La desigualdad perjudica seriamente la salud o por qué es importante crear un observatorio

  • El Ministerio de Sanidad ha recuperado el Observatorio de Salud de las Mujeres
  • "Hay mucho campo de estudio en lo relativo a salud y género: desde cómo afectan de manera distinta a hombres y mujeres las mismas enfermedades, a la equidad en la recogida de datos o la falta de investigación en patologías femeninas"

“La respuesta a la violencia de género está muy enfocada al ámbito policial y judicial. A los juzgados llegan un 20% de los casos, pero el 100% de las mujeres maltratadas pasan por la consulta de los médicos”. Esta afirmación del profesor de Medicina Legal en la Universidad de Granada, Miguel Lorente, pone de manifiesto la trascendencia de recoger datos precisos sobre las pacientes que pasan por los centros médicos. Pero hay mucho campo de estudio en lo relativo a salud y género: desde cómo afectan de manera distinta a hombres y mujeres las mismas enfermedades, a la equidad en la recogida de datos o la falta de investigación científica y farmacológica en patologías puramente femeninas. El Ministerio de Sanidad, que dirige Carmen Montón, ha recuperado el Observatorio de Salud de la Mujer, que ha presentado esta semana a las entidades sociales.

Aún han trascendido pocos detalles sobre las líneas de trabajo del organismo pero tal y como explicó la ministra el pasado martes, empezarán por tres grandes áreas: salud sexual, violencia de género y enfermedades específicas o de mayor prevalencia en las mujeres. En realidad, Montón no ha inventado nada nuevo: ha recuperado un organismo creado en 2004 y suprimido por el gobierno de Mariano Rajoy en 2014. “Nuestra referencia del trabajo que realizó ese organismo es muy buena. Eran momentos en los que se empezaron a plantear cuestiones bastante incipientes en políticas de Igualdad”, recuerda Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres, que reconoce que hay preocupación por “cómo se contemplan los problemas de salud de las mujeres“.

La creación del observatorio es especialmente importante: los datos, el conocimiento al fin y al cabo, sirve para guiar la dirección de las políticas públicas. “Es necesario que se nos tenga en cuenta y que la medicina no tenga los sesgos que tienen los datos médicos. Muchas investigaciones, excepto las del sistema reproductor femenino, están hechas con hombres“, asegura Teresa San Segundo, directora del Centro de Estudios de Género de la UNED. La falta de conocimiento y de su divulgación hace que la población no conozcan datos tan básicos como que un infarto se puede manifestar de forma diferente en una mujer que en un hombre. Esta falta de información provoca que a veces se confunda con problemas estomacales.

Los expertos creen que hay un gran campo de trabajo por delante a la hora de estudiar aquellas enfermedades que inciden más en esta población, como la fibromialgia, o las que son exclusivamente femeninas pero pueden estar infradiagnosticadas como la endometriosis.

El sexo, pero también el género

Los propios condicionales sociales acaban repercutiendo en la salud de las mujeres de forma diferente que en la de los hombres. “Las mujeres viven más pero también viven con menos calidad de vida”, recalca Soleto. “Son más longevas, pero cuando llegan a la vejez son más pobres, se encuentran más solas y con peor salud“, añade Laura Seara, exdirectora del Instituto de la Mujer y consultora de Red Talento. Esta experta apuesta por aplicar la perspectiva de género de forma transversal, también en materia de salud: “Las necesidades de los hombres y las mujeres son distintas. El género influye hasta en el consumo de alcohol o psicofármacos“, concreta.

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Todo repercute en la salud. Las dobles jornadas a las que se ven sometidas las mujeres que trabajan fuera y dentro de casa, el rol de cuidadoras que asumen en la mayoría de los casos o los trabajos feminizados, que muchas veces están peor pagados, acaban pasando factura. Enfermedades como la depresión tienen una mayor incidencia en mujeres y también están expuestas con mayor frecuencia al estrés. Además, Lorente apunta también a cómo influyen estas desigualdades en la calidad de vida de los pacientes crónicos.

Además, Seara pide que se preste atención a las mujeres más vulnerables: “Cuando los servicios públicos se recortan, quienes más lo sufren son las mujeres. Ellas comienzan a suplir en casa los cuidados que antes se daban de forma profesional”, advierte. Los datos que arrojó el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2017 fueron reveladores. En España, el 95% de las mujeres se encarga del cuidado y la educación de sus hijos frente al 68% de los varones. Respecto a las tareas domésticas, un 84% de mujeres españolas realizan las tareas del hogar a diario frente a un 42% de hombres.

Lorente advierte de una paradoja con respecto a las mujeres. En algunas ocasiones, se medicalizan en exceso algunas patologías sin buscar la causa principal, mientras que en otra se “patologizan procesos naturales”. Sobre esto último, el experto ejemplifica: “Cuando una mujer tiene una depresión con 50 años, se le dice que es porque es consecuencia de la menopausia y del fin de la regla. Pero la menopausia no es una razón para tener depresión. No puede parecer normal que las mujeres se depriman“, explica sobre la repercusión de los tópicos en la vida cotidiana de las ciudadanas.

Para buscar lo que hay detrás de algunos síntomas genéricos que llegan a las consultas, el médico debe armarse de conocimiento y formación para llegar a la verdadera causa: “Cuando una mujer acude al médico por situaciones de estrés a veces le mandan ansiolíticos para que no esté nerviosa, en vez de buscar la causa. Hay que resolver las causas”, insiste el experto, que asegura que ese podría ser el cuadro que presentase, por ejemplo, una mujer que sufre violencia machista por parte de su pareja y que no la comunica de forma explícita. No hay que esperar a que esa misma mujer entre un día por urgencias con una lesión física.
El papel del observatorio en este campo es uno de los puntos en los que coinciden todos los expertos. “Un informe médico detallado puede cambiarte la vida de cara a un futuro juicio. Los médicos deberían atreverse y poner que los síntomas de esas mujeres son compatibles con una situación de violencia”, coincide San Segundo. Lorente también apuesta por sistemas como el cribado universal, por el que los médicos consideren la violencia como una posible causa más sobre la que preguntar a las pacientes. Casi un 80% de las asesinadas durante este 2018 no habían denunciado. Por tanto, es indispensable detectar la violencia en otros espacios que las víctimas consideren de confianza como una consulta de atención primaria. Además de datos, hay que darle herramientas y formación a los médicos para saber qué hacer después y cómo acompañar a la paciente.
Pese a la importancia capital del enfoque de género en la salud, los profesionales consultados reconocen que sigue habiendo muchas resistencias. Seara lo ejemplifica con una anécdota personal. En 2010, cuando ella dirigía el Instituto de la Mujer, financiaron una elaboración de un “Mapa de Inervación y excitación Sexual en Clítoris y Labios Menores”, respaldado por centros como la Universidad Complutense, la Rockefeller University o el Hamot Medical Center. Los descubrimientos tenían trascendencia científica en el ámbito de la genitoplastia, pérdida de sensibilización genital o reconstrucción del clítoris, clave tras procesos tan brutales como las ablaciones. Sin embargo, recuerda cómo en la prensa se frivolizó y se criticó hasta el extremo solo por tratarse de salud femenina: “Cuando las disfunciones se producen en los hombres, se inventa la viagra y se anuncia incluso en portadas de periódicos nacionales, pero como se trataba de las mujeres se montó un escándalo“, recuerda.
Además de una cuestión de justicia, es una cuestión de ciencia y rigor que puede desembocar en darle mayor consistencia a las políticas públicas, tal y como concluye Lorente: “Todo diagnóstico basado en una construcción cultural tiene el riesgo de no corresponder con la verdad científica”.