La falsa derecha española

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La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría junto al presidente del Gobierno Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados en una imagen de archivo/ Efe

En España, país que destaca entre las democracias occidentales por albergar un populismo de extrema izquierda con cinco millones de votos, el sufrido público escucha frenéticas tertulias y lee arrebatadas columnas que alertan sobre una peligrosísima extrema derecha que canta el “Cara al sol” y que restauraría el franquismo a la menor oportunidad que tuviera. Como señalaba José Ignacio Torreblanca el 20 de septiembre en El País, la extrema derecha española no existe, ni política, ni social, ni electoral, ni parlamentariamente. Efectivamente, los medios internacionales llevan años señalando esta ventaja competitiva de España en el terreno sociológico. Sin embargo, el sector más visible de la prensa nacional ―mayoritariamente de izquierdas como en el resto Occidente― nos vende una España en constante zozobra ante esta extrema derecha que estaría a punto de tomar nuestra joven democracia al asalto. No faltan en el periodismo mainstream las pinceladas mediáticas de trazo grueso que describen a un PP de extrema derecha.

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En el otro extremo del espectro mediático, la prensa conservadora ―nostalgia fidelis― anda desde las elecciones generales de 2011 enzarzada en un cruento ajuste de cuentas con el PP de Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, retratados como un peligrosísimo tándem socialdemócrata formado por dos rojos clandestinos que buscarían instaurar una autocracia de la izquierda en España. Según esta conspiranoia mediática, el PP actual habría traicionado a un PP convencional supuestamente apoyado por una gran masa de votantes de extrema derecha con una ideología legitimista semejante a la de los votantes de Marine Le Pen en Francia. Este PP purista se habría sentido traicionado cuando Rajoy, lejos de suprimir las competencias autonómicas, asumir el franquismo, proteger el catolicismo, suprimir el aborto y perseguir a las feministas, se ha afanado monotemáticamente en sacar a España del cataclismo económico en que José Luis Rodríguez Zapatero dejó inmerso al país (antes de ir a buscarse el Nobel de la Paz en Venezuela).

«El Partido Popular, deslegitimado por la corrupción y debilitado por su indefensión mediática, permite que cualquiera ocupe el espacio mediático que le corresponde»

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¿Y qué hace el Partido Popular ante este tétrico ‘asesinato de identidad’ al que le somete la prensa española por la izquierda y por la derecha? La respuesta es sencilla: nada. La incapacidad del PP actual para desligarse del sello indeleble de la corrupción y su nulidad comunicativa permiten que le represente una falsa derecha que, como decíamos, no tiene una entidad política, social, electoral ni parlamentaria, sino solo mediática. Es una mini derecha estridente, con fuerte presencia en las redes sociales y que, lejos de dar la batalla a una extrema izquierda alentada por la crisis y con un fuerte apoyo popular, la espolea con su mensaje apocalíptico, su metafísica de la superioridad y su retórica del insulto. Entre las inauditas derivas de Occidente destaca la usurpación por parte de la derecha de la incorrección política. El término “corrección política” lo acuñó a mediados del siglo XX el socialismo estadounidense para afear el dogmatismo moral de sus paisanos comunistas. En la década de 1980 la izquierda demócrata empezó a usar la expresión “políticamente incorrecto” para definir la rebeldía irónica contra el estándar moral o social de la mayoría. Así lo empleó el periodista estadounidense Bill Maher para titular en 1993 su tertulia televisiva Politically Incorrect, que duró más de diez años con participantes de todas las ideologías y tendencias. A comienzos de este siglo la derecha alternativa estadounidense ―la alt-right nacida en el entorno del Tea Party― se apropió de la incorrección política como componente de una exitosa estrategia dirigida contra el ‘obamismo’.

En Estados Unidos ha sucedido en el siglo XXI algo insólito: existe una derecha alternativa informada, joven, rebelde, y, sí, cool. En España, que pasó directamente de la hipocresía franquista (imprescindible para sobrevivir) a la corrección política de las últimas décadas del siglo XX, la extrema derecha española disfruta hoy casi orgásmicamente con cada insulto disfrazado de incorrección política, discriminando poco a la hora de humillar a toda persona que se ponga a tiro. Esta derecha mediática, tan guerracivilista en su odio al bando contrario como pueda ser la izquierda española, pero sin ingenio ni información ni compasión, es la que hoy ha robado la escena a la derecha que ha ganado las últimas elecciones generales. El actual Partido Popular, deslegitimado por la corrupción y debilitado por su indefensión mediática, permite que cualquiera ocupe el espacio mediático que le corresponde. Incluso una extrema derecha que, a la hora de la verdad, no existe.