Óskar Matute: “Es el momento de que Unidos Podemos hable de repúblicas en plural”

  • Entrevista con el diputado de EH Bildu en el Congreso

Bilduetarras, batasunos… Con estas expresiones en tono despectivo se han referido las derechas y ultraderechas españolas a la coalición EH Bildu desde que el PP fue desalojado de la Moncloa por la moción de censura. Así han calificado a los dos diputados que, integrados en el grupo mixto, han representado a los cerca de 200.000 votantes que les eligieron en las elecciones generales de junio de 2016. Al finalizar la legislatura más convulsa de las últimas décadas, hacemos balance con uno de estos representantes de la coalición de la izquierda independentista vasca.

Óskar Matute (Barakaldo, Bizkaia, 1972) es líder de Alternatiba, fuerza política surgida tras una escisión de Ezker Batua, la antigua federación referente de IU en el territorio vasco. Ahora, Alternatiba es uno de los partidos que integra EH Bildu, la coalición en la que se encuentra también la izquierda abertzale de Sortu, Aralar, así como Eusko Alkartasuna. EH Bildu llama, desde hace meses, a otras fuerzas independentistas de izquierdas de otros territorios, como ERC o BNG, a converger de cara a futuros comicios. Así lo harán en las europeas con la coalición Ahora Repúblicas, y están en conversaciones para hacerlo en las generales del próximo 28 de abril. El diputado recibe a cuartopoder.es en su despacho del Congreso el último día de legislatura, para conversar sobre la situación política española y vasca.

—  Día de despedidas en el Congreso. ¿Qué balance hace de la legislatura?

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«La propuesta de la derecha es recentralizar e involucionar democráticamente»

— La legislatura es un reflejo de la situación política del Estado español: convulsa y atípica. Empezamos con un Gobierno del PP gracias a un cambio de posición del PSOE. A mitad de legislatura, la moción de censura hizo que el PSOE llegara al Gobierno. Esta inestabilidad es propia de la situación en la que se encuentra el Régimen del 78. Más allá de que opciones políticas electorales hayan perdido fuerza por el camino para combatir al régimen, lo que parece es que estamos en un fin de ciclo caracterizado por cómo se dará carpetazo a las construcciones del 78.

Se decía que la segunda Transición se haría pasado un tiempo y, por lo tanto, liberados ya de la amenaza de los estertores del Franquismo, por lo que sería más democrática y respetando más la pluralidad. Sin embargo, vemos que la propuesta de la derecha es que se ha cedido demasiado a los nacionalismos periféricos y que, por lo tanto, hay que recentralizar e involucionar democráticamente. Este es el momento en el que nos encontramos. Por eso, señalamos que hay dos opciones: o hacer frente a la involución democrática, a esa “España en blanco y negro” que dice el PSOE desde un proyecto radicalmente democrático para el Estado y los pueblos que lo conforman o, de lo contrario, seguiremos viviendo tiempos convulsos e italizanización de la política, con gobiernos que durarán poco y partidos que pasarán del todo a la nada.

— En la moción de censura votaron a favor de Pedro Sánchez. EH Bildu haciendo política estatal…

— No nos podíamos inhibir. Más allá de que nuestra apuesta sea un estado propio, Euskal Herria, y nuestro enfoque vaya fundamentalmente, no únicamente, a las clases populares de Euskal Herria, no podemos apartarnos de una realidad que nos afecta, la estatal. Teníamos que tomar partido y no había otra opción que apoyar la moción, no tanto porque nos gustara Sánchez, sino porque había que echar a Rajoy, a un partido corrupto. Otra cosa es si la alternativa a Rajoy ha cumplido expectativas, pero había que echar al PP.

— Las derechas y ultraderechas dicen que los bilduetarras son una pata que sustenta el Gobierno del PSOE. ¿Cómo explican esto a las bases abertzales?

«La derecha española no se caracteriza por su riqueza intelectual»

— Las descalificaciones de trazo grueso de la derecha española no necesitan explicación, obedecen a su capacidad analítica, que tiende a cero. La derecha española no se caracteriza por su riqueza intelectual, son exabruptos de una derecha cavernícola, retrógrada y que está a la par de la ultraderecha que ha nacido en Europa, aunque aquí llevan más tiempo.

Nuestra gente entendió que teníamos que desalojar al PP, de gratis. Ahora el PSOE dice que con quien estamos conchabados es con el PP, por no votar a sus presupuestos. Creo que hay que tener más respeto por los ciudadanos, en cualquier capítulo de Barrio Sésamo hay más profundidad intelectual que en las afirmaciones de estos políticos españoles. Eso, lo que demuestra es la valoración que hacen de sus ciudadanos y su capacidad intelectual. Hacen discursos vacíos pensados para estúpidos y yo no pienso que la ciudadanía española sea estúpida. Algo no funciona.

— El PSOE ha gobernado con el apoyo principal de Unidos Podemos. ¿Cómo valora las medidas sociales impulsadas por este Gobierno? ¿Qué balance hace de una legislatura de una fuerza de izquierdas nueva como Unidos Podemos? 

«Podemos cae en los errores clásicos de la izquierda española»

— En la acción de gobierno de Sánchez ha habido mucho ruido y pocas nueces. No tengo la sensación de que hayan habido cambios tan profundos. Ha habido voluntad de cambios, pero por falta de tiempo o de ganas, la sustancia es escasa. En aquellos lugares en los que se ha regulado algo hay mejoras con respecto al PP, pero se queda muy lejos de la situación previa a la crisis. De la misma manera que hacen un discurso de crecimiento económico que afianza la tesis de que hemos salido de la crisis, nadie plantea recuperar el nivel de prestación social previo a la crisis. El PSOE no lo plantea y Unidos Podemos, que seguro que lo ha intentado, no lo ha conseguido.

Dicen que son los presupuestos más sociales de la historia, pero creo que en datos no es real, los datos son peores a los previos a la crisis. ¿Qué eran los presupuestos previos a la crisis, estratosféricos? No nos pueden decir que no votar esos presupuestos era poco menos que traicionar al marxismo científico y a la siguiente semana hacer una campaña diciendo que el PSOE no es de fiar. ¿En qué quedamos, Podemos?

Eso es un síntoma evidente de un proceso de complicaciones con las que vive Podemos. Creo que está atravesando un periodo de ciertas dificultades. En parte vienen por el mal endémico en la izquierda española de búsqueda del enemigo interno en vez de concentración contra el enemigo externo. Por otro lado, hay una dificultad para definir un proyecto político tras la renuncia o dejación del principio del asalto a los cielos.

Para la izquierda independentista vasca no es una buena noticia. Querríamos que hubiera una contraparte en la izquierda española con la que combatir a la derecha, puesto que el PSOE no es un aliado por los conflictos que mantenemos con ellos. Eso es lo que nos gustaría, pero vemos que Podemos está cayendo en los mismos errores clásicos de las izquierdas del Estado español. Además, vemos una indefinición política, en Catalunya se vio muy claro. Una cosa es el discurso que se hace antes de las elecciones sobre el referéndum y otra su actitud a la hora de ponerlo en práctica, ya vimos a Catalunya Sí Que Es Pot. Entiendo que para una opción política que defiende el Estado español como su marco nacional es complicado explicar que este marco se puede disgregar fruto de la voluntad democrática de una de las partes.

— Ha hablado de Catalunya, es imposible no hacerlo al analizar esta legislatura. ¿Cómo valora los cambios llevados a cabo por el Gobierno de Sánchez con respecto a Catalunya?

«Con la coerción no se va a conseguir nada con Catalunya»

— Me suena al padre coercitivo que te dice que no te quiere castigar, pero que lo hace por tu bien. El 155 lo apoyó el PSOE, quien pidió que se modificara en la Constitución el delito de rebelión y sedición fue Sánchez. Otra cosa es que cuando ha llegado al Gobierno, se haya dado cuenta de que con la coerción no se va a conseguir nada más allá de meter en la cárcel a un grupo de personas y arruinarle la vida a una serie de gente. Así, no se va a eliminar un sentimiento extendido en la sociedad catalana, no se va a restablecer la conexión con el Estado de quienes vieron cómo el 1-O la policía les rompía las cabezas.

El voto independentista es un voto de negación de España. El problema de España, no del PP, sino de España, ojalá no lo sea también de Podemos pero tengo dudas, es que no tiene una respuesta democrática al encaje territorial, no existe ese diagnóstico, solo existe el de la coerción.

Sánchez abrió el diálogo bilateral entre los ministros y los consellers, es cierto, pero cuando se pacta un foro de debate más o menos permanente en la que una persona independiente haga de facilitador para buscar puntos de acuerdo y metodologías, las derechas le empiezan a meter presión, convocan una manifestación que no sale muy bien, y previamente decide romper. Si ese es el bagaje con el que Sánchez quiere ir a Euskal Herria y Catalunya a presentarse como el hombre capaz de solucionar los problemas, triste balance. Somos críticos porque no vemos avances.

— Se dijo aquello de que el independentismo estaba haciendo resurgir el fascismo…

«Si el fascismo resurge es porque no estaba muerto»

— No lo comparto y me parece un insulto a la memoria antifascista del Estado español. Me parece un error de la izquierda española, de Podemos, una irresponsabilidad. Sería como decir que el auge del feminismo y de las movilizaciones exitosas que viene llevando a cabo hace resurgir a Vox, que pide listas de gente que trabaja en materia de género. Me parece una sinrazón. Si el fascismo resurge es porque no estaba muerto. Si no estaba muerto, hay que plantearse por qué, tras 40 años, el fascismo seguía latente.

Curiosamente, donde menos fuerza y presencia tiene la ultraderecha es en Euskal Herria. El fascismo es muy débil allí y no gracias a la izquierda española. El problema es la falta de cultura democrática de buena parte del pueblo español, y hay una gran parte del pueblo español que tiene una gran cultura democrática. Es el error de la izquierda española histórico, buscan enemigos entre sus potenciales aliados antes que sumar fuerzas para hacer frente a los verdaderos enemigos.

— ¿Cómo augura que será la respuesta del Estado con Catalunya?

«La respuesta a Catalunya será represiva, es el drama del Estado español»

— La respuesta del Estado será la única que sabe dar, como no tiene respuesta democrática, será represiva. De vez en cuando, la mitigará con golpes de efecto, reducirá las condenas, permitirá regímenes penitenciarios más abiertos, pero hasta ahí. La respuesta será represiva, es el drama del Estado español. No entiendo cómo quiere ofrecer un proyecto de país moderno si no es capaz de plantear convivencia con la diversidad que hay.

Probablemente, los juicios acaben con condenas y Catalunya continúe experimentando diversas fórmulas de represión, pero, se equivoca quien crea que con mano dura va a conseguir erradicar el independentismo. No vas a dejar de ser o sentir lo que eres o sientes. Lo que van a conseguir es que crezca el número de gente que entienda que no merece la pena vivir con alguien que no te respeta, que considera que puede hacer contigo lo que le dé la gana.

El Estado español está atravesado por una profunda crisis de régimen, esta crisis se visualiza en tres grietas, la económica, la institucional y la territorial, y siempre hemos defendido que cualquiera de las tres nos valía para intentar derrumbar al régimen y sumaríamos con el resto de las izquierdas para ello. Pensábamos que la grieta más fácil para derrumbar el régimen era la territorial, porque es más fácil conseguir mayorías holgadas en Catalunya y Euskal Herria. Es tiempo de forzar al Estado español. No me imagino que los catalanes dejen de defender su república catalana, igual que nosotros un país propio.

— ¿Cómo ha afectado la aceleración del proceso catalán al proceso nacional vasco?

«Catalunya vive una realidad paralela a la nuestra»

— Son procesos diferentes. De la misma manera que hace unos años existía una vasquitis y parecía que había que hacer algunas cosas que hacían los vascos, ahora es al revés. Nosotros, con Catalunya, mostramos solidaridad activa, pues es un pueblo que vive una realidad paralela a la nuestra, pues es el mismo estado el que les impide a ellos y nosotros autorreferenciarnos como nación y desarrollar un proceso de autodeterminación.

A partir de ahí, tenemos que ser capaces de convencer cada día a más gente de que el Estado español no ofrece más garantías para tener una vida digna que las que podamos ofrecer nosotros. En el Estado español hay unas mayorías políticas que no quieren cambiar aspectos fundamentales y las izquierdas viven acomplejadas porque estas mayorías se mantengan.

En Catalunya y Euskal Herria, probablemente, tenemos capacidad para que la correlación de fuerzas sea diferente a la del Estado español. Nos expresamos de forma electoral muy diferente. ¿Por qué Ciudadanos no tiene ni un concejal en Euskal Herria, a Vox no se le espera y el PP y PSOE juntos tienen la misma representación que EH Bildu?

— ¿Qué papel juega en este contexto el proceso de reforma del Estatuto vasco?

«El Estatuto vasco demostrará los límites de una negociación bilateral»

— El Estatuto de Autonomía fue el primero en crearse, pero, desde entonces, no se ha modificado nada. Más allá de las 37 competencias pendientes, que son transferencias por ley, pero que el PSOE y PP las usan para cambiarlas como cromos a cambio de apoyos del PNV, que ha aceptado a jugar a esto, el único intento de modificar el Estatuto fue el Plan Ibarretxe en el 2005 y ni siquiera se admitió a trámite en el Parlamento español.

En su día, planteamos que, para ganar legitimidades, y creemos en las vías democráticas y la suma de voluntades para provocar cambios, vamos a permitir que haya un debate en el Parlamento Vasco que construya una propuesta de nuevo estatuto. Después, se debería traer a Madrid, se ratificaría y se votaría por la ciudadanía vasca. Estamos seguros de que el Estado español no lo va a aceptar y será un ejemplo potente para demostrar a la gente que el Estado español no soluciona las distintas propuestas territoriales de forma democrática. El debate del Estatuto será una manera eficaz de demostrar los límites de cualquier negociación bilateral con el Estado. Eso nos hará avanzar como pueblo.

— Otegui planteaba hace unos meses la necesidad de confluir con otras izquierdas independentistas de otros territorios del Estado. En las europeas ya han construido la coalición Ahora Repúblicas, ¿veremos algo similar para las generales?

«Ante el autoritarismo que viene, soberanismo de izquierdas»

— Estamos abiertos. Ante el autoritarismo que viene, el soberanismo de izquierdas tiene que tener una agenda compartida. La llave del bloqueo o del desbloqueo la pueden tener los soberanistas de izquierdas. Las derechas nacionalistas ya hemos visto cómo negocian, dame más dinero.

Pero decimos más, es una oferta a todas las fuerzas de izquierdas y democráticas del Estado. Cuando Otegui sale de la cárcel en 2015, en un mitin en el Velódromo de Anoeta, tiende la mano a Podemos y se ofrece a ayudarle en la tarea de democratizar el Estado para que la plurinacionalidad sea una práctica política. Era el discurso de Podemos, cuando veía posibilidades de tomar el poder por asalto, y nos ofrecimos a ayudar. Ahora bien, dijimos que si pasado el tiempo no se conseguía, esperamos reciprocidad en el apoyo de nuestra tesis de que para quebrar al Estado hace falta empujar por la grieta territorial del régimen.

Si con más de 70 diputados se quedaron lejos de alcanzar los cielos, con lo que parece que les va a deparar las urnas el 28 de abril estarán más lejos todavía. Ha llegado el momento de que Podemos apueste por repúblicas en plural, es más viable que su apuesta por república en singular.

— Hemos visto cómo el PNV ha jugado un papel central en la política española últimamente. El PNV es un partido curioso que, siendo de derechas, levanta muchas simpatías entre españoles de izquierdas…

«El PNV es un partido movimiento, un partido guía»

— El PNV es difícil de entender para mucha gente, rompe los esquemas clásicos de la construcción de derecha e izquierda española. Es un partido en movimiento, un partido guía: se construye en base a la sociedad que le rodea y moldea la sociedad en base al partido que es. Ocupa siempre el espacio central, si la sociedad incorpora perspectivas, el PNV las adopta para no quedarse fuera de esas mayorías. Por ejemplo, el PNV fue de los primeros en regular de manera progresista el matrimonio homosexual o la insumisión, más que el PSOE. También con el movimiento insumiso. Siempre está con lo que piensa la mayoría, una relación continua de pueblo y partido. Evidentemente, en términos económicos, porque es un partido de orden, lo entendemos como una derecha civilizada. Son una gran máquina electoral.