La mejor higiene en los países desarrollados, relacionada con el alzhéimer

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Auguste Deter, paciente en la que Alois Alzheimer identificó por primera vez los síntomas de la enfermedad que llevaría su nombre y que hoy afecta a 35 millones. / Wikipedia

El desarrollo experimentado por los países occidentales desde el silo XIX permitió arrinconar a las enfermedades infecciosas. Las redes de alcantarillas, el agua corriente o las campañas de aseo personal han salvado a millones de personas que, en la era preindustrial habrían muerto. Sin embargo, ese mismo desarrollo podría estar detrás de la alta prevalencia del mal de Alzheimer. En las sociedades avanzadas nos hemos alejado del contacto con microbios, bacterias o protozoos que entrenaban nuestro sistema inmune, que ahora ataca a su propio cerebro. Hemos cambiado la tuberculosis o la polio por las enfermedades neurodegenerativas.

"La hipótesis de la higiene sugiere que al esterilizar nuestro entorno, ahora estamos mucho menos expuestos a la diversidad microbiana. Hemos limitado nuestra exposición a microbios peligrosos que causan enfermedades contagiosas, y eso es algo bueno. Pero, sin darnos cuenta, también hemos reducido nuestra exposición a una microbiota inocua y a veces beneficiosa que era necesaria para un adecuado desarrollo del sistema inmune", explica la investigadora de la Universidad de Cambridge, Molly Fox, y coautora de un estudio que relaciona higiene con la distribución mundial del alzhéimer.

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El proceso de higienización ha ido parejo con el desarrollo. La urbanización, por ejemplo ha alejado a las personas del contacto con animales y suelos agrícolas. En las sociedades avanzadas a nadie se le ocurre beber leche sin pasteurizar o agua de un estanque. A pesar de sus ventajas evidentes, la ciencia viene acumulando datos que relacionan este mundo sin microbios con varias enfermedades del sistema inmunitario como el asma, la rinitis o la dermatitis atópica. De hecho, varios estudios muestran cómo estas afecciones se dan menos en los países en desarrollo y, dentro de los desarrollados, menos en las áreas rurales que en las urbanas.

"Nosotros hemos extendido esta hipótesis al mal de Alzheimer", cuenta Fox. La causa última de esta enfermedad, que supone entre el 60% y el 80% de los problemas mentales, es desconocida.  Pero podría estar relacionada con un alteración en el sistema inmunológico. "Nuestra investigación parte del hecho de que el alzhéimer presenta un tipo de inflamación similar a  la de las enfermedades autoinmunes", añade Fox.

Sobre ese punto de partida, varios investigadores de universidades británicas, canadienses y estadounidenses han comprobado que hay un relación significativa entre el grado de desarrollo e higiene de un país y la prevalencia del alzhéimer. "La ratio de la enfermedad en los distintos países varía mucho más allá de la variación debida al número de ancianos que tiene", plantea la investigadora británica. Comparando los datos de la Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades mentales con indicadores como el PIB, ratio de mortalidad infantil, acceso a servicios sanitarios, agua potable o presencia de enfermedades contagiosas, el estudio muestra que, cuánto más desarrollado es un país, mayor incidencia del alzhéimer.

La investigación, publicada en  Evolution, Medicine, and Public Health, revela que los países con mayores niveles de higiene muestran también mayor prevalencia de la enfermedad. Por ejemplo, allí donde toda la población tiene acceso al agua potable, como Francia o Reino Unido, tienen ratios de alzhéimer hasta 9 puntos superiores a las de Kenia o Camboya. Del mismo modo, naciones con escasa incidencia de enfermedades contagiosas (medida indirecta de la exposición microbiona) como Islandia o Suiza tienen un 12% más de casos de alzhéimer que China o Ghana.

De la misma forma, las naciones más urbanizadas, que se supone más higiénicas, sufren más la enfermedad. Por ejemplo, Australia, con el 75% de su población en áreas urbanas, muestra tasas diez puntos superiores a las de sociedades eminentemente rurales como Bangladesh o Nepal. En conjunto, en los países desarrollados la prevalencia del alzhéimer es un 36% superior a la de los países en desarrollo.

Este patrón se reproduce también con otras enfermedades que sí han sido ya relacionadas con alteraciones del sistema inmunitario. Aunque no eran el foco de su trabajo, los autores mencionan varios estudios previos sobre alergias, dermatitis o enfermedade autoinmunes como la esclerosis múltiple, la diabetes mellitus tipo 1 o la Enfermedad de Crohn que se estarían dando mas en los países ricos que en los pobres.

No se trata de volver al pasado y abrir las puertas a todo microbio que pase. Pero, si la hipótesis de la higiene es cierta, habría que replantearse nuestras relaciones con el entorno, también el microbiano. El mal de Alzhéimer ya es un drama para 35 millones de personas y sus familias (datos de 2010), que serán 115 millones en 2050, la mayoría en los países en desarrollo.

5 Comments
  1. Lucas says

    Muy interesante para certificar que el tiempo todo lo destruye

  2. Alphonse Zheimer says

    Hace poco leí que el cobre utilizado en las tuberías, añadía este elemento al torrente sanguíneo; el cobre, que es inocuo e incluso beneficioso para la salud en su presencia en algunos alimentos, es considerado perjudicial cuando proviene de instalaciones sanitarias. El estudio especula con que este metal presente en muchas conducciones de agua, produce una acumulación artificial de cobre en el organismo, favoreciendo disfunciones celulares. No encuentro que haya una contradicción evidente entre aquel estudio y este, del que informa la noticia, esmás, creo que una combinación de ambas causas, pudiera estar detrás del preocupante aumento de los casos de Alzheimer. Intentaré seguir los resultados de este estudio, gracias por habernos dado la posibilidad de conocerlo.

  3. Y más says

    Supongo que el estudio ha tomado en consideración que la esperanza de vida en Reino Unido es superior a la de Gana. El alzeimer castiga más a los viejos, claro.

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