Aumenta la tensión entre JxCat y ERC ante la exigencia de la calle de investir a Puigdemont

REUNIÓN ROGER TORRENT CON UGT Y CCOO EN PARLAMENTO DE CATALUÑA
Roger Torrent reunido ayer con los secretarios generales de la UGT, Camil Ros y de CCOO de Catalunya, Javier Pacheco, para establecer un frente común tras la detención de Puigdemont. / Quique García (EFE)

Las dos almas del independentismo, las dos estrategias que desde hace meses, tras las elecciones del 21-D, conviven en estos partidos vuelven a chocar. Por un lado, existe un alma que busca el pragmatismo, investir un Govern cuanto antes que ponga fin a la aplicación del 155 sobre Catalunya, aplicación que cumple hoy exactamente 5 meses desde que fue aprobada por el Senado. Esta estrategia, apoyada principalmente y con matices por ERC y el aparato del PDECAT, apuesta por sumar fuerzas para el independentismo a medio plazo.

La otra estrategia, la que defiende el entorno más cercano de Carles Puigdemont dentro de JxCat, así como la CUP, es aquella que busca una confrontación directa con el Estado, planteando la desobediencia a las advertencias del Constitucional. Esta estrategia pasa por los intentos previos de investidura de Puigdemont y de Jordi Sánchez, frente a las advertencias del Constitucional de que no se puede realizar ese debate a distancia, sin la presencia del candidato. La detención el pasado domingo de Puigdemont en la frontera germano-danesa y las posteriores movilizaciones tensan más esta compleja relación.

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Una tensión que ya fue palpable el pasado jueves, en la sesión de investidura de Jordi Turull, un día antes de que el exconseller fuera enviado por el juez Pablo Llarena a la prisión de Estremera. En aquel momento, ante un discurso del candidato de marcado perfil autonomista en el que ponía por delante políticas sociales y económicas sin nombrar la palabra ‘república’, la CUP advirtió que desde aquel momento daban al procés por muerto y que pasaban a la oposición. Votaron en contra del candidato de JxCat.

Se abría otra posibilidad para buscar una mayoría para conformar Govern en los próximos dos meses, el cronómetro empieza a correr antes de que automáticamente se disuelva el Parlament y se convoquen unas nuevas elecciones catalanas. La nueva posibilidad era la de girar hacia un bloque soberanista más transversal y buscar el apoyo de los comunes. Para eso, sería necesaria la búsqueda de un candidato a president de un perfil independiente, ya que los de Xavier Domènech se comprometieron a no investir a ningún candidato de JxCat por ser de derechas.

El viernes Turull, Raül Romeva, Josep Rull, Carme Forcadell y Dolors Bassa entraban en prisión. Marta Rovira no se presentaba ante el juez y emprendía camino a Suiza. El juez del Supremo activaba órdenes de extradición a Rovira, pero también para Clara Ponsatí, que se encuentra en Escocia, Toni Comín, Lluís Puig y Meritxell Serret, en Bélgica, y para el propio Puigdemont. Una ola de protestas en solidaridad con los presos tuvo lugar en toda Catalunya.

Al día siguiente, Roger Torrent suspendía la segunda vuelta del debate de investidura de Turull y los grupos parlamentarios tomaron la palabra desde la tribuna. Domènech pidió un amplio frente contra la represión y por las libertades en Catalunya. Torrent tomó el guante y en una posterior declaración institucional hacía lo propio: se comprometía a facilitar ese frente común hablando con las fuerzas políticas catalanas, con los principales sindicatos y organizaciones sociales.

Pero el domingo, tras la detención de Puigdemont, de nuevo las protestas tomaron las calles de las principales localidades catalanas, con cortes de autovías incluidos. A una gran manifestación en Barcelona convocada por la ANC y Òmnium se sumaron un sinfín de convocatorias espontáneas de los CDR. Una reclamación sonó con fuerza: “Puigdemont, el nostre president”. La CUP se ofrecía a entrar en la Mesa del Parlament para facilitar una investidura del detenido. Desde su entorno más cercano, vuelven a apretar en la idea de desobediencia al Constitucional.

Roger Torrent volvió a comparecer, una comparecencia dura. “Estamos viviendo los tiempos más oscuros desde el 1978”, dijo. “El presidente Puigdemont lo es en virtud de la decisión libre, soberana y democrática de sus conciudadanos expresada en el Parlament. Ningún juez, ningún funcionario tiene la capacidad para cesar, y todavía menos perseguir, al presidente de todos los catalanes”.

Unas palabras que han servido para que la líder de Ciutadans, Inés Arrimadas, haya pedido su dimisión. “Ha bloqueado el Parlament, durante meses, ha propuesto tres candidatos a la presidencia de la Generalitat que no podían ejercer el cargo, ha cambiado la fecha de los plenos en función de la agenda judicial, hace mítines de ERC en sus intervenciones y ayer dijo que los políticos no tenemos que someternos al poder judicial”, argumentó la de Ciutadans.

Torrent ha convocado un pleno para mañana miércoles en el que se debatirá una resolución presentada por JxCat, ERC y CUP sobre el derecho de Puigdemont a ser investido. Elsa Artady, peso pesado de JxCat y mano derecha de Puigdemont, ya ha mostrado su convencimiento de que tiene que ser así. ERC ha recibido con frialdad esta propuesta. Sergi Sabrià defendía ayer que la prioridad de ERC es trabajar para que sea liberado, pero no sobre su investidura. La CUP quiere investirle en su estrategia de choque frontal contra el Estado.

Papel principal de la calle

La duda es qué se reclamará en la calle. Las movilizaciones son constantes desde el domingo. Ahora estas están capitaneadas por los Comités de Defensa de la República, CDR, y no tanto por la ANC u Òmnium. Los CDR tienen un carácter más rupturista que las dos entidades principales independentistas. La presión de la calle puede ser determinante en la deriva del conflicto catalán, tal y como ya lo fue en otras ocasiones. El pasado 27 de octubre, cuando Puigdemont se debatía entre convocar elecciones o proclamar la independencia, optó por lo segundo ante una manifestación estudiantil en las puertas del Palau de la Generalitat. ¿Alentará JxCat a que se reclame la investidura de Puigdemont en las próximas movilizaciones para presionar a ERC? Es muy probable.

Nadie quiere quedar como traidor del procés. Y una nueva convocatoria electoral no es, en ningún caso, desechable. Nadie quiere presentarse a unas elecciones habiendo sido tildado de traición al movimiento independentista. Los comunes tienen claro que la ‘vía Puigdemont’ no lleva a ninguna parte, no contarán con sus votos en este sentido. Apuestan por un gobierno transversal, en el que el candidato a la Presidencia no venga de la derecha convergente.

Además, mañana se debatirán en el Pleno otras resoluciones. La de Ciutadans que pide la dimisión de Torrent; una del PSC en favor de recuperar el diálogo político, buscar consensos y rechazar cualquier vía unilateral; y otra de Catalunya en Comú-Podem que denuncia la “actitud irresponsable” del Gobierno de Rajoy y la “prisión provisional injustificada” de diputados. Miquel Iceta pedía ayer un gobierno de concentración que incluya a todos los partidos, rápidamente fue desautorizado por Ferraz, donde no quieren saber nada de proyectos compartidos con los independentistas.

Mientras tanto, Puigdemont, por decisión judicial, continuará en prisión provisional en Alemania hasta que se resuelva su extradición. En Bélgica, la fiscalía no ve riesgo de fuga de Serret, Comín y Puig y descarta su búsqueda asegurando que mantiene contacto con sus abogados. Ponsatí, en Escocia, será defendida por el prestigioso Aamer Anwar, quien asegura que la exconsellera se presentará ante la Justicia y que recurrirá la extradición. Desde Soto del Real, Jordi Sánchez se ofrece para volver a ser candidato. El viernes, el Comité de Derechos Humanos de la ONU reclamaba a España que se respetasen sus derechos políticos…