El movimiento reaccionario antifeminista muestra su cara en América Latina

  • Un grupo de encapuchados apuñaló a tres mujeres el miércoles en Santiago de Chile cuando participaban en una marcha para exigir “aborto libre, legal, gratuito y seguro”
  • La Conferencia Episcopal Argentina ha endurecido su discurso pro-vida e incluso ha convocado de manera oficial una gran marcha en contra del aborto

CIUDAD DE MÉXICO – Un grupo de encapuchados apuñaló a tres mujeres la noche del miércoles en Santiago de Chile cuando participaban en una marcha para exigir “aborto libre, legal, gratuito y seguro”. Afortunadamente las víctimas salvaron la vida, pero el ataque violento es una oscura señal del movimiento reaccionario que ha puesto los motores en marcha contra la batalla feminista que se desarrolla en la región. La demanda para la despenalización del aborto se ha convertido en bandera urgente de la lucha, con Argentina a la cabeza. Es una de las principales causas de muerte materna a nivel mundial, pero es considerado un crimen en una abrumadora mayoría de países de América Latina –a excepción de Uruguay, la capital de México y Cuba–. Y hay sectores muy interesados en que nada cambie.

¿Quién está detrás de este ataque? Todas las miradas se dirigieron al Movimiento Socialpatriota, un grupo que organizó actos contrarios a la marcha del miércoles como pintar una calle de rojo con sangre y vísceras de animales. Este colectivo, que se autodefine como “nacionalista, independiente y antidictadura gay” y se organiza contra lo que llama “ideología de género” – término despectivo para referirse a la lucha por la igualdad de género y la libertad sexual– se apresuró a desmentir a través de las redes sociales que estuvieran involucrados en las agresiones. También niegan la etiqueta “neonazi” que los movimientos sociales chilenos le otorgan y que su propio nombre ya sugiere.

En Chile el anterior Gobierno de Michelle Bachelet autorizó el año pasado que la mujer pudiese abortar en caso de inviabilidad fetal, riesgo de muerte de la mujer y en embarazos producto de una violación. Antes no estaba permitido en ningún caso. Con el impulso de las argentinas y tomando el pañuelo verde que ha protagonizado las protestas por la misma causa en el país vecino, el movimiento feminista chileno está saliendo a las calles para exigir la garantización de la interrupción voluntaria del embarazo también fuera de estos tres supuestos.

Publicidad

Argentina atraviesa un momento crucial. El pasado mes de junio la Cámara de Diputados aprobó por un ajustado margen una ley para permitir el aborto en las 14 primeras semanas de gestación, pero el próximo 8 de agosto el Senado debe decidir si da luz verde a la medida. Los medios argentinos prevén que será una votación reñida y la Iglesia del país del papa Francisco está en pie de guerra. La Conferencia Episcopal Argentina ha endurecido su discurso pro-vida e incluso ha convocado de manera oficial una gran marcha en contra de la ley que permitiría la interrupción voluntaria del embarazo.

Pero no solo la Iglesia se moviliza, sino que algún curioso personaje ha ofrecido refuerzos anti-abortistas para procurar que Argentina se convierta en dique de contención del movimiento feminista. Es el caso de la brasileña Sara Winter, quien fue la principal invitada en el polémico congreso contra los derechos de las familias homoparentales y el aborto que se llevó a cabo entre el 22 y el 23 de junio en Santiago del Estero, en el norte del país. Curiosamente, Brasil es uno de los países con un movimiento antifeminista más notorio.

Su historia parece sacada de una novela de ficción: fue una de las fundadoras del movimiento brasileño de Femen en Brasil y ahora encarna el papel de feminista arrepentida en versión radical. Su militancia fue breve, acusada de haber elegido un apodo inspirado en una nazi británica, y a su salida de la organización decidió sumarse al otro bando: se convirtió a la causa provida y desenfundó la espada contra “la ideología de género” porque, según sus propias palabras, a sus 26 años, el feminismo es “el movimiento más intolerante que conoció”. Casada con un militar, con un hijo, y ahora profundamente católica, tiene para repartir: cree que el feminismo es solo un brazo de todo un cuerpo conformado por movimientos como el Sin Tierra, el movimiento negro, el indigenista y el LGTBI que buscan “la destrucción de la familia”.

Winter es la organizadora del “primer congreso antifeminista de Brasil”, que se celebrará el próximo 4 de agosto bajo el lema “juntos contra el aborto” y que, según explica, reunirá a los mayores expertos en «los males del movimiento feminista» . Es acto es obviamente una reacción a las marchas para que el aborto se permita más allá de los tres supuestos de violación, peligro de vida de la madre o inviabilidad del feto que ha habido en Brasil. En agosto el Tribunal Supremo Federal iniciará una serie de audiencias públicas para debatir si el aborto debe ser considerado un delito, aunque en el Legislativo, donde el evangelismo tiene cerca de 90 diputados y donde las mujeres apenas representan el 10%, avanzan las medidas que limitan cada vez más el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo.

Sara Winter con un rosario en una charla para debatir sobre el aborto en el Senado.
Sara Winter con un rosario en una charla para debatir sobre el aborto en el Senado./ Senado Federal de Brasil

Por otro lado, en Bolivia el conservadurismo tiene a sus aliados en el Gobierno. En un país donde 447 mujeres han sido asesinadas en los últimos cinco años y donde cada día hay 13 casos de violencia sexual, el pasado mes de julio el ministro de Educación de Bolivia ‘tranquilizó’ diciendo que se rechazará “la ideología de género”–con estas palabras– en los programas escolares. La reacción viene motivada por un vídeo de la ONG Save The Children sobre diversidad sexual, con la pareja de ‘ratitas’ Berta y Rita, que fue reproducido en un colegio de La Paz. Este hecho suscitó una gran polémica que desembocó en una investigación por parte del Ministerio de Educación.

Ante las movilizaciones feministas, una ola conservadora reacciona y trata de frenar los avances. Como en todo momento que se han intentado conquistar derechos de las mujeres, aparecen fuertes resistencias. Solo queda esperar que el ataque violento a las tres manifestantes chilenas sea tan solo un incidente aislado.