¿Qué le pasa a España?

democracia
Participantes en la manifestación convocada por Societat Civil Catalana en Barcelona en defensa de la unidad de España. / Alejandro García (Efe)

El Gobierno lleva intentando desde hace años recomponer a su favor el escenario político. Parte de una premisa, aquí no hay nada que debatir ni discutir, aquí no hay problema político alguno. Una estrategia basada en el negacionismo político ha dirigido su línea política: judicializar todo como un problema de orden público. Me quedo parado, niego el problema, el problema crece y cuando crezca tanto que choca con la legalidad, la máquina del Estado ya hace el trabajo por mí al mismo tiempo que refloto un nacionalismo español que se olvida de mi corrupción, del paro y de la precariedad. El nacionalismo es como la ideología, siempre es cosa de otro, yo «tengo mis propias ideas», no ideología. Tanto más fuerte cuanto más naturalizado está.

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El 15-M modificó el sentido y significado de lo que quería decir «democracia», tanto, que todos los actores políticos necesitaban hacerse eco del clima generado por una sociedad que se movía en su propia defensa y bienestar. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha venido incubando un significado de la democracia como sinónimo de la defensa del poder constituido, en contraposición a una democracia constituyente. La democracia del 15-M era la que defendía a la gente, a la sanidad, la educación, la que se organiza contra los desahucios, la que quiere vivir mejor, federarse y convivir. La democracia de la que ahora hablamos se nutre de la primera para luego invertirla. La democracia equidistante con la desigualdad, la precariedad y los de arriba, pero belicista contra su propia gente. Utiliza la bandera para atacar y espetar a otros españoles con un ¡viva España! y con un “si no te gusta, pues te vas.”

Abierto el campo, esta es una oportunidad para reordenar el régimen, pero ojo, no una vuelta al Estado de las Autonomías, sino su involución en clave de cierre recentralizador. Esto es un boomerang para toda España, ya que ¿por qué una vez abierta la veda simplemente se van a conformar con volver a la casilla de salida? Se torna urgente salir del lenguaje jurídico, que es a donde ha querido llevar el Gobierno todo esto, a una esfera donde todo se trata como un problema de orden público. Reducirlo todo a hechos, normas, legalidad y por lo tanto a la aplicación de la ley. Esa descontextualización política es lo que le permite al PP hacer pasar por algo objetivo, lo que ha sido desde siempre su estrategia y con ella arrastrar al PSOE prometiéndole el bipartidismo. Se han metido en una jaula de la que van a tener complicado salir. La política secuestrada en el lenguaje policial hace imposible cualquier solución, enturbia la convivencia y conduce al desastre. La proyección de una democracia que no necesita suspender la democracia formal para aplicar la excepcionalidad quirúrgica.

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Cuando un lenguaje se acaba instalando, cuando se empieza a hablar de ilegalizaciones y se adopta la jerga policial y judicial en política, corremos el riesgo de que se instale un clima irrespirable en democracia. Alfonso Alonso del PP, afirma que en Euskadi se dan los  “ingredientes” para aplicar el 155, en Navarra amenazan con tres cuartos de lo mismo y el delegado de Rajoy en Castilla la Mancha ha pedido que también se aplique el 155 en su comunidad autónoma. Catalunya se ha convertido en una oportunidad para asaltar toda España. Pensemos, si desde que llegó Rajoy al Gobierno el independentismo ha pasado del 11% al 48%, ¿Qué pasará en las elecciones tras la aplicación del artículo 155?  Un escenario idóneo para el PP pero malo para España.

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