vez agotado el cortísimo camino judicial, Pilar Moreno reconoce que cunde el desánimo. Pero la búsqueda no para: “Mi madre lo que quiere es decirle a mi hermana que no la dimos en adopción”, cuenta a cuartopoder.es mientras la manifestación cruza la Gran Vía. Su progenitora llegó a la clínica Montesa de Madrid, la anestesiaron y le hicieron una cesárea. Aunque la niña nació sana, se la llevaron alegando que se estaba poniendo morada. Cuando llegó el padre, exigió verla. Tras un episodio de tensión, donde incluso llamaron a la policía, finalmente le enseñaron un “bebé grande y congelado”. Después de que las instituciones les dieran las espalda, Moreno asegura que les queda reivindicar.

“Miles de personas viven con una identidad que no le corresponde”, explica Cristina Moracho mientras la manifestación llega al Arzobispado de Madrid, donde terminará. El 14 de mayo de 1984, tuvo un parto domiciliario. Tenía 17 años y tuvo que acudir al Clínico San Carlos. Al bebé lo llevaron a neonatos y ella tuvo que subir a quirófano. Después, le dijeron que su hijo había muerto, algo que nunca creyó. “Me insistían en que me recuperara y en que me olvidara y disfrutara de mi otra hija”, recuerda. Durante años vivió en silencio, hasta que en 2010 saltaron a los medios algunos casos como el suyo. 

Cristina Moracho
Cristina Moracho busca a su hijo. / S.M.

Se calcula que en España podrían haber sido sustraídos unos 30.000 niños, aunque podrían ser muchos más. Sin embargo, a día de hoy no hay ni un responsable que haya pagado por estos hechos. La única condenada, por el momento, ha sido la bebé robada Ascensión López, que se arriesga a entrar en prisión si no puede pagar una indemnización de 40.000 euros por injuriar a una monja. El Gobierno tampoco quiso indultarla.