Jordi Amat: “Lo de los presos imposibilita una negociación efectiva sobre Catalunya”

  • Entrevista al autor de ‘La conjura de los irresponsables’, ensayo político sobre el procés
  • Amat analiza la actual situación, tras la reunión de Sánchez y Torra y la no extraditación de Puigdemont por rebelión

Jordi Amat (Barcelona, 1978) es el autor de ‘La conjura de los irresponsables’. Filólogo y escritor, se ha especializado en las relaciones entre cultura y política durante el siglo XX. Ha biografiado a Ramon Trias, Josep Benet y, como ensayista, además de con el libro ya citado, ha destacado con sus obras ‘Las voces del diálogo’, ‘El llarg procès’ y ‘La primavera de Múnich’. En ‘La conjura de los irresponsables’, Amat hace un recorrido crítico por las causas y el desarrollo del procès, transitando por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, la consolidación de las grandes movilizaciones independentistas, entre otros momentos, hasta el pasado y caliente otoño catalán del 2017. Un libro imprescindible para comprender qué ha pasado en Catalunya y en el resto del Estado en esta cuestión. Un relato en el que la irresponsabilidad es la protagonista. Le entrevistamos en cuartopoder.es para conocer su visión sobre la actualidad política catalana.

— En su libro ‘La conjura de los irresponsables’, narra cómo la difícil situación que se vivió en Catalunya y el resto de España el pasado otoño fue consecuencia de una serie de irresponsabilidades por ambas partes de largo recorrido. Con las noticias que hemos conocido esta semana, le pregunto: ¿Hasta qué punto ha sido irresponsable el juez Llarena?

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— Para ser tajante en mi respuesta debería hacer una consulta previa a mi abogado (y la verdad, no tengo abogado). Diría que el relato de los hechos que se desprende de los autos de Llarena no se corresponde con la realidad: confunde palabras con hechos y a partir de su sobreinterpretación de las palabras construye una realidad que, analizada con buena fe, a ciencia cierta sabemos que no existió. Es peor que una irresponsabilidad. Es una injusticia que oculta la peor de las responsabilidades: la del Gobierno de Mariano Rajoy.

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— ¿La decisión de extraditar a Puigdemont sólo por malversación supone, como dice el propio Puigdemont, una derrota del Estado?

— No caigamos en la demagogia que hace de la parte el todo. Es, fundamentalmente, una impugnación severísima del argumentario inquisitorial escrito por Llarena y jaleado por parte del poder español incapaz de procesar la crisis catalana como una crisis de la democracia española.

— ¿Esta decisión judicial alemana apoya la tesis de que los dirigentes independentistas que están presos en España son presos políticos? ¿Hasta qué punto los podemos considerar así?

— No sé si existe una definición compartida de qué es un preso político. Yo doy por hecho que los encausados cometieron a conciencia y de manera reiterada un delito político, la desobediencia descarada, pero, además, la judialización penal del caso ha evidenciado que serían perseguidos más allá de esos delitos con la voluntad de descabezar de manera vengativa la cúpula política del proceso soberanista.

— Reunión Sánchez-Torra. ¿Inicia un nuevo ciclo político de “responsabilidad”, frente a la “irresponsabilidad” anterior, según describe en su libro?

— Escenifica el cambio de clima, que estaba viciado y era irrespirable. La cuestión es si los dos presidentes, que no cargan con responsabilidades previas, quieren y pueden renovar una lealtad institucional para pactar una salida consensuada al colapso al que los irresponsables nos llevaron. El nuestro puede ser un momento para la responsabilidad.

— La CUP, CDR y algunos otros sectores del independentismo acusan a Torra de volver al autonomismo. ¿Es así? ¿Se ha salido alguna vez del autonomismo?

— Hace más de una década que la hegemonía política en Cataluña intenta salir del autonomismo. Lo ha intentado por las buenas y por las malas y no lo ha conseguido porque el marco legal vigente sigue siendo el que era. Ni se ha reformado ni se ha desbordado. Pero la acusación, más allá de la batalla ideológica, me parece vana: ¿cómo, después de todo, puede saltarse ese marco sin provocar una regresión tanto democrática como en relación a la consolidación del autogobierno?

— ¿Cabe imaginar un horizonte de negociación política? ¿Hasta qué punto se puede ver esto influido por las decisiones judiciales, por el macrojuicio contra el independentismo que se desarrollará dentro de unos meses? ¿Volverá la alta tensión?

— Es difícil de imaginar. Hay diálogo, pero no hay negociación. Y, al fin, sin negociación habrá enquistamiento de la crisis territorial. ¿Tiene rentabilidad política dicha tensión? Sí, para los extremos. La situación de los presos, en este sentido, genera y generará una tensión que imposibilita la negociación efectiva. Mientras se mantenga, la salida me parece imposible.

— ¿Se convertirán las elecciones municipales del año que viene en Catalunya, tal y como pretenden algunos sectores del independentismo y Ciudadanos, en un plesbicito entre independencia y no independencia? ¿Qué papel puede jugar Ada Colau en este sentido?

— El procés ha actuado como una apisonadora en la vida política catalán: todo lo que toca lo convierte en dicotómico (el ‘sí’ o ‘no’ del plebiscito, como si no hubiera espacio entre o al margen del ‘no’ y del ‘sí’) sin lograr hacer una síntesis de la dialéctica cada vez más tensa que le da vida. Es improbable que la alcaldesa Colau (que ha logrado no quedar del todo devorada por esa apisonadora) pueda revertir dicha dialéctica, pero sólo desde Barcelona y el municipalismo puede hoy fundarse una alternativa a la lógica saturnal del procés.

— Si tuviera que ordenar de mayor a menor responsabilidad a los irresponsables en este conflicto, ¿quiénes serían, según usted, los tres irresponsables principales? ¿En qué orden?

— El principal ha sido Mariano Rajoy: el único líder político, en la oposición y en la presidencia, que ha cubierto completo el ciclo de la irresponsabilidad. Durante años pensé que Artur Mas, al redoblar permanentemente la apuesta para forzar una negociación bilateral, había actuado como un político irresponsable, pero al fin quien activó el botón de la unilateralidad sin contar con una mayoría ciudadana que lo respaldase fue el president Puigdemont. Tal vez el pódium sea suyo, pero tras ellos la fila es larga y, medio despistado, por activa o por pasiva, no me extrañaría descubriéndome esperando turno.

— Buena parte del independentismo, ERC sobre todo, apuesta por sumar, por crecer en su base social, como hoja de ruta para lograr la independencia. ¿Cómo valora esta estrategia?

— Me parece la única democráticamente aceptable. Sin una mayoría clara y sostenida, el independentismo, para lograr sus objetivos utópicos pero legítimos, sólo podría actuar de manera autoritaria.

— Si la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut supuso la llamada “desafección de la política” verbalizada por el president Montilla. ¿Viene un momento de afección a la política o eso es ser demasiado optimista?

— No habló de una desafección de la política –que no se ha producido porque el populismo es, sin duda, una palanca de politización a gran escala- sino de una desafección de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña en relación al Estado. ¿Si viene un momento de afección? El cambio de clima, por ahora, permite ilusionarse con esa posibilidad. Lo complejo es saber aprovecharla. Lo difícil es saber reactivar la política.