Ciudadanos se refugia en Cataluña para frenar un batacazo electoral

  • Toda la maquinaria electoral de Ciudadanos se está trasladando a Cataluña, como en sus orígenes

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“La originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones”. El artífice de esta reflexión es el mismo que el de la Sagrada Familia, Antoni Gaudí. Una idea que bien ha podido servir para inspirar al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en su maniobra para frenar el derrumbe de escaños que puede sufrir su partido en los próximos comicios. Toda la maquinaria electoral de Ciudadanos se está trasladando a Cataluña, como en sus orígenes, porque ante un descalabro de las estructuras nacionales es mejor volver al calor de los cimientos y así coger fuerzas. En Cataluña la formación naranja puede mostrarse -sin grandes rivalidades- como “la única opción para frenar el independentismo”, puede abrirse por una buena causa al socialismo para “defender juntos la Constitución en Cataluña”, e incluso alardear de ser el partido del desbloqueo en vez presentarse como el de la oposición.

Mientras los socialistas, el PP o Vox utilizan la ‘cuestión catalana’ como arma arrojadiza, para Rivera realmente es un refugio con vocación de trinchera. Las últimas encuestas presagian un batacazo electoral para los naranjas, y los sondeos internos les dicen que son el partido con el votante menos ideologizado, más volátil y, por lo tanto, más propenso a la abstención. Por ello, el líder de Cs ha decidido volver a casa, a la circunscripción en la que, después de Madrid, más escaños ha obtenido en las últimas elecciones generales del 28-A y donde los enemigos no pueden atacarle ni perjudicarle con tanta facilidad.

En busca de un espacio electoral

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Ciudadanos comenzó su andadura política en Cataluña, donde se erigió como la solución al independentismo que eludía posicionarse dentro del espectro izquierda-derecha. Aspiraba a sumar por ser el salvador de los desencantados; más tarde intentaría asentarse como una formación de centro-izquierda aprovechando, según ellos, “el vacío de representación que existía en el espacio electoral de centroizquierda no nacionalista”. Hace tres años Rivera despojaría a su ideario del término “socialdemocracia” y comenzaría a definirse como un partido de “centro liberal progresista”, y a reconocerse, poco a poco, en el flanco de las derechas, aunque dando acelerones ideológicos cuando el PP -partido al que llaman “socio natural”- le dejaba un hueco a su izquierda, como ocurrió desde que Casado comenzó a liderar a los populares.

Los de Casado han decidido luchar por aquel espacio perdido y los pronósticos dicen que, por el momento, parece que les va bien; el PSOE también ha optado por entrar con dureza en la batalla por ganar el relato del constitucionalismo y el patriotismo, empezando por Cataluña. Ambos quieren conquistar el volátil terreno de Ciudadanos y, si nadie le deja sitio a Rivera, ni él mismo sabe dónde puede estar su lugar. En esta encrucijada, el líder de los naranjas ha decidido emprender la vuelta a casa para recordar un poco sus orígenes, porque quien olvida de dónde viene a veces no sabe a dónde va, una postura que, por cierto, el dimisionario Toni Roldán, o los críticos Luis Garicano, Javier Nart y Xavier Pericay siempre tuvieron muy clara.

El primer paso ha sido reunir todos los esfuerzos de la campaña en Cataluña, aprovechando que lo que suceda y lo que se diga sobre la sentencia del Procés o las detenciones de los CDR va a ser determinante en las próximas elecciones del 10 de noviembre. Viendo que a los socialistas ya no les tiembla el pulso con la amenaza de aplicar el artículo 155 o activar la ley de Seguridad Nacional, Rivera ha considerado que la mejor solución si no puedes vencer al enemigo es unirte a él. Por lo que, sin pasar por una coalición, ha tendido la mano a Sánchez para abstenerse en una posible investidura, volviendo a sus orígenes de partido que huye del espectro ideológico porque lo que busca es desbloquear la solución “priorizando políticas y normas por encima de siglas y dogmas”.

Rivera ha pasado de su ambición de sorpasar al PP y ser el líder de la oposición, a su papel de partido bisagra, con un discurso centrado en la convivencia y el desbloqueo para así tratar de ilusionar de nuevo a un electorado tan etéreo como desencantado.

Cataluña, un balón de oxígeno para Rivera

‘España en marcha’ es el lema de esta campaña, frente al de ‘¡Vamos!, Ciudadanos’ de la anterior. Rivera ha rebajado sus expectativas y ha diseñado propuestas centradas fundamentalmente en Cataluña; ha sido el único líder que se ha presentado en el Parlament el 1 de octubre; el grupo parlamentario de Cs en Cataluña ha lanzado una moción de censura sabidamente fallida para alzar la voz contra el PSC como no pueden hacerlo con el PSOE a nivel nacional. Sus mensajes en ‘Twitter’ no dejan lugar a dudas: frente a la estrategia de la pasada campaña de sacar del Parlament a la exlíder de Ciutadans Inés Arrimadas e incorporarla como número dos y portavoz del Congreso para reforzar a su formación en todo el territorio, ahora Rivera está enalteciendo y mediatizando la figura de la que es la actual líder del partido en Cataluña, Lorena Roldán.

Repite Arrimadas como cabeza de lista por Barcelona en el Congreso, le seguirá en la lista Fernando Páramo (el sustituto de Roldán) y secretario de comunicación del partido. No hay grandes contrastes entre la nueva lista y la anterior, excepto porque los de Rivera han incorporado nombres de UPyD. Y aunque ya lo hicieron en las europeas de mayo, nunca fue así en unas generales debido a los continuos rechazos por parte de la formación magenta. Que Ciudadanos incorpore a Cristiano Brown y Fernando Savater puede ser, en realidad, otro síntoma de debilidad; Brown irá en el puesto número 7 por Madrid -cuando en las europeas fue en el 11- y Savater cerrando la candidatura (37). En las pasadas generales Ciudadanos sacó 8 escaños por Madrid, por lo que la incorporación de Brown en ese puesto podría indicar que la formación naranja no vaticina llegar a los siete escaños en esta circunscripción, y que quizás el partido magenta sea el encargado de impulsar y asegurar los escaños de dos imprescindibles para Rivera: Patricia Reyes y Miguel Gutiérrez, los números 5 y 6 por Madrid, respectivamente.

Ciudadanos se centró en las circunscripciones de seis o menos escaños en las pasadas elecciones y le salió muy bien la jugada, ya que pasó de 32 a 57 diputados, quedándose solo a 9 del PP. Las encuestas dicen que esos asientos se han perdido por el sendero de la repetición electoral y que los socialistas y los populares serán los que recojan las migajas el 10 de noviembre. Ante este escenario, para Ciudadanos es mejor asegurarse las circunscripciones grandes, las que reparten más de 7 escaños, pero centrándose en las dos principales: Madrid y Barcelona.

En la primera han decidido empezar a hacerlo vendiendo su pacto con UPyD y el fin del veto al PSOE; en cambio, la segunda la utilizarán como un refugio para la precampaña. Pero quien sabe si tras la sentencia del Procés este refugio puede pasar a convertirse en trinchera. Al fin y al cabo, para Rivera la mejor defensa siempre ha sido un buen ataque.

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