5 escenarios (+1 de regalo) ante la investidura (o no) de septiembre

  • Ya han pasado 20 días desde la investidura fallida y pocos movimientos han habido
  • Desde que no haya un debate de investidura, hasta que resulte fallida, pasando por un gobierno a la portuguesa, de coalición o apoyos de Unidas Podemos sin pedir nada a cambio

Como quien no quiere la cosa, ya han pasado 20 días desde la investidura fallida de Pedro Sánchez. Con el límite temporal del 23 de septiembre para que haya gobierno, de lo contrario se convocarían unas nuevas elecciones. Un escenario que a sectores del PSOE les agrada, pues estudian encuestas que les anuncian un aumento significativo de diputados y un retroceso de Unidas Podemos: la hegemonía socialista de la izquierda estaría asegurada después de que se tambaleara en el ciclo 2015-2016.

Sánchez ha puesto durante estas semanas el piloto automático de campaña, ya ha demostrado destreza en su uso en distintas ocasiones, y, salvo esta semana de vacaciones en Doñana, ha mantenido una agenda activa, reuniéndose con colectivos sociales y sindicatos. La excusa: rehacer un programa progresista que sirva para reiniciar negociaciones con Unidas Podemos de cara a un gobierno a la portuguesa.

Además, para limpiarse el lastre de tan solo haber conseguido un apoyo, el del PRC, además de los 123 socialistas, en la investidura fallida de julio, también ha anunciado reuniones con otras fuerzas políticas. Ya la mantuvo con Compromís, en València, con Mónica Oltra y Joan Baldoví, tendrá lugar también, previsiblemente la semana que viene, con la dirección del PNV en Bilbao. También con el PRC. Incluso, otros miembros del PSOE tendrán contactos con los “nacionalistas catalanes”, en propias palabras de Sánchez, para evitar la expresión “independentistas”. El objetivo: arrinconar a Unidas Podemos y reforzar las contradicciones internas en el grupo confederal que ya se vieron en julio.

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Sin embargo, es Unidas Podemos el grupo necesario, “socio preferente” en palabras del propio Sánchez, para desatascar el entuerto. Sin sus votos, nada de nada. Y ambos, socialistas y morados, lo saben. Las estrategias disimuladas hasta ahora son, como hemos dicho, por parte del PSOE conseguir el apoyo social y en la Cámara más amplio posible para agudizar la presión sobre los de Pablo Iglesias a la hora de sentarse a hablar de un “gobierno a la portuguesa”, es decir, de un acuerdo programático conjunto y un gobierno monocolor del PSOE. Para ello, el factor tiempo es determinante, y, de este modo, el secretario de Organización del PSOE y ministro en funciones de Fomento, José Luis Ábalos, ya se ha expresado orientando al “último momento” como deadline para solucionar el conflicto.

Por parte de Unidas Podemos, desde semanas antes de la investidura fallida, Iglesias aseguraba que habría gobierno de coalición en septiembre, porque no salen las cuentas de otra manera. Hasta septiembre, el PSOE tendría que acostumbrarse a que ya no es un momento bipartidista de gobiernos en solitario, cambiar su cultura política, y vería cómo los gobiernos de coalición se iban sucediendo en las distintas comunidades autónomas, algo que ha quedado demostrado durante los últimos meses. Sin embargo, Sánchez parece convencido de no ceder a estas presiones, aunque desde Unidas Podemos, al menos públicamente, siguen confiados en esta opción.

De esta manera, cinco escenarios podrían darse en septiembre, jugando con las distintas variables. Un escenario más, de regalo, se le podría sumar a la manita, aunque parece descartado de antemano. El secretario general del PP, Teodoro García Egea, presente ayer en la primera jornada del debate de investidura de Isabel Díaz Ayuso, proponía que fuera el Grupo Socialista el que se abstuviera para facilitar un “gobierno a la madrileña” de las tres derechas y ultraderechas, PP, Ciudadanos y Vox.

El primero de ellos, una investidura fallida, es decir, que Sánchez volviera a presentarse a un debate sin los apoyos necesarios atados. Esto parece descartado por el PSOE, en palabras del propio Ábalos, solo se volvería a presentar si cuenta con los votos necesarios para ser investido presidente. Esta opción podría ser plausible como una última medida de presión a Unidas Podemos, para ese “último momento” del que hablaba el ministro de Fomento, para aumentar la temperatura y el estrés social y volcarlo contra Unidas Podemos.

El segundo, que no haya debate de investidura antes del 23 de septiembre porque ningún presidenciable pueda optar a ganarla. De este modo, se convocarían automáticamente nuevos comicios generales para el 10 de noviembre. No disgusta esta opción a algunos próximos de Sánchez que arrojarían contra Podemos el mal de la ingobernabilidad. Desde Unidas Podemos, repiten que Sánchez tiene más que perder, el gobierno, que ellos mismos, algunos diputados.

El tercero, que Sánchez cediera ante Unidas Podemos y aceptara un gobierno de coalición. Difícil parece, una vez que desde la investidura fallida de Sánchez de julio se han hartado en subrayar la desconfianza existente entre ambas formaciones.

El cuarto escenario sería un acuerdo programático y gobierno a la portuguesa. Sánchez resultaría victorioso en el conflicto que mantiene con Iglesias y este último saldría perdedor. Podría quedar debilitado interna y externamente si no consiguiera encauzar el mensaje de que ha primado la responsabilidad para evitar un supuesto plan de Sánchez de buscar una repetición electoral.

El quinto escenario posible sería que Unidas Podemos facilitara con sus votos un gobierno de Pedro Sánchez sin, ni siquiera, llegar a un acuerdo programático. Sánchez no podría apuntarse el tanto de haber conseguido un acuerdo a la portuguesa frente a Iglesias. Iglesias se colgaría la medalla de la responsabilidad de evitar un nuevo escenario electoral. Sánchez, en minoría, tendría que conseguir apoyos para cada una de las medidas que necesitara aprobar en el Parlamento. Iglesias le esperaría a la vuelta de la esquina, en la negociación presupuestaria.