El ascenso de Bolsonaro, explicado por un sindicalista brasileño

  • En los últimos años, la ultraderecha ha ascendido en ambos lados del Atlántico. Como reacción, también se han multiplicado las charlas sobre cómo crear resistencias antifascistas

En los últimos años, la ultraderecha ha ascendido en ambos lados del Atlántico, con más o menos éxito, desde la conquista del Gobierno de Brasil por parte de Bolsonaro hasta la entrada de Vox en el Parlamento Andaluz en España. Como reacción, también se han multiplicado las charlas sobre cómo crear resistencias antifascistas. Una de las últimas ha tenido lugar en el Centro Social ‘La Ingobernable’ de Madrid este lunes y ha estado protagonizada por Herbert Claros, el secretario de Relaciones Internacionales de la central sindical CSP-Conlutas, dentro dela Red Sindical Internacional a la que también pertenece la CGT.

El sindicalista quiso comenzar explicando a los asistentes el caldo de cultivo en el que se cocinó la victoria del líder portugués. Fue cóctel de factores, en el que se mezclan la desigualdad creciente del país, la crisis democrática, los escándalos de corrupción y la coincidencia de intereses con poderes fácticos como los terratenientes o la Iglesia evangélica, entre otros. Claros afirma que la ultraderecha no tenía, hasta la llegada de Bolsonaro, un perfil de referencia. “Brasil no es como la Francia de Le Pen”.

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Por tanto, hay que buscar la primera causa en la propia polarización material: “Brasil es un país conocido por la desigualdad social. Los ricos cada vez ganan más y los pobres también son más miserables”. Donde no llega el Estado, llegan otras instituciones, como la Iglesia Evangelica, que suma adeptos gracias al soporte social que supone entre las comunidades pobres, algunas de las cuales habitan en las favelas: “La Iglesia evangélica es famosa por distribuir cestas básicas o abrir guarderías”, explicó el sindicalista. Pero, según su visión, además de extender sus redes hacen lo mismo con su “concepción moralista”, que incluye “una pauta muy parecida a Bolsonaro”, un exmilitar que el sindicalista tacha de “homófobo” y “machista”. Su trabajo como parlamentario le permitió trazar un perfil durante la charla sobre el nuevo presidente, que lleva años negando que se instaurase una dictadura en Brasil y que se integraba en las comisiones de derechos humanos para “entorpecer el trabajo de la comisión”, según Claros.

Hay otro factor que ha pesado mucho en la crisis de representatividad, la corrupción, que según el sindicalista va mucho más allá del expresidente Lula da Silva y del Partido de los Trabajos (PT). “De 35 partidos políticos que hay en Brasil, 31 están implicados en casos de corrupción”. La concentración de tierras y el aumento de la criminalidad completan el caldo de cultivo para los discursos mesiánicos:  “La  inseguridad crea una situación favorable para el discurso de la ultraderecha, ¿por qué para la derecha? Porque durante 13 años había gobernado la izquierda”:

Una propuesta de resistencia

El secretario de Relaciones Internacionales de la central sindical CSP-Conlutas advierte de la necesidad de plantar cara a Bolsonaro, que ya ha anunciado la destitución de funcionarios comunistas y pretende emprender privatizaciones en todo el país. Para ello, llamó a los movimientos sociales a “crear unidad contra la ultraderecha”.

Sin embargo, esa respuesta no pasa por enfrentarse a Bolsonaro solo en las urnas, la unidad para el sindicalista no debe ser “para crear un espacio electoral”, una propuesta que atribuye al sindicato mayoritario  Central Única de los Trabajadores (CUT), que en su opinión “se ha adaptado al sistema político”. Claros apostó por organizar en la calle a los trabajadores como forma de resistencia.