POLÍTICA

Mapa político para noviembre

  • Vox juega a ser antisistema y a separarse, al máximo, del resto de fuerzas políticas
  • Catalunya vuelve a la primera línea de la política con la detención ayer de 21 personas
  • En distintos países europeos, las protestas contra las medidas dictadas para contener la pandemia van tomando importancia

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El Congreso, como un mapa en el que se puede leer la coyuntura política, ayer celebraba la primera sesión de control al Gobierno tras la moción de censura de Vox. Como se viene aventurando desde entonces, la ruptura en la bancada de las derechas entre PP y Vox continúa y el debate sirvió para ponerla en práctica. La ausencia de Santiago Abascal en el hemiciclo hizo que tomaran el protagonismo Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona. Las preguntas al Ejecutivo se convirtieron en ataques al PP y en disimular, dialécticamente, el ser “la única oposición” al Gobierno. “Han conseguido tener a todos los partidos de la Cámara de su lado, excepto a uno”, pregonaba Espinosa de los Monteros.

Vox juega a ser antisistema y a separarse, al máximo, del resto de fuerzas políticas, aspirando a recoger las frutas caídas de los árboles por el huracán de la pandemia. Por su parte, Pablo Casado iniciaba la jornada afeando a Pedro Sánchez su propuesta para reinstaurar el estado de alarma, la duración de seis meses y que no sea el presidente, sino el ministro de Sanidad, Salvador Illa, quien asista a dar la cara al Congreso. Sánchez aprovechaba para descolocar al líder del PP al proponerle una revisión del estado de alarma en cuatro meses, en vez de al medio año. El líder del PP no respondió, se limitó al papel que traía preparado.

El PP vira de la bronca permanente a la política. En los corrillos del Congreso, dirigentes populares se apresuraban en vender un PP negociador, que abre la mano a pactos con el Gobierno, un partido de Estado, dicen. Para ello, ponen dos premisas: que retire la actual propuesta de estado de alarma, que actúe así también con la reforma del CGPJ, y que se siente a negociar ambas cuestiones, tal y como una Ley de Pandemias, el ala socialista del Gobierno, dejando fuera a Unidas Podemos. Teodoro García Egea, fiel a su estilo, atizaba al vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Este, recogía el guante y retomaba el tono profesor: “Su tono moderado ha durado menos que la mili de Abascal”.

El Gobierno luce unidad en estos momentos en los que tiene buenos horizontes para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Unas cuentas que, de salir finalmente aprobadas, darían estabilidad a la legislatura. Ayer, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, los registraba en la Cámara y comenzaba así su tramitación parlamentaria: hasta el 6 de noviembre los grupos podrán presentar las enmiendas a la totalidad, cuyo debate se celebrará los días 11 y 12; hasta el 17, las parciales; la aprobación en pleno se traslada del 30 de noviembre al 3 de diciembre.

Iglesias, en su respuesta a Olona sacaba pecho de la unión que la semana pasada mostraron diferentes grupos parlamentarios en un manifiesto conjunto frente a la ultraderecha. En el mismo, firmaba la mayoría de la investidura de enero a la que se sumaba JxCat y CUP. Las expectativas del Gobierno de cara a sacar adelante las cuentas son positivas. La duda de si estas contarán con el apoyo de ERC o Ciudadanos sigue presente. Los primeros, con unas elecciones catalanas en el horizonte (si la pandemia lo permite, el 14 de febrero), mantienen la duda de si votarán hoy a favor de la propuesta de estado de alarma del Gobierno, una vez que le han sonsacado al presidente una comparecencia cada dos meses en el Congreso. Catalunya vuelve a la primera línea de la política con la detención ayer de 21 personas y 31 registros por supuestos desvíos de fondos al entorno de Puigdemont y al Tsunami Democràtic.

Hoy, en el Congreso, debate sobre la propuesta de estado de alarma del Gobierno. El independentismo catalán cambia su actitud sobre el apoyo tras la Operación Volhov de ayer. Sobre este tema, el estado de alarma, Más País y Compromís registraban ayer una enmienda por la cual Sánchez debería acudir a la Cámara una vez al mes para dar explicaciones sobre la situación de la pandemia y el estado de alarma. Toda votación en el Congreso se convierte en un puzzle.

Mapa político de noviembre.

De derecha a izquierda. La ultraderecha quiere materializar sus aspiraciones de convertirse en la fuerza política protesta, mirando a un horizonte oscuro: la pandemia tiene visos de empeorar la crisis sanitaria y económica y social. Caldo de cultivo para la antipolítica y la desafección ciudadana. El PP se tambalea, presionado por Vox, entre una oposición destructiva con el Gobierno y convertirse en un partido de estado proponiendo alternativas a la coyuntura. La batalla entre ambas derechas parece asentarse y continuará. Ciudadanos necesita pasar página y perder de vista la foto de Colón. Intentan que sus diez diputados en el Congreso cuenten al máximo, la prensa madrileña les mima como de costumbre y ansían ser escuchados por el Gobierno de coalición.

El PSOE pone las luces largas y disfruta de la bronca entre las derechas. Sacar los presupuestos ha de ser un trámite de cara a afrontar la legislatura fortaleciendo la coalición gubernamental y resalta la colaboración con el PNV como socio prioritario, esta vez frente a Ciudadanos, en el asunto del impuesto al diésel. El grupo de Inés Arrimadas puede ser llevado al extremo por parte del PSOE en la negociación presupuestaria, Ciudadanos, irreconocible, cambió de estrategia hace meses y necesita para materializarla formar parte de la foto de los presupuestos.

Unidas Podemos se juega todas las cartas a la labor de Gobierno. Que los números que se expresan en el proyecto de presupuestos se conviertan en medidas sociales perceptibles para la ciudadanía en los próximos meses es la carta que ponen sobre la mesa, todo o nada. El espacio confederal viene menguando electoralmente desde hace años, Galicia y Euskadi fueron la debacle este verano, y las broncas internas no cesan. Ayer, nuevo capítulo en Andalucía, con la expulsión de Teresa Rodríguez y sus diputados afines del grupo Adelante Andalucía en el parlamento sevillano. Otra lucha cainita.

El resto de la mayoría de la investidura aspira a ser relevante de cara a la aprobación de las cuentas, pero el Gobierno puede perder apoyos en sus gestos hacia el PP y Ciudadanos. La operación de ayer en Catalunya supone un jarro de agua fría en el entendimiento con el independentismo catalán. Buena parte de los aparatos judicial y policial del Estado dificultarán este entendimiento, no es la primera vez. Buena parte de la prensa también se acompasa. Del debate sobre los indultos a nuevas detenciones, las cuales se producen con un componente espectacular aplaudido en tertulias y portadas madrileñas.

Este es el mapa con el que la política española afronta un mes de noviembre cuyo plato fuerte son los Presupuestos. Se abre, además, un periodo en el que los Gobiernos autonómicos adquirirán relevancia en la gestión del estado de alarma. Un momento político que solo se comprende desde múltiples prismas, un mapa complejo. En un contexto social en el que el hartazgo por la pandemia pesa sobre los hombros de la ciudadanía y las preocupaciones económicas y sociales se multiplican en las familias. La mecha puede prender por donde menos se contempla, en distintos países europeos, las protestas contra las medidas dictadas para contener la pandemia van tomando importancia. Los confinamientos severos se extienden por el continente, otra vez.

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