El Congreso no confía en la “soberbia” de Sánchez y complica su relato de cara a las elecciones

  • Casi todos los partidos de la oposición se han quejado de la pasividad del PSOE en las negociaciones
  • La nueva convocatoria da una nueva oportunidad a la ultraderecha, que ahora usará en campaña los instrumentos institucionales como el derecho a participar en los debates electorales

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"No existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso de los Diputados, en su caso, le otorgue su confianza", con esta frase escrita dentro de un comunicado distribuido por la Casa del Rey, se certificaba que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, no ha logrado convencer al resto de grupos parlamentarios de ser un candidato apto para la presidencia del Gobierno. De nuevo, la Cámara Baja le vuelve a dar la espalda, como ya hizo en julio de 2019. Desde el fracaso de la primera investidura fallida de esta legislatura, Sánchez no ha logrado recabar ni un solo apoyo más, a excepción del Partido Regionalista de Cantabria (PRC) con el que ya contaba antes del parón estival. Esta circunstancia complica uno de sus principales argumentos: el de haber intentado "por todos los medios" un acuerdo que no ha sido posible.

Todos los partidos de la oposición han constatado estas semanas la falta de voluntad de diálogo del presidente del Gobierno y así lo han expresado públicamente. El mismo martes, y tras la ronda de contactos con el rey, el líder del PP, Pablo Casado, se quejó de la "soberbia" y la "displicencia" del "candidato con menos escaños que se ha presentado a una investidura”. Minutos antes, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, había percibido que Sánchez prefería "la opción de elecciones". Minutos después de que se produjera el comunicado que ponía rumbo a las elecciones, el dirigente de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, también se quejó de la "arrogancia" del presidente del Gobierno. 

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La queja se ha extendido por  todo el arco parlamentario. Grupos como Compromís han hablado de la "pachorra" de Sánchez, que empezó a negociar tarde y dosificó demasiado las reuniones y las llamadas. Lo mismo ha sucedido con el PNV o con Coalición Canaria. El lunes, tras ver al rey, la portavoz canaria Ana Oramas también dibujó  “un gobierno que no tiene interés en llegar a acuerdos": "Después de esa investidura fallida no ha querido tener negociaciones para llegar a un posible acuerdo”.

Escapar de la responsabilidad

Después de que la Casa del Rey comunicase que no se dan los mimbres para una nueva investidura, Sánchez dio un discurso que ya sabía a mitin desde Moncloa, defendiendo su gestión de gobierno y repartiendo culpas: "Ha sido imposible cumplir con el mandato electoral de los españoles. Lo he intentado por todos los medios, pero no lo han hecho imposible".

El presidente del Gobierno echó las culpas a su derecha y a su izquierda. A los primeros por contribuir al bloqueo, a los segundos por "impedir " hasta cuatro veces un gobierno progresista, contando con las investiduras de 2016. Sin embargo, Sánchez obvió en su comparecencia la otra cara de la moneda: las reiteradas veces en los últimos años que el Congreso le ha rechazado como candidato a la Presidencia del Gobierno.

Pero esta vez es distinto. En este caso, el PSOE es el partido ganador de las elecciones y no había alternativa posible con un acuerdo de la oposición. De nuevo, ha firmado un fracaso histórico. Aún así, ha vuelto a pedir un esfuerzo a los españoles de cara a los nuevos comicios del 10 de noviembre: "Que lo digan aún más claro y que no haya más bloqueo". Quiere una mayoría más cómoda.

Un gobierno en funciones y una nueva oportunidad para la derecha

Como él mismo relató en su comparecencia en Moncloa el martes, España afrontará con un gobierno en funciones la sentencia del Procés, el Brexit o la previsible desaceleración económica internacional. Además, ya van cinco meses de parón legislativo y el Estado sigue funcionando actualmente con los Presupuestos Generales del Estado (PGE) prorrogados que diseñó el ministro del PP, Cristóbal Montoro. Si hay convocatoria electoral en noviembre, se prevé que el ejecutivo no arranque hasta principios de 2020 y la situación se prolongue.

Pero hay otros peligros. El principal, la abstención del electorado progresista. Los nuevos comicios dan una nueva oportunidad a las tres derechas de arrebatar Moncloa al PSOE. Esta vez, Sánchez se encontrará con un líder del PP escarmentado tras haber perdido la mayoría en el Senado y con una ultraderecha que afrontará la campaña con los instrumentos que ofrece la democracia parlamentaria, como el derecho a estar en los debates electorales o la posibilidad de mandar las papeletas a casa, como se encargó de señalar el líder de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso el mismo martes.

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