Los dimisionarios de Ciudadanos, verdaderos autores de la campaña electoral de Rivera

  • "Rivera no ha retirado su propuesta, pese a ser consciente de que ya carece de utilidad, aunque no de relato, lo que realmente interesa en esta eterna precampaña"
  • "En ningún caso vamos a apoyar a Pedro Sánchez. Ni por activa ni por pasiva un voto de Ciudadanos va a servir para que Sánchez sea presidente del Gobierno", dijo Villegas

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Las voces lejanas de los dimisionarios y críticos de Ciudadanos vuelven a tener fuerza en esta difícil semana política, tanto es así que van a ser ellos los auténticos creadores del nuevo relato de la campaña electoral que va a protagonizar el líder de esta formación, Albert Rivera. Sus voces han resonado desde este lunes, pero no gracias al beneplácito de su exlíder. El motivo ha sido la propuesta de última hora de Rivera de abstenerse en la ya extinta investidura de Pedro Sánchez. De hecho, el presidente de Ciudadanos ha hecho oídos sordos al aplauso irónicos que le han concedido sus excompañeros de formación desde que lanzó su órdago, como quien escucha un "te lo dije" de la boca de quien no es su amigo, pero termina aplicando su consejo.

Rivera ofreció este lunes su abstención (a expensas de negociarla con el PP) en la investidura de Sánchez a cambio de tres condiciones: la primera, que el PSOE "rompa en Navarra con Otegi", en referencia a la abstención de EH Bildu para permitir un gobierno del PSN, Geroa Bai y Podemos en la comunidad foral, y así abrir la senda para que los socialistas pacten con Navarra Suma; la segunda, sentarse para planificar la aplicación del artículo 155 en Cataluña si el presidente de la Generalitat, Quim Torra, desacata la eventual sentencia del 'procés' (además de comprometerse a no indultar a los presos independentistas); y la última, que el líder socialista no suba los impuestos en los Presupuestos Generales del Estado ni haya cargas adicionales a los autónomos.

Pero este martes, después de que Sánchez transmitiese al líder de Ciudadanos mediante una irónica carta que estas tres demandas ya se cumplían, Rivera tachó de "tomadura de pelo" su respuesta y le pidió que rectificase. Finalmente el volantazo del líder de los naranjas se quedó en un (quizás) maniobrado despiste en carretera. Tan posible es ese “quizás”, que tras el anuncio del Rey de no proponer candidato para la investidura, y por lo tanto, la puesta en marcha de la maquinaria para unas nuevas elecciones el 10 de noviembre, Rivera no ha retirado su propuesta, pese a ser consciente de que ya carece de utilidad, aunque no de relato, que ya se sabe que es lo que realmente interesa en esta eterna precampaña.

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El oportunismo de la propuesta de Rivera

Existe la posibilidad de que el ofrecimiento de abstención de Rivera fuese puramente estratégico, es decir, que el líder de los 'naranjas' ya contase con los 'noes' de Casado y de Sánchez, jugando así al despiste para ganar el tan ansiado "relato" de cara a unas posibles elecciones, y restando de paso unas horas a la ajustada negociación.

Pero no deja de ser curioso el hecho de que haya siquiera planteado una opción que él mismo ha rehusado durante meses y hasta la saciedad; un rotundo 'no es no' que incluso en su momento propició la dimisión de varios miembros de su partido.

El rechazo de Rivera antes de investidura fallida de Sánchez se basaba, según él, en la relación del líder socialista con "los independentistas, populistas y herederos de Batasuna". Entonces, y en forma de réplica, Sánchez le reclamaba la abstención como "tarea de Estado", precisamente en lo que se ha sustentado la actual propuesta del líder de Ciudadanos, en una "solución de Estado".

Lo paradójico viene con la contrarréplica a Sánchez del líder 'naranja' en aquellos meses: "Lo que es una cuestión de Estado es que haya una oposición firme al sanchismo. Eso es hoy una cuestión de Estado. Si la única oposición de Estado a Sánchez son los que tienen 55 casos de corrupción por resolver… el caso Bárcenas, la Gürtel o el caso Lezo, Sánchez va a estar una década, no una legislatura. Nos jugamos estos días tragarnos a Sánchez una legislatura o una década. Eso es lo que elegimos estos días con la investidura".

Estas fueron sus palabras para defender la imposibilidad de una abstención por parte de su partido, pero parece que de una investidura a otra las cosas han cambiado mucho para Ciudadanos. En cambio, para el resto de los mortales, los últimos dos meses se han vivido como un continuo "déjà vu".

Y esto no es todo, porque ya en abril, antes de las elecciones generales, el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, aseguraba que no apoyaría al líder socialista ni ante una posible repetición electoral: "En ningún caso vamos a apoyar a Pedro Sánchez. Ni por activa ni por pasiva un voto de Ciudadanos va a servir para que Sánchez sea presidente del Gobierno", y también afirmaba que esta decisión no iba a cambiar fuese cual fuese "el dibujo y la aritmética parlamentaria".

Tras los comicios y hasta este lunes volvería a negarse Rivera en reiteradas ocasiones. Incluso tras ver cómo entre sus filas nacían las críticas a esta postura, que al final dieron lugar a varias dimisiones.

La voz de los dimisionarios

Una de las grandes pérdidas fue el exportavoz económico del partido, Toni Roldán, quien ya se ha pronunciado este martes sobre este cambio de posición de su exlíder: "Ojalá este sea el principio de un giro hacia la sensatez", señalaba en un artículo.

Para Roldán es "muy positivo que Rivera rectifique", según ha manifestado (antes de que Sánchez desechase la proposición) en su cuenta oficial de Twitter, en la que también ha lanzado un mensaje a Rivera con cierta dosis de resquemor: "Solo falta que Cs use su enorme poder aritmético para exigir el resto de reformas que España necesita". Este breve cambio de postura del líder 'naranja' ha sido para Roldán una reafirmación de su teoría sobre cómo tendría que haber actuado Ciudadanos (aunque seguramente con la sospecha del tacticismo electoral que escondía el asunto).

Por su parte, el concejal del Ayuntamiento de Barcelona Manuel Valls, aplaudió también el giro de Albert Rivera, aunque, más precavido que Roldán, se guardó un as en la manga puntualizando que llegaba tarde y advirtiendo que este giro no debía ser nunca "un movimiento electoral".

Uno de los críticos (pero desde dentro del partido) con el 'no es no' a Sánchez de Rivera, ha sido el jefe de la delegación europea del partido, Luis Garicano, quien quizás se ha precipitado al felicitar al presidente de su formación afirmando que Ciudadanos "ha sido y es el partido responsable y comprometido con el futuro de nuestro país".

Y el vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, que también defendió en su momento una posible abstención en la investidura de Sánchez, escribió en su cuenta de Twitter: "Una oferta sensata de un partido sensato", pero sin saber, por supuesto, que en cuestión de horas esa oferta sensata de un partido sensato iba a terminar siendo papel mojado.

El tacticismo de Rivera se podía intuir desde el nacimiento de la propuesta al recordar, precisamente, estas dimisiones que tanto daño causaron en su momento al partido. Ya que el motivo de que se produjesen fue la negativa a negociar una abstención en la investidura de Sánchez, una cuestión que Rivera no ha dudado en poner encima de la mesa sin necesitar, esta vez, presiones internas de ningún tipo. Lo que deja entrever que, o mucho han cambiado las cosas estos dos meses dentro de Ciudadanos, o muy poco sustento tenía esta repentina iluminación de Rivera.

Finalmente, todo ha quedado en una agridulce sorpresa para los críticos de la postura de Rivera, que por un lado han podido demostrar que su posición no estaba tan alejada de las posibilidades de actuación de Ciudadanos, como así sentenciaba Rivera; pero por otro también han observado, y lo podrán seguir haciendo, como la propuesta ha sido simplemente un movimiento de tacticismo electoral del presidente del partido, en una ya presagiada repetición de comicios el próximo 10 de noviembre.

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