Las mujeres que rompieron el techo de cristal de Sanfermines

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PAMPLONA.- La lucha feminista en Pamplona no cesa. Convocatorias de manifestaciones organizadas, otras espontáneas. Calles llenas de motivos morados, pancartas que llaman a la libertad de las mujeres en fiestas y fuera de ellas. Otras exigen justicia. Y otras piden acabar con el machismo de raíz. La lucha feminista en Pamplona durante 2018 no ha parado, y según avanza el calendario y se acerca al día 6 de julio, el sentir es más profundo: llegan los Sanfermines 2018.

Unos Sanfermines que estarán marcados por la sentencia de La Manada. También por cumplirse diez años del asesinato de Nagore Laffage, que supuso un antes y después en el tratamiento de la violencia machista y sexual durante los festejos de Pamplona. Las reivindicaciones feministas de 2018 durante Sanfermines se unirán a las exigencias de años anteriores, a la reacción masiva de la ciudadanía pamplonesa apenas unas horas después de conocerse la violación de La Manada. Y también, a la lucha de decenas de mujeres que han abierto una brecha fundamental en los festejos de San Fermín. Unos festejos de inicio masculinos, donde las mujeres eran mera comparsa.

Las mujeres pamplonesas llevan décadas con el lema "la calle y la noche también son nuestras". El rastro de las feministas se dejó ver en 1975 por primera vez, cuando existía la figura de la Madrina de las peñas.

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"Rechazamos el tema de “las madrinas” y les dijimos: que tararí, ¡que eso fuera! Con un grupo de gente joven en las asambleas se consiguió aprobar que la mujer tuviera en la sociedad el mismo derecho: voz, voto, llave, abono de toros y demás, pero nos lo echó para atrás la gente mayor. Volvimos a repetir la asamblea y volvió a salir aprobado. Después de esto las chicas pasamos a la Junta de la Peña", recuerda Pilar Irazabal en el libro De la domesticidad a la emancipación, un relato conjunto de la ruptura de las mujeres con las estructuras establecidas.

Una mujer, "la más maja, la más guapa, o la que consideraban", afirman desde la Peña Los del Bronce, era elegida como Madrina de la agrupación y la paseaban por la ciudad, hasta la plaza de toros, donde tenía vetada la entrada. Y fue en 1975 cuando las mujeres de las peñas se rebeleraron.

La Peña Los del Bronce premia cada año, mediante los galardones FESTA, a las mujeres que rompieron el techo de cristal de unas fiestas tradicionalmente masculinas. Solo hace falta echar la vista a las fotografías de unas décadas atrás: los encierros son entornos masculinizados, la calle también y lo mismo ocurría en el interior de los locales de peñas: ser socio de una peña -consideradas casi una institución en Pamplona- era un privilegio solo reservado a los hombres.

Abrir las peñas

En 2016 los Premios FESTA reconocieron a las primeras mujeres que fueron socias de pleno derecho en las peñas. Entre ellas, Alixi y Maite Urrestarazu, de la Peña Alegría; Camino Aizpún, de Anaitasuna; Bakartxo Legal, de Armonía Txantreana; Elena Arrieta, de Donibane; Pili Irazabal, de La Jarana; Mª Carmen Oskariz, de Los de Bronce; Maribel Olazarán, de Muthiko Alaiak y Sole Aristu, de Sanduzelai.

Lo recuerda Sole Aristu como un proceso normal, puesto que la peña de Sanduzelai surgió tras "luchas muy grandes por los problemas del barrio en sí. Las mujeres además ya estábamos organizadas a nivel de grupo de mujeres, en la asociación de vecinos". Cuando se creó la peña Sanduzelai en el año 78 las mujeres ya formaban parte del grueso de participantes del barrio. Por ello, admite Aristu "si nos hubieran dicho que no podíamos ser socias de la peña en ese momento, imagínate... ¡nos hubiéramos dado de hostias!", admite riendo. Reconoce que la entrada de mujeres en su peña fue algo más natural que en el caso de otras compañeras, como Mª Carmen Oskariz, de la peña Los del Bronce, promotores de los premios FESTA.

Oskariz comenzó a participar en la peña "por el grupo de monte, pero en ese momento, en el año 77, las mujeres teníamos vetados algunos ámbitos como ir a los toros en Sanfermines con la peña o tener llaves del local", inicia. "Nosotras queríamos entrar y ser socias de pleno derecho y lo que hicimos fue plantearlo a la junta", una junta que en aquellos años era más joven y tenía menos oposición a la entrada de mujeres. "Lo llevamos a reunión por sorpresa, así que pillamos a los más mayores desprevenidos y no hubo posibilidad de oposición", relata.

Premiadas en FESTA 2016, las primeras socias de las peñas de Pamplona. / FESTA

Para Oskariz, aunque la entrada como 'miembras' en la peña fue poco turbulenta "sí que hubo algunas diferencias de trato, algunos mozos nos ignoraban, con otros sentíamos directamente rechazo y otros tantos estaban contentos y por la labor de que nosotras también teníamos derecho a disfrutar el ocio". Oskariz recuerda que era una época en la que en las peñas aún había ciertas resistencias, aunque en las calles las mujeres "ya estaban en ámbitos como el sindical o el laboral, pero aún había ciertas áreas donde se consideraba que en el ocio no podíamos estar".

La vida de una peña en Pamplona es interna pero también externa. En Sanfermines todas las peñas desfilan por las calles, cada tarde, después de cada corrida, las peñas salen de la plaza de toros y hacen un pequeño paseíllo: la tradicional salida de peñas. En esos ambientes públicos, reconoce Oskariz, "había hombres a los que les daba vergüenza que estuviéramos mujeres con el bombo o la pancarta". Pero ellas no se acorbardaron: "la pancarta pesaba todo lo posible y más, pero nosotras dijimos 'también vamos a llevarla' porque era necesario que se vieran esos signos de entrada de las mujeres de manera externa", apunta.

También a la hora de organizar asuntos internos de la peña como los horarios de barras o repartir abonos. "Algunos hombres se sentían molestos con que las mujeres organizásemos los asuntos internos", recuerda Oskariz. A pesar de que las mujeres están plenamente integradas en el ámbito de peñas, ha sido un proceso larguísimo. Sole Aristu recuerda que "ha habido peñas de las antiguas que no dejaron entrar a las mujeres hasta el año 92, o sea, anteayer".

La participación de las mujeres en las peñas era más o menos habitual, pero aún así "era raro porque estábamos pocas; 5 o 6 mujeres frente a 40 chicos", recuerda Aristu. "Rompimos un techo que había para las mujeres en las peñas y conseguimos ser socias de pleno derecho, poder entrar a la cocina, tener derecho al abono para los toros..., ámbitos vetados para nosotras años atrás", recuerda.

Los desfiles de San Fermín

Ohiana Aldabe tiene la música muy dentro. Además de ser profesora de música, se convirtió en la primera mujer clarinera en desfilar en Sanfermines. Su debut, un 7 de julio y de rebote. "Mi entrada fue basatnte natural, puesto que toda la vida había estudiado música. Uno de mis amigos que salía en la banda a tocar no podía ir, y me pidió que fuera su sustituta y salí". Esto ocurrió hace veinte años, recuerda, y en su memoria no hay imágenes de rechazo por parte de la gente que asistía a ver el desfile de San Fermín. En el día grande de la fiesta, desfilan once corporaciones, entre religiosas, municipales y musicales: la suya es la de clarines y timbales.

Ohiana Aldabe, en la plaza de toros de Pamplona

"La gente estaba sorprendida al ver a una mujer desfilando y tocando el clarín", reconoce Aldabe. Quizá, admite "porque los ropajes quedaban extraños, estaban pensados solo para hombres y era un poco chocante salir con ese traje siendo mujer", admite. Aldabe fue una de las premiadas por FESTA en la edición de 2017, junto a sus compañeras Elena Fraile, Carmen Arias y Puy Rekalde, pioneras del grupo de gaiteros y gaiteras, de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, La Pamplonesa y los txistus del grupo de danzas municipal, respectivamente.

El traje fue el principal problema también para las cuatro primeras concejalas del Ayuntamiento de Pamplona en época post dictadura. En 1979 se formó el primer gobierno municipal de la ciudad y cuatro mujeres empezaron a ocupar sus puestos de concejalas. La tradición dice que en el desfile de San Fermín la corporación municipal debe ir engalanada con un frac y chistera. No fue así durante la época franquista, en la que se consideró que el frac y la chistera eran vestimentas de burgueses. Pero con la llegada de la corporación en el 79 se recuperó el traje oficial para los hombres.

"Los sastres llegaron para tomar medidas de los hombres y confeccionar el frac. ¿Y las mujeres?" recuerda Camino Oslé, concejala por el PSN en el año 79 y una de las galardonadas por los premios FESTA este año. "Pedían que fuéramos con traje de noche. Nosotras pedimos un uniforme porque no queríamos lucirnos, queríamos ir con trajes de uniforme, como un grupo homogéneo", rememora Oslé.

"Cuando nosotras llegamos estaba todo por hacer, hasta los trajes", reconoce la exconcejala. La solución fue tomar como inspiración "algunos trajes regionales de la zona del Roncal, que son muy bonitos y con algunos cambios en el diseño, con telas más nobles, configuramos lo que hoy es el traje de las mujeres para el desfile de la corporación municipal en Sanfermines" y también en otros desfiles el resto del año, como el de San Saturnino.

Al principio las mujeres fueron "mera comparsa" en el desfile de Sanfermines. El pendón "lo portaba siempre un compañero, pero las mujeres hicimos fuerza para ir cada una en una borla. En el primer desfile fuimos las dos Caminos (Oslé y Monasterio, de Herri Batasuna)". A pesar de que ahora cree que parecía que iban "de adorno", sabe y muestra que ese puesto "hubo que pelearlo mucho", aunque con el paso de los años se vea "desde otro punto".

Oslé reconoce que para ella "estar en el Ayuntamiento fue una auténtica universidad. Ahí aprendí todo" y recuerda esos años con "mucho cariño porque a pesar de ser de grupos políticos diferentes, todos los representantes hicimos piña, y aún hoy seguimos quedando para comer juntos de vez en cuando", comenta. Ella, junto a Elisa Chacartegui (UCD), Maruja Oyaga (UCD), Mercedes Labayen (UPN), y Camino Monasterio (HB) serán las premiadas por FESTA para 2018 por romper barreras también en el ámbito institucional pamplonés.

1 Comment
  1. florentino del Amo Antolin says

    Romper el techo aunque sea de cristal, cuesta y mucho… La cultura patriarcal se une con cantidad de hechos inverosimiles de contar; las Comunidades Pirinaicas tienen tradiciones ancestrales, pero en lo asociativo… Quedan pendientes de una autentica reconversión, quiza ya. imparable. El franquismo hizo un trabajo homogenizador, como si fuesemos todos Andaluces lo estandarizaron… Las Manolas, sus vestidos de otra comunidad, los bailes… ¡ Las mulillas íban llenas de banderitas españolistas !,.. Todo cala en los ambientes prefrabicados, por gentes que su verdadera misión consiste en negar que el idioma más antiguo de Occidente es el Euskera. Y el folklore ancestral desde los Ihauteriak, conforman leyendas mitológicas más allá del neolitico… Que no serán mejores que otras, pero su sabor y raices ancestrales entroncan con el pulso del Púeblo primitivo Euskaro.
    Eskerrik Asko a todas las emakumes rompedoras, pues las imposiciones de pensamiento hicieron retroceder y adulterar la cultura originaria, negandole hasta su singularidad… El techo no fué de cristal, rompieron el acero inquisitorial y pulieron a la sociedad dando brillo propio, transformando el formato y se diluyeron en la misma sociedad. No solo en las Peñas !.

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