El eterno candidato: el regreso de Pedro Sánchez al Hemiciclo

  • Sánchez llegó por primera vez al Congreso en 2009 después de que Pedro Solbes dejara su escaño
  • Renunció a su acta de diputado para no tener que facilitar la investidura de Rajoy con la abstención, ni desobedecer al mandato del Comité Federal
  • Este jueves volverá al Hemiciclo para enfrentarse, como líder de la oposición, a Rajoy

6 de octubre de 2009. Un martes cualquiera en la Comisión de Industria, Turismo y Comercio. El orden del día anuncia las comparecencias de “personalidades y funcionarios de la Administración del Estado” para informar sobre el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para el 2010. El presidente del órgano, Antonio Cuevas, da la palabra a un joven socialista de 37 años. “Agradezco la presencia de la secretaria de Estado y tengo que decir que es un honor para este diputado que les habla poder intervenir por primera vez en esta casa”, pronunciaba con humildad el madrileño Pedro Sánchez.

Han pasado nueve años desde que el socialista articulaba esas palabras con modestia, en un tono que nada tiene que ver con la firmeza de su intervención el pasado martes frente al grupo parlamentario socialista. La figura de Sánchez está hoy tallada a base de golpes políticos que le han dejado la piel encallecida. Este jueves, Sánchez se subirá a la tribuna para intentar ser el próximo presidente del Gobierno vía moción de censura. Si lo logra, se mudará a Moncloa durante unos “meses”. Si fracasa, será la segunda vez que el Congreso le rechaza tras protagonizar la primera investidura fallida de la democracia en 2016.

Publicidad

El diputado Sánchez

En octubre de 2009, Sánchez llevaba menos de un mes en el hemiciclo tras sustituir al exministro de Economía, Pedro Solbes, en su escaño. El diputado se estreno en una plaza difícil: los primeros años de la crisis económica con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero intentando salvar los muebles. Al diputado le tocó vender las bondades presupuestarias “en un contexto de contención del gasto”. Es decir, los primeros recortes, aunque aún quedaban algunos meses para que el expresidente diera “el mayor recorte del gasto social de la democracia”, tal y como tituló en mayo de 2010 el diario El Confidencial. Ese mismo año, Sánchez fue elegido “diputado revelación” por la Asociación de Periodistas Parlamentarios.

Sus idas y venidas del Congreso han sido relativamente constantes. Comenzó la siguiente legislatura sin acta, pero en 2013 volvió a entrar de rebote a la Cámara Baja como diputado después de que Cristina Narbona dejara su escaño. En ese momento, Sánchez era un político desconocido y lo seguirá siendo para la mayor parte de la opinión pública hasta 2014.

En esos años, su nombre y sus apellidos saltaban a la prensa de forma limitada. En 2011, se vio envuelto en una polémica relativa a las listas del Partido Socialista Madrileño (PSM),  que provocó tensiones con la dirección del PSOE, capitaneada por Alfredo Pérez Rubalcaba. “La Comisión Federal de Listas ha colocado en el puesto 11 al diputado Pedro Sánchez, miembro del comité electoral, que iba en el 14 en la propuesta de candidatura que hizo el PSM”, informaba entonces la agencia Europa Press. En esa época también publicó un artículo en El Periódico, que después le pasaría factura, defendiendo la modificación del artículo 135 de la Constitución.

El primer mandato de Pedro Sánchez como secretario general

Pero Sánchez dio el salto definitivo en 2014 cuando decidió dar un paso al frente y presentarse a la secretaría general del PSOE, un puesto que había dejado vacío Rubalcaba con un partido a la baja. Frente a un veterano José Antonio Pérez Tapias y un conocido Eduardo Madina, fraguado en el partido, surgía un diputado desconocido y sin mochilas políticas aparentes, en una época en la que las siglas pesaban mucho. Su buena imagen le hizo incluso ganarse el apodo de “Mister PSOE 2014” en los ámbitos más frívolos.

Para Sánchez ser un desconocido no fue una desventaja. Fue al Congreso y lo ganó, con una fuerte tensión interna, por 849 votos a favor, un 86,29 por ciento del total, aupado por la federación andaluza de Susana Díaz. Tardaron poco en llegar las críticas internas. Pedro Sánchez se ganó su primera polémica asegurando que el PSOE “ni antes ni durante ni después” pactaría con el “populismo” de Podemos. A la desconfianza de la todopoderosa Andalucía se añadió después la enemistad de la ‘vieja guardia’ y la amenaza del ‘sorpasso’ de Podemos, que se quedó finalmente en las encuestas. La improvisación de Sánchez y sus decisiones sin consultar levantaron ampollas entre los barones, que veían en él más interés por lanzar su perfil que por construir partido de cara a las municipales y autonómicas. Ellos impulsaron un secretario general, no un candidato a la Moncloa. Las diferencias comenzaron a ser más evidentes de puertas para fuera. La amenaza de que Díaz se presentase a las primarias comenzaba a crecer.

Después vinieron las elecciones del 20 de diciembre de 2015, que se saldaron con la primera investidura fallida de la democracia española en marzo de 2016. En junio de 2016 hubo una nueva convocatoria electoral.

El “bochornoso” Comité Federal del 1 de octubre

El PSOE dio su espectáculo más grotesco el 1 de octubre de 2016, cuando Sánchez convocó al Comité Federal del PSOE. Unos días antes, habían dimitido 17 cargos de su Ejecutiva para forzar su salida de la secretaría general. Lágrimas, gritos, urnas y un minuto a minuto en los medios de comunicación. El PSOE volvió a partirse en dos y Pedro Sánchez acabó dimitiendo como secretario general. Fue una convulsión política, pero también personal.

El “no es no” y la épica del derrocado

La Gestora que asumió el poder decidió facilitar el Gobierno de Mariano Rajoy ante el bloqueo político que abocaba a unas nuevas elecciones. La solución era la abstención. Pedro Sánchez abandonó su escaño ante la tesitura de elegir entre entregarle el Gobierno al PP o saltarse el mandato del comité federal. El 29 de octubre, prefirió dejar su escaño e irse al paro, poniendo la primera piedra del relato que le llevaría de nuevo a Ferraz y dándole un argumento a sus fieles que se siguen usando aún en estos días. Desde ese momento, Sánchez solo ha vuelto al Congreso para reunirse con su grupo parlamentario.

Publicidad

Finalmente, Rajoy alcanzó la presidencia gracias a la abstención de los diputados socialistas con la excepción de 15 que dijeron “no”, ellos formarían después el núcleo de los ‘sanchistas’ en el Congreso y muchos de ellos serían desplazados de sus obligaciones por la Gestora.

Fuera del Congreso, Sánchez se sentó con el periodista Jordi Évole y convirtió La Sexta en su particular confesionario. Aseguró que hubo poderes financieros y mediáticos (como Prisa) que trabajaron para apuntalar el Gobierno de Rajoy, se arrepintió de haber llamado populista a Podemos y de haberse dejado doblar el pulso por los barones.

La reconquista de Ferraz

Sánchez decidió entonces coger el coche y recabar el apoyo de los militantes voto a voto con el único sustento de sus fieles, que diseñaron la estrategia territorial y le hicieron de “termómetro”. En paralelo, presionaban a la Gestora para que no alargase la excepcional situación y convocase primarias ya. Finalmente, se celebraron en mayo de 2017, con la victoria absoluta de Sánchez frente a su máxima enemiga, Susana Díaz, y Patxi López. Se abría un tiempo nuevo, donde el secretario partía con las manos libres para ejercer su mandato con autonomía y reformular su relación con Podemos.

La crisis catalana parte la estrategia de Sánchez

El escenario político español se ha ido complicando en los últimos meses, con Cataluña como foco. El mismo dirigente que dejó su escaño para no aupar a Rajoy de nuevo a Moncloa se vio obligado a apoyar el artículo 155 después de que el Gobierno de la Generalitat, encabezado por Carles Puigdemont, creara la legalidad paralela y una República catalana. El Gobierno decidió judicializar su respuesta. Dirigentes catalanes en el extranjero, en la cárcel o en los juzgados protagonizaron titulares en las siguientes semanas.

En mayo, Quim Torra se convirtió en el nuevo presidente de una Generalitat. El PSOE ha endurecido el tono ante la llegada de un líder independentista “racista” y “supremacista” a la Generalitat y se ha colocado sin dudarlo al lado del Estado y, por tanto, de la estrategia del Gobierno. Hasta que hubo un nuevo giro de guion con la sentencia del caso Gürtel, en el que se condenaba al PP como beneficiario, y que desembocó en una moción de censura socialista contra el Gobierno.

El próximo jueves, Pedro Sánchez volverá al Congreso como protagonista y regresará de nuevo a la tribuna para enfrentarse a Rajoy, con ese traje de Ave Fénix que se ha puesto tantas veces. Si logra los apoyos, será la primera moción de censura que triunfa en la democracia. Si fracasa, será la segunda vez que el Congreso le rechaza.