La extrema derecha y las redes sociales: las claves de su éxito y posibles recetas

  • La segmentación de las redes sociales y las 'fake news' sirven para propagar la ideología de este partido a través de las redes
  • Según el docente Luis García Tojar “la extrema derecha no tiene otra cosa que ideas provocativas, pero eso en las redes puede ser un gran capital”

A los partidos de extrema derecha que han surgido en los últimos años se les dan bien las redes sociales y la mensajería instantánea. Jair Bolsonaro no necesitó salir en televisión después de la puñalada que recibió en un acto el mes antes de la segunda vuelta de las elecciones brasileñas. Según una encuesta de Datafolha, el 81% de sus electores dijo haber tenido en cuenta las redes sociales y el 61% admitió leer noticias a través de Whatsapp. Diversos análisis también consideran el uso hábil y provocador de las redes sociales que hizo Donald Trump como uno de los factores que condicionaron su victoria. Vox parece haber tomado nota y ya es el partido político más seguido en Instagram, la red social que más ha crecido en el último año.

En este maremágnum que suponen las redes sociales, estas nuevas formaciones políticas se sirven principalmente de dos fenómenos de manera directa e indirecta: uno sería la segmentación de las redes sociales que permite a los partidos para dirigir campañas a públicos específicos por su edad, género o localización. Otro fenómeno serían las fake news o bulos que sirven para apuntalar una ideología basada en prejuicios, con pensamientos homófobos o racistas, pero es complejo discernir si estas campañas son una estrategia de los partidos o surgen al margen de ellos aunque sirvan a sus intereses.

A la hora de utilizar la segmentación de las redes sociales con fines políticos, en lugar de publicitarios, el precursor a nivel global fue Barack Obama en su campaña de 2012. Él fue el primer líder político que aprovechó el potencial de mandar mensajes específicos a perfiles concretos como jóvenes o mayores. “Sabemos que ganó las elecciones, pero en realidad nadie ha podido demostrar que una mayor segmentación en redes sociales ayude a obtener mejores resultados electorales”, explica Gemma Galdon Clavell, directora de Eticas R&C y fundadora de Eticas Foundation, un centro sin ánimo de lucro con sede en Barcelona centrado en la investigación, formación y difusión del conocimiento sobre la interacción entre tecnología y sociedad.

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Cambrigde Analytica, una empresa con sede en Londres que utiliza el análisis de datos para desarrollar campañas para marcas y partidos, promete entender los perfiles psicológicos de los usuarios de redes sociales. Por eso hubo alarma cuando saltó el escándalo de que esta empresa había conseguido recopilar datos de manera indebida de 50 millones de usuarios de Facebook. “La verdad es que no hay pruebas de que esto funcione ni de que se esté utilizando. De momento, las redes sociales ofrecen una segmentación muy básica a empresas u organizaciones para que los mensajes se puedan segmentar por género, edad, localización y pocas cosas más”, explica Galdon.

La clave de la segmentación por redes sociales es que la información no necesita “intermediación de los medios de comunicación” y puede llegar “por cualquier sitio”, ya sean redes sociales servicios de mensajería instantánea como Whatsapp –que pertenece a Facebook–, explica el profesor de Periodismo en la Universidad de Valencia Guillermo López García, experto en comunicación política y nuevos medios de comunicación.

Y además de esta herramienta, según explica Luis García Tojar, profesor de Sociología y Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid, la extrema derecha se sirve del clickbait o ciberanzuelo. “En las redes sociales, si generas flujo de comunicación tus mensajes se difunden exponencialmente sin importar su contenido”, indica este experto. En España la estrategia de Vox es la siguiente: “lanzan un mensaje provocador etiquetando a personas famosas a quienes sabe que les va a disgustar mucho. Ellos responden criticando el mensaje, para lo cual lo retuitean y difunden a sus miles de seguidores, quienes vuelven a insultar y a reenviar. Resultado, el tema es trending topic y termina llegando a los medios de comunicación convencionales, que lo difunden al público masivo donde sí están los potenciales electores de Vox”. Según el docente “la extrema derecha no tiene otra cosa que ideas provocativas, pero eso en las redes puede ser un gran capital”.

Las fake news o los bulos

El otro fenómeno que contribuye a la propagación de la ideología de estos partidos extremistas son las fake news o los bulos que llegan a través de redes sociales como Whatsapp o el correo electrónico. “A menudo nos lo envía una persona de confianza y no vemos todo el ciclo que se esconde detrás. El hecho de que confiemos en una persona no confirma la información, pero si es verosímil para nosotros, la incorporamos de inmediato”, explica López García.

Es difícil comprobar si estas “campañas de bulos”, muchas de ellas con datos falsos sobre los inmigrantes, formen parte de una estrategia del aparado de los partidos como Vox. “No son estrategias públicas , aunque pueden venir de individuos que pertenecen a estos partidos”, indica Galdón.

Sin embargo, advierte la experta, a veces culpamos a los algoritmos tanto de la difusión de bulos o de la potenciación de liderazgos extremistas cuando en realidad se trata de fenómenos sociales. “En Brasil tuvo mucha importancia un spot de Coca-Cola rehecho, que todo el mundo asociaba a su adolescencia o juventud, con un gigante se levantaba del mar y entraba en Río de Janeiro. Convirtieron a ese gigante salvador en Bolsonaro”, pone como ejemplo. La campaña actual presidente brasileño también fue organizada de abajo a arriba, algo que ayuda “a los candidatos que vienen a romper las normas desde los extremos”.

Buscando responsabilidades

A la hora de difundir ideas racistas, homófobas o contrarias a los derechos humanos, ¿quiénes son los responsables? Las empresas “siempre pueden alegar que son contenedores de mensajes cuya responsabilidad corresponde a los emisores”, pero “hay que tener en cuenta que estas empresas se enriquecen impulsando el tráfico de mensajes, con lo cual no es extraño que en sus sistemas de cálculo ‘animen’ las conversaciones introduciendo ítems polémicos que generen flujos”, explica García Tojar.

Los medios de comunicación además tienen a menudo se hacen eco de estos bulos o noticias polémicas sin comprobar de manera correcta la información. “Son responsables en la medida en la que potencian o amplían, les dan credibilidad a estas informaciones y luego no las desmienten”, indica López García. “La crisis terrible del sector de la comunicación ha puesto muy cara la supervivencia de las empresas informativas”, argumenta García Tojar, y “los medios han encontrado en los Trump, Bolsonaro o Abascal (como antes encontraron en Pablo Iglesias) un tema que vende y lo van a explotar hasta que decaiga el interés de la gente”, añade.

La herramienta con las que cuenta actualmente la ciudadanía es probablemente moverse con las redes sociales “con precaución”, por ejemplo, “pensando dos veces antes del retuiteo: ¿de verdad merece la pena que esa estupidez que vamos a criticar o ridiculizar siga circulando?”, aconseja García Tojar. También propone “no confundir la realidad con el muro de Facebook y salir a la calle”.

Sin embargo, los expertos coinciden en que hay un grueso de medidas que debe venir por parte de las instituciones y el Estado. Por ejemplo, contribuyendo a la alfabetización digital de la población con una asignatura sobre educación en Internet y las redes sociales en la educación secundaria, propone García Tojar. Otra idea propuesta por López García es una red social pública del mismo modo que se propusieron los medios de comunicación públicos en Europa para garantizar el derecho a la información. “No solucionaría el problema, pero sería una alternativa”, esgrime. Soluciones novedosas para tiempos de confusión digital.