Lecciones de ‘Unabomber’

Unabomber
Ficha policial de Theodore Kaczynski, alias ‘Unabomber’. / Wikipedia

La fascinación por relatar de forma artística un crimen auténtico me retrotrae de inmediato a las Coplas de Cordel, donde un ciego iba de pueblo en pueblo poniendo en verso los asesinatos del Sacamantecas de turno, ayudado por un acordeón, un violín o una zanfoña. El romance solía rematarse con una lección o moraleja que intentaba disimular el delicioso escalofrío que había sacudido poco antes a la audiencia, durante la descripción de las escenas sangrientas, cuanto más sangrientas mejor. El morbo, el vértigo de vislumbrar aunque fuese a través de una rendija los detalles y entresijos de un asesinato iguala o incluso supera la satisfacción de asistir al proceso de investigación por el cual el criminal acaba entre rejas.

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En pleno auge de las teleseries, las grandes productoras no podían dejar escapar este filón, el de presentar casos de crímenes reales con un tratamiento a mitad de camino entre el documental y la ficción. Así el canal FX lleva dos temporadas de American Crime Story, la primera basada en la historia de O. J. Simpson y la segunda en la de Andrew Cunanan, un asesino en serie cuya última víctima fue el célebre diseñador de moda Gianni Versace. Con muchas más tinieblas y menos glamour, Netflix se arrojó de cabeza en los abismos de la psicología criminal, cuando dos agentes del FBI -dos trasuntos de los pioneros John E. Douglas y Robert Ressler– iniciaron la técnica de entrevistar a asesinos en serie para extraer patrones conductuales a través de las confesiones de sus crímenes. El encuentro final entre el protagonista y el monstruoso Ed Kemper -un caníbal necrófilo de dos metros que había asesinado a su familia y a media docena de muchachas- es de antología, aunque bastante diluido en comparación con el que aparece en el libro de Ressler, El que lucha con monstruos.

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Ted Kaczynski, alias Unabomber, no encaja con el perfil de un psicópata de manual ni tampoco pertenece al circo de mamarrachos sanguinarios como O. J. Simpson

Con todo, quizá el mayor acierto hasta la fecha haya sido el de Discovery Channel con Manhunt, cuya primera temporada está dedicada íntegramente a Unabomber y al principal artífice de su captura, el agente del FBI Jim Fitzgerald. La principal baza está en el personaje elegido, Ted Kaczynski, alias Unabomber, quien no encaja exactamente en el perfil de un psicópata de manual como Kemper o Cunanan, ni tampoco pertenece al circo de mamarrachos sanguinarios al estilo O. J. Simpson. Su larga campaña de terror (en la que envió 16 cartas-bomba a diversas aerolíneas y universidades, provocando tres muertes y docenas de heridos) estaba sostenida por una ideología revolucionaria. Apoyándose en uno de los dispositivos policiales más costosos de la historia, el FBI erró la investigación durante décadas al suponer que, según los restos de los ingeniosos artefactos explosivos, el terrorista era con toda probabilidad un mecánico de aviones resentido. En realidad, Kaczynski era un doctor en Matemáticas con un cociente de inteligencia altísimo y una tesis doctoral sobre funciones geométricas que causó el asombro de sus profesores. Vivía aislado en una cabaña en el bosque, siguiendo los principios neoluditas, que defienden el retorno a la naturaleza y abominan de la tecnología, a la que consideran responsable de todos los males de la humanidad.

La teleserie se centra en la llegada de Fitzgerald al equipo de investigación y su empeño en dirigirla desde el análisis lingüístico, una auténtica novedad en la literatura forense. De hecho, Kaczynski pudo ser localizado gracias al trato que hizo con las autoridades para publicar a través de la prensa un extenso artículo en el que argumenta la necesidad de una revolución que cambie de arriba abajo la sociedad moderna. El estudio del vocabulario, la sintaxis y los peculiares giros expresivos -en especial, un viejo refrán utilizado en su forma arcaica- condujo finalmente a la detención de Kaczynski, gracias a que su hermano reconoció el mismo estilo de las cartas que le enviaba.

Kaczynski en su etapa universitaria fue objeto de un desalmado experimento psicológico dentro del programa de control mental MK Ultra financiado por la CIA

Paul Bettany da un auténtico recital de interpretación en el papel de Unabomber, mientras que Sam Worthington, un actor mucho más limitado, hace lo que puede con el de Fitzgerald. De cualquier modo, este desequilibrio refuerza la relación que se estableció entre los dos, cuando el policía acaba aceptando los principios filosóficos de Kaczynski y se va a vivir él también a una cabaña. Este juego de espejos se prolonga hasta la actualidad, ahora que La sociedad industrial y su futuro -más conocido como Manifiesto Unabomber-, es motivo de estudio, reflexión y tesis doctorales por su crítica a los sistemas de control tecnólogico y a la pérdida de valores sociales. Manhunt ni siquiera pasa por alto el aspecto más controvertido de la biografía de Kaczynski, cuando en su etapa universitaria fue objeto de un desalmado experimento psicológico dentro del programa de control mental MK Ultra financiado por la CIA. He ahí otro crimen con moraleja.