Los presupuestos, reflexiones desde la izquierda independentista

  • ERC ya advirtió durante la moción de censura su voto no era un sí a Pedro Sánchez, sino un sí a echar del poder al PP.
  • Los republicanos dejaron claro que el Gobierno socialista debería ganarse su apoyo para mantener viva la legislatura .

Hace unos días Sato Díaz, subdirector de cuartopoder.es, publicaba un análisis titulado “Ensanchar la base también en el Estado, la encrucijada de Joan Tardà ante los PGE” en el que defendía que los grupos independentistas catalanes en el Congreso (ERC y PDECat) iban a tener difícil rechazar los presupuestos que han pactado Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, especialmente en el caso de ERC, ya que este partido progresista apuesta por ensanchar la base del voto independentista mediante la atracción, a través de las políticas sociales, de votantes que todavía no han dado el paso de apostar por la independencia de Catalunya. Según su criterio, rechazar estos presupuestos supondría para ERC ponerse palos en las ruedas de su objetivo.

Sin duda la presión sobre esta fuerza política está siendo intensa a lo largo de estas semanas, ya que Pedro Sánchez se juega, con los presupuestos, gran parte del futuro de su Gobierno, aunque últimamente parece que Pablo Iglesias y Unidos Podemos son los más interesados en la aprobación de esas cuentas, a tenor de la maratón de reuniones que el líder morado ha tenido con ERC, el PDECat y el PNV. Mientras tanto Pedro Sánchez y el PSOE, a poco más de un mes de las elecciones andaluzas, parecen mirarlo desde la barrera, seguramente intentando evitar una fotografía al lado los líderes de los partidos que, según la caverna mediática de la Villa y Corte, intentan destruir España. Ahora bien, ¿realmente ERC se encuentra en una encrucijada?

Publicidad

Empecemos por tener en cuenta que ERC es un partido que a lo largo de la última década ha aprendido a soportar una presión exacerbada de fuerzas de su entorno, especialmente de la derecha nacionalista catalana, siempre preparada para lanzarle la caballería al grito de “traidores a la patria” por pactar con alguien que no sean ellos. En este sentido, la apuesta estratégica por ensanchar la base independentista para forzar un escenario de resolución pactada del conflicto con el Estado (sin abandonar el camino de la desobediencia pacífica) ha supuesto para el partido republicano un enfrentamiento abierto con aquellos sectores independentistas que siguen apostando por la vía de los hechos consumados. Y aun así, la presión no los ha amedrentado, todo lo contrario. Aviso, pues, a navegantes.

Publicidad

Por otro lado, parece paradójico que, a pesar de necesitar a los republicanos, el PSOE y Unidos Podemos no se hayan ni molestado en intentar negociar con ellos (y con los nacionalistas) previamente al cierre de un acuerdo global. Por el contrario, el esquema ha sido cerrar un acuerdo entre las dos fuerzas progresistas de ámbito estatal y, a posteriori, plantear a los republicanos si aceptan o no dicho pacto. Esta actitud, lejos de atraer a ERC hacia un voto favorable a los presupuestos, la aleja de ellos, ya que no ayuda a la construcción de consensos compartidos, sino que traslada la sensación de imposición torticera hacia los republicanos, salpimentada con dosis de chantaje emocional basado en insinuaciones de renuncia a los ideales progresistas si se vota en contra de la propuesta de cuentas de 2019.

A esta ausencia de intentos por construir consensos previos, que ya de por sí levanta recelos, se une la desconfianza que, desde la época de los gobiernos de Zapatero, tiene ERC hacia los compromisos del Gobierno español en materia de inversiones y gasto público en Catalunya. Ello deriva del incumplimiento sistemático que los gobiernos españoles (ya sean socialistas o populares) han hecho de sus promesas en este ámbito, lo que, en algunos casos, ha tenido un impacto negativo directo en el bienestar de la población y en el desarrollo de la economía de Catalunya. En este sentido, la Generalitat ha cifrado en 7.607 millones de euros la deuda del ejecutivo central con Catalunya durante los últimos años. De esta deuda, casi un 40% (2.871 millones) corresponde a la infradotación de la Ley de la Dependencia en Catalunya en la que, desde el año 2008, el Estado ha incurrido; el nivel es tal que en 2017 la Generalitat tuvo que hacerse cargo de casi el 85% del gasto en este ámbito, cuando según la Ley de la Dependencia el Estado debería financiar el 50% del gasto total.

Ahora bien, más allá de los elementos considerados hasta el momento, hay otros dos que tienen, sino la misma, mucha más importancia a la hora de determinar el sentir de ERC en relación con la propuesta de presupuestos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Recordemos, antes de nada, que ERC ya advirtió durante la moción de censura a Mariano Rajoy que su voto no era un sí a Pedro Sánchez, sino un sí a echar del poder al PP, un partido corrupto y principal impulsor de la estrategia represiva contra el independentismo. Terminada esa conjunción puntual de intereses, los republicanos dejaron claro que el Gobierno socialista debería ganarse su apoyo para mantener viva la legislatura mediante el impulso de una resolución política del conflicto que incluyera el derecho de autodeterminación y de medidas que repararan la violación de derechos fundamentales que se está ejerciendo, singularmente con los presos políticos. Y hasta la fecha, más allá de las buenas palabras, el Gobierno socialista no ha presentado propuestas para avanzar en ninguno de estos dos sentidos.

En primer lugar, a pesar de que el propio Pedro Sánchez ha llegado a asegurar que “la crisis en Catalunya solo se resolverá votando” y que es necesario celebrar un referéndum en Catalunya sobre autogobierno, el PSOE sigue sin detallar una propuesta para Catalunya que sea alternativa a la independencia y, lo que es peor, se sigue negando con rotundidad a que la independencia figure como opción en la resolución democrática del pleito, repudiando y menospreciando una propuesta (la del referéndum de independencia) que defiende alrededor del 80% de la población catalana.

En segundo lugar, y estrechamente relacionado con lo anterior, el Gobierno del PSOE se niega en rotundo a hacer gestos que demuestren su voluntad de avanzar hacia resolución del conflicto mediante medidas o instrucciones que mitiguen la vulneración de derechos fundamentales que se está llevando a cabo en el caso de los presos políticos y de los exiliados. ERC (al igual que el resto de los independentistas), en este sentido, ha solicitado reiteradamente que el Gobierno de Pedro Sánchez –en aplicación del artículo 8 de la ley 50/1981 de regulación del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal– inste a la Fiscalía a retirar las acusaciones contra los líderes políticos independentistas presos y exiliados, a lo que este se ha negado en rotundo aduciendo la separación de poderes. No deja de sorprender este ataque repentino de preocupación por la separación de poderes, cuando una búsqueda rápida por internet con las palabras “el Gobierno insta a la Fiscalía a” permite observar varios ejemplos de una práctica que nada tiene que ver con ello, ya que la propia ley habilita al Gobierno a realizar dicho tipo de peticiones, que la Fiscalía, por otro lado, no está obligada a cumplir.

Todos estos elementos son los que, a fecha de hoy, acercan a ERC a un voto en contra de los presupuestos del Estado. La clave de lo que suceda, en cualquier caso, no la tienen ni los independentistas ni Unidos Podemos, sino el Gobierno del PSOE, que debe demostrar no solo con palabras, sino con hechos, que está dispuesto a encontrar una salida pactada al pleito catalán. Pretender que ERC (y el resto de independentistas) actúe como si aquí no hubiera pasado nada, como si hace un año el gobierno español no hubiera enviado a la Policía a apalear a ciudadanos indefensos, como si el PSOE no se hubiera apuntado a la suspensión de la autonomía catalana, o como si los aparatos del Estado español no estuvieran pisoteando derechos fundamentales para mantener la sagrada unidad de su nación, es no entender cuáles son los condicionantes excepcionales que guían la acción de los republicanos en las Cortes.

Nada volverá a ser como antes después del 1 de octubre de 2017, y si Pedro Sánchez quiere sinceramente aprobar los presupuestos, y no forzar su rechazo para ir a elecciones y así poder mejorar su posición de poder frente a la derecha española a costa de Unidos Podemos, deberá arriesgarse de verdad. Pronto sabremos si –como dijo Oriol Junqueras– “Pedro Sánchez actúa como un estadista o se queda en postureo progresista”.