600 millones de pobres entre los pobres

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La mitad de los pobres más extremos del mundo viven en la India. / Wikimedia Commons

Los organismos internacionales suelen determinar el grado de pobreza por el nivel de ingresos. Ganar un euro o menos al día se identifica con la pobreza extrema. Pero esa cifra no dice realmente nada. Un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford prefieren plantear una batería de preguntas para darle sentido a las estadísticas oficiales: ¿la madre ha perdido al menos a dos de sus hijos? ¿ningún miembro de la familia ha ido a la escuela al menos un año? ¿no tiene acceso a agua potable? ¿hace sus necesidades a campo abierto? 600 millones de personas en el mundo responderían que sí a todo eso. Son los pobres entre los pobres.

Con la idea de mostrar la verdadera dimensión de la pobreza, escondida muchas veces tras las tablas de un Excel, los científicos de Oxford crearon hace unos años un Índice de Pobreza Multidimensional (MPI por sus siglas en inglés). Conformado alrededor de tres dimensiones principales (educación, salud y condiciones de vida) lo operan con una serie de 10 indicadores como los años de escolarización, la mortalidad infantil o si tienen electricidad en el hogar. La ONU acabó aceptando el MPI como fórmula para medir la pobreza en el mundo.

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La Iniciativa sobre Desarrollo Humano y Pobreza de Oxford acaba de publicar su MPI mundial 2014. El trabajo, basado en datos de 108 países, arroja la cifra de 1.600 millones de pobres en el mundo menos desarrollado. Pero en esta ocasión han querido poner el foco en la pobreza más absoluta o indigencia. Según su índice, indigente sería el que sufre al menos un tercio de sus indicadores.

Pero ¿qué es realmente ser pobre de solemnidad? Unos porcentajes del informe lo ilustran bien: El 98% de los indigentes (aquellos 600 millones) cocinan con madera o paja. Para el 90% el único retrete a su alcance es la calle. El 83% viven en casas cuyo suelo es de tierra. El 71% no tiene electricidad. El 67% tiene a algún miembro de la familia desnutrido. El 41% vive en un hogar donde la madre ha perdido al menos a dos de sus hijos. El 40% no tienen acceso a agua potable o tienen que caminar 45 minutos para conseguirla… y el 100% sufre al menos tres de estas situaciones.

Los autores del informe sólo han podido diferenciar entre pobres y aún más pobres en 49 del centenar de países analizados. Pero concentran a 1.200 millones de los primeros, de los que la mitad viven en la indigencia. Aunque los hay en todo el mundo, la gran mayoría viven en el sudeste asiático y el África subsahariana. En la primera región, se concentran 420 millones de personas en extrema pobreza y es la India, con 340 millones,  la peor situada. No en vano, más de la mitad de su población es pobre. Sin embargo, la mayor proporción de indigentes se da en Afganistán, con casi el 40% de sus habitantes en esa situación.

África, un continente de grandes diferencias

En el África negra sólo tenían datos fiables de 24 países pero, aún así, cifraron su número de indigentes en 200 millones. Sin embargo, hay grandes diferencias entre países. En Sudáfrica, por ejemplo, sólo un 9% de los pobres son también extremos. En el lado contrario, dos de cada tres ciudadanos de Níger viven en la extrema pobreza. En términos absolutos, Etiopía encabeza la lista con más de 50 millones de personas que sufren al menos un tercio de los indicadores que forman el MPI.

El único dato bueno del informe es que parece que la pobreza extrema no va a más. En los últimos años y entre los países de los que hay datos, ninguno ha visto crecer su número de indigentes y, en 28 de ellos, se ha reducido. Llama la atención que las reducciones más importantes se han dado en las naciones más pobres. Etiopía también destaca aquí. A pesar de tener a 50 de sus 84 millones entre los más pobres del mundo, hace 10 años eran más del 90% de la población.

Aunque casos como el etíope arrojan algo de esperanza, el primer de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que se impuso la ONU ya no se va a cumplir. Querían que el año que viene se hubiera acabado con el hambre y la pobreza extrema. Lo tendrán que dejar para la nueva agenda que se está conformando para después de 2015. Quién sabe, igual para 2030.

Como decía la coordinadora del  MPI 2014, Sabina Alkire, en una nota «aunque los éxitos de los países más pobres muestran que se están haciendo progresos, nuestros resultados muestran que, por ahora, la pobreza extrema, con todas las opresivas penurias que implica, sigue siendo una triste realidad para cientos de millones de personas». Y añade: «Se necesitan renovados esfuerzos post-2015 para asegurar que aquellos que están en la pobreza más profunda, no se quedan atrás».