Sánchez utiliza el caos del Brexit contra el independentismo catalán

  • El presidente del Gobierno ha decidido usar el Brexit como el ejemplo de qué ocurre cuando un proyecto de ruptura acaba en referéndum... y lo gana.
  • Encuentra muchos paralelismos: excesiva emotividad, culpabilización de un tercero, "expolios imaginarios", etc.

La falta de iniciativa del ex presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a la hora de combatir el relato independentista en el exterior era uno de los principales reproches que se le hacían desde la oposición socialista durante su mandato. El actual jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, no quiere caer en el mismo error que su antecesor y, tras el aumento de tensión en Catalunya esta última semana, ha decidido usar el Brexit como el ejemplo de qué ocurre cuando un proyecto de ruptura acaba en referéndum… y lo gana.

El 1 de octubre de 2017, la imagen de las cargas policiales durante la consulta catalana corrieron como la pólvora en medios de comunicación y redes sociales en todo el mundo. La democracia española quedaba anclada a la fotografía de la represión policial. El independentismo había ganado un relato que, desde su llegada a la Moncloa, Pedro Sánchez se esfuerza por combatir. Puso la cartera de Exteriores en las manos de Josep Borrell, se ha llenado la agenda de visitas internacionales, pese a lo complicado de la política interna, y aprovecha para dibujar el separatismo como una amenaza no solo para España, sino también para Europa en algunos de sus discursos más importantes.

También ha creado una Secretaría de Estado de la España Global, que sustituye al Alto Comisionado para la Marca España y que ha puesto en manos de Irene Lozano, exdiputada de UPyD. Una de sus primeras acciones fue lanzar el vídeo ‘This is the real Spain’ para reforzar la imagen de la democracia española con motivo del 40 aniversario de la Constitución. En él se mezclan las intervenciones de personalidades como el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, con españoles ilustres como la cantante Ainhoa Arteta. Y sí, también  sale el actor Richard Gere.

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Este miércoles, Sánchez ha aprovechado su discurso en el Pleno del Congreso de los Diputados para trenzar el fracaso del Brexit con las aspiraciones independentistas en Catalunya. No era un día cualquiera: unas horas después, la primera ministra británica Theresa May se enfrentaba a una moción de censura interna. La votación sobre el acuerdo de desconexión tiene tensa a Inglaterra desde hace semanas.

Por tanto, la actualidad le ha brindado a Sánchez un gran ejemplo para ensamblar en el relato interno y externo las desastrosas consecuencias de los procesos rupturistas en los que se mezclan ambiciones nacionalistas, derecho a decidir y desinformación. Su discurso ha estado plagado de paralelismos interesados entre el Brexit y el Procés. Estos son algunos de ellos:

Manipulación y una decisión binaria

Sánchez cree que ambos movimientos tienen «retóricas similares», construidas con un relato de «agravios inventados y magnificados por la manipulación». Si en el caso británico, esas afrentas se materializaban en la Unión Europea, para el independentismo se condensan en el Estado español.

Además, el presidente señala las simplificaciones de cuestiones muy complejas que acaban resolviéndose con una «decisión binaria», un sí o un no, dentro o fuera: «Se obliga a escoger entre ser europeo y ser británico. A ser español o a ser catalán».  Es decir, estos debates niegan el espacio a la «moderación» en favor de «opciones más radicales».

La creación de un enemigo

Para asegurar la cohesión interna, nada mejor que un enemigo externo. Sánchez cree que en ambos procesos «se culpabiliza a un tercero» para obviar «los recortes en educación, en sanidad que erosionan la cohesión social y la confianza en las instituciones». En esa misma concepción binaria, «se fuerza a la población a militar en campos enfrentados». Para Sánchez, estos proyectos rupturistas pretenden que un tercero pague la factura que ha dejado la austeridad de los gobiernos conservadores.

La frustración que nadie quiere gestionar

El presidente cree que en ambos casos se ha construido una «ensoñación» que acaba chocando con una realidad y generando «un enorme caudal de frustración que nadie quiere gestionar». Sánchez se ha referido explícitamente al ex primer ministro Cameron que convirtió «un problema de partido, del partido Tory,  en un problema europeo y global» y a Teresa May, que se enfrentaba a la moción que finalmente ha ganado.

No se ha traído los nombres de la gestión a la Península, pero podría ser una referencia al ex president Puigdemont, hoy huido al extranjero, y a su sucesor, Quim Torra.

La guerra de las emociones

La emotividad de los discursos políticos es otro de los puntos en común de ambos procesos, un patrón que se caracteriza por «la primacía de las emociones viscerales sobre la razón», que abre la puerta a «un escenario en el que lenguaje y sentimientos se manipulan».

Esta dinámica hace, a su juicio, que se cree (y que triunfe) una narrativa «contraria a la lógica de los tiempos». Para Sánchez esa lógica es dar «respuestas globales» a «desafíos globales» con «un proyecto común, más integración, más unión».

Campañas basadas en «mentiras»

A juicio de Sánchez, ambos procesos han tenido como punto de partida una «grotesca campaña de mentiras y de desinformación». En este argumento, sí ha dado ejemplos concretos. En el caso de Inglaterra, ha mencionado los «350 millones de libras semanales que iba a recibir de vuelta el Reino Unido para financiar -decían ellos- su sistema público de salud» con la salida de la Unión Europea.

En el caso de Catalunya, se ha referido, entre otros muchos asuntos, a «unas balanzas fiscales falsas» o a la «supuesta facilidad con la que entrarían en Europa».

Un referéndum como instrumento de división

Otra de los paralelismos entre ambos procesos es el uso del referéndum, pero aquí hay un pequeño matiz. Mientras en Reino Unido ya se ha producido un referéndum y ahora se están gestionando las consecuencias, en Catalunya aún parece lejano el consenso para que se lleve a cabo una consulta pactada. Aún así, Sánchez ha hecho referencia a las «analogías tramposas» que aluden al «referéndum escocés» ignorando que «nace de un Tratado Internacional de hace más de tres siglos entre Escocia y el Reino Unido».

Pero lo que más le ha interesado resaltar es la insatisfacción que han generado esos referéndums, planeándose tiempo después la sombra de la repetición. «Está pasando en Escocia, donde ya se está pidiendo un segundo referéndum. Está pasando también en el Reino Unido, donde también se está planteando un segundo referéndum, en relación con aquellos que perdieron esa votación». Si la consulta no ha logrado resolver el conflicto previo, las consecuencias comienzan a ser palpables: «Incertidumbre económica e inestabilidad; frustración y división social», además de «una crisis constitucional sin precedentes».

Para Sánchez, el Brexit es una precuela de lo que puede ocurrir en Catalunya: «No hay ganadores. Todos son perdedores. Sobre todo, los más humildes. También los más jóvenes. Conviene tener en cuenta esa lección», ha asegurado sin disimular la intención del paralelismo.