Aitor Sánchez: “El panorama de políticas públicas de alimentación es desolador”

  • Entrevista con el nutricionista creador del blog 'Mi Dieta Cojea', autor de dos libros sobre alimentación y divulgador en medios de comunicación

Es el autor del blog Mi Dieta Cojea. Una frase que le sirvió también para su primer libro y que modificó levemente para su segundo (Mi Dieta Ya No Cojea). Formado como dietista-nutricionista, Aitor Sánchez (Albacete, 1988) acumula miles de seguidores en redes sociales. Colabora con diferentes medios de comunicación como TVE o RNE entre otros para divulgar con rigor científico aspectos relacionados con el mundo de la alimentación saludable. En esta entrevista con cuartopoder.es nos comenta, entre otros temas, la ausencia de políticas públicas alimentarias en nuestro país o los peligros que genera la gran industria alimentaria sobre todo a través de la publicidad.

– En tus libros, ponencias y demás te has dedicado a desmontar mitos sobre la alimentación saludable. ¿Hay mucho engaño con este asunto?

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– No necesariamente todo tiene un oscuro interés detrás. Pero es cierto que la alimentación reúne ciertas características propias: es algo muy cotidiano, institucionalizado, todo el mundo lo realiza y hay desactualización en la formación del personal sanitario. Todo esto hace que recibamos muchos inputs alrededor de la alimentación y no sepamos discernir qué información es correcta y cuál no. Cuando empecé a divulgar me centré mucho en intentar aclarar a la gente la información que recibimos atendiendo a un criterio sencillo que es el de la evidencia científica.

– ¿Quiénes son los principales responsables? ¿La industria tiene mucho poder?

– La gran industria alimentaria, no diría todo el sector, es uno de los agentes que más ha contribuido a perpetuar mitos sobre todo a través de uno de los elementos imprescindibles para mantenerlos, que es la publicidad. Mediante ella ha conseguido que mucha gente dé por hecho algunas cuestiones sobre alimentación que no son ciertas. Por ejemplo, que el desayuno es la comida más importante del día, que los lácteos son imprescindibles, que hay algunos alimentos que los tenemos que relacionar con la felicidad, etc. Todo viene derivado de elementos puramente publicitarios y de los spots. También del propio etiquetado. Una gran parte de responsabilidad la tiene la administración. Por un lado, porque tenemos una legislación publicitaria y de etiquetado que permite que se digan auténticas barbaridades. Te puedes encontrar productos que son directamente malsanos pero que se publicitan a sí mismos como saludables. Esto va desde embutidos reformulados a lácteos que dicen ser saludables y mejorar tus defensas o galletas que van a mejorar tu colesterol. Auténticas barbaridades. Ya no es que se exageren los beneficios, sino que son alimentos directamente perjudiciales en algunos casos.

"La gran industria alimentaria ha contribuido a perpetuar mitos a través de la publicidad"

Luego obviamente hay una tercera pata que es la ausencia de un profesional de referencia que pusiera orden en todo esto. España tiene un caso muy sensible porque no tenemos acceso a la figura de dietista-nutricionista para ayudarnos en ese sentido. Este campo se ha quedado yermo. Como no ha habido formación específica, muchos profesionales sanitarios, con la mejor de sus intenciones, han intentado cubrir esas lagunas. Pero sin formación específica ni dedicación clara a la nutrición. Eso ha hecho que hoy en día vayamos a una consulta de pediatría y nos recomienden cosas malsanas o que pasemos una gastroenteritis y nos recomienden una dieta blanda, que es completamente un disparate. Otro escenario que hemos visto es tener a familiares ingresados en un hospital y que haya la sensación de que el menú hospitalario, lejos de recuperarlo, lo que va a hacer es enfermarlo más.

– Dices que la publicidad tiene mucha importancia en todo esto. Se ha limitado la publicidad de productos tóxicos como el tabaco o el alcohol. ¿Serías partidario de limitar publicidad de ciertos alimentos?

"Hay países que controlan qué alimentos se pueden anunciar en horario infantil"

– Con la publicidad, como siempre digo, está muy bien dar opiniones. Pero cuando tenemos datos de cómo ha funcionado en otros países, mucho mejor. Por ejemplo, en los países nórdicos o Chile, que han tenido una gran experiencia de cambio de publicidad de alimentos malsanos. Hay experiencias como dejar de publicitar ciertos alimentos en horario infantil. O incluso en plataformas de uso infantil. Ya no sólo en medios de comunicación sino en centros de compra. Ha funcionado realmente bien. Es comprensible porque los niños son público muy sensible hacia la publicidad ya que no son capaces de hacer un análisis crítico. Si un adulto no lo hace, el niño mucho menos. Por ejemplo, respecto a la publicidad hay países que controlan qué alimentos se pueden anunciar en horario infantil o qué mensajes se pueden lanzar. No hablamos de prohibir la venta de refrescos, helados o bollos. Lo que plantearíamos es prohibir la promoción. No se hace una promoción aspiracional como la del alcohol o el tabaco, sino que directamente mienten ya que se hace vinculando a que esos productos son saludables. Es una medida que ya se ha estudiado y que es de las más efectivas. El caso más reciente de aplicación es el de Chile. La legislación controla que no se puedan regalar elementos de juguete con la comida. Esto afecta también a cadenas como McDonalds con sus happy meals y similares.

– ¿A qué alimentos te refieres concretamente? ¿Bollos ultraprocesados y similares?

– La gran mayoría de veces a los ultraprocesados, aunque no siempre. La particularidad que reúnen la mayoría de los productos infantiles es que no son necesarios ni imprescindibles. Estos productos se pueden sustituir simplemente por comida. No hay nada imprescindible. Es una industria bastante moderna y no cubren un hueco de necesidad en la Sanidad. Por otro lado, la mayoría de anuncios a los que se somete un niño alrededor de la comida es muy alto. Hay estudios que dicen que el 80% de anuncios que ve un niño son de comida poco saludable. Están muy expuestos y la mayoría son alimentos malsanos. Hay otra parte que son anuncios dirigidos a familias. La publicidad cambia ligeramente, suelen utilizar la política del miedo. Es algo que debería estar controlado. Nuestra ley dice que la publicidad nunca debería dar a entender que la omisión de ese producto puede entrañar un riesgo para el consumidor. Nos encontramos de que te alertan qué puede pasar si tu niño no mejora sus defensas ya que se resfriará. Si tu niño no toma la leche de energía y crecimiento parece que no va crecer como los de su clase. O que si no toma leche de continuación no alcanzará los percentiles adecuados. Es decir, indirectamente se ejerce una presión de consumo a las familias con un miedo indirecto que puede hacer sentirse culpables de que no compran el mejor producto. Parece que eres un padre cutre si a tu hijo le das copos de avena y no una papilla de cereales.

Aitor Sánchez. / Cedida

– Precisamente estás preparando un nuevo libro sobre alimentación infantil. En este campo en concreto, ¿se nota más la desinformación y los problemas?

– El libro no lo hago en solitario sino con mi compañera Lucía Martínez. Ahondamos sobre estos engaños de la industria alimentaria. Y lo traemos mucho al ámbito actual. Muy relacionado con el tema de la publicidad, hablamos sobre cómo las familias están recibiendo una publicidad que no existía hasta ahora. Es la que utilizan marcas a través de influencers como mamás blogueras o celebrities que hagan promoción. Es un tema con el que la legislación todavía no está preparada. Estamos encontrando famosos recomendando snacks de salchichón, helados, leches de continuación, papillas, etc. Todo de manera no declarada, algo que es ilegal. Y además hay una desprotección del consumidor ya que no percibe que consume publicidad. Es un riesgo más que evidente para las familias. El libro también señala aspectos relacionados con la educación o qué está pasando a nivel administrativo.

– ¿Has tenido ofrecimientos de este tipo de publicidad o enfrentamientos con marcas o empresas por tus planteamientos?

– Problemas muy evidentes que he tenido han sido que ante la denuncia de que una persona estaba haciendo publicidad ilícita y encubierta, el que se ha encontrado ante amenazas de denuncia he sido yo. Hay influencers haciendo malas prácticas, pero señalan a quien lo denuncia. Se mata al mensajero cuando en realidad tenemos un problema evidente de que hay personas que hacen publicidad ilícita. A veces se centran más en si tú has usado contenido de otras personas, aunque sea para hacer una denuncia en favor de la salud pública. Tengo esos problemas de forma constante. Desde el punto de vista de la experiencia puedo decir que en el momento en que una red social alcanza más de 50.000 seguidores puedes vender la cantidad de mierda y productos que te apetezcan. Trabajo y colaboro con distintas empresas y entidades, pero siempre acorde a una política de publicidad y de colaboraciones, no hago publicidad. Un instagramer puede levantarse miles y miles de euros anunciando cualquier producto. Una publicación anunciando un producto, una persona con mi comunidad de seguidores podría monetizar del orden de 5.000 o 10.000 euros. Esto puede hundir su credibilidad y reputación, pero hay personas que no tienen eso en su lista de prioridades.

– Hablabas antes de la importancia de la figura del dietista-nutricionista. Parece evidente que en la alimentación hay mucho intrusismo y mucha pseudociencia. Una de las cosas que más defiendes es incluir a este profesional en la Seguridad Social. ¿Cuáles son las razones?

"Reivindico que entre la figura del dietista-nutricionista en la salud pública"

– Es algo que no hacemos desde una perspectiva egoísta porque busquemos empleo. Yo tengo una clínica privada y debería ser el primero no interesado en que entrase la figura del dietista-nutricionista en la salud pública porque me permitiría mantener mejor mi negocio. Pero aún así lo reivindico. Porque es una prioridad en salud pública. Se sabe con datos que es una de las intervenciones estructurales en la sanidad de un país más eficientes. Tenemos estudios en Holanda o países nórdicos por los que se sabe que introducir a este profesional es eficiente a nivel monetario porque impiden que la gente enferme. Por otro lado, en pacientes hospitalizados, permite que las altas se den antes. En una estructura sanitaria tan medicalizada, con tanta prescripción de fármacos, simplemente con evitar que una persona deje de ser obeso mórbido implica un ahorro brutal en farmacología, cirugías o complicaciones médicas. Y evidentemente una mejora de la vida de ese paciente. Con que una nutricionista evitara que solo una persona llegase a ser obesa mórbida, su sueldo estaría amortizado. Es tan grande el ahorro sanitario que se podría tener que, al Gobierno, aunque sea de forma egoísta, le interesaría.

– ¿Ha habido algún partido que se haya pronunciado al respecto? ¿Se ha hecho alguna propuesta?

– A nivel de Sanidad, tal cual no ha habido un posicionamiento claro. Lo que sí hubo fue una propuesta no de ley impulsada por Podemos y PSOE en la que sí se planteaba la incorporación de dietistas-nutricionistas a la revisión de menús escolares. Es algo que tiene mucho sentido para dar un servicio de manera más eficiente. Permitiríamos hacer un menú más barato, sostenible y saludable. El problema es que los estándares que se exigen en el servicio de restauración colectiva, tanto en hospitales, empresa o cáterings que den servicio a colegios, no es que sean saludables. Esto es muy importante de comprender. Los menús tienen que estar supervisados por un cátering y por una nutricionista. Pero los estándares no piden que sean saludables. Piden que tengan unos criterios nutricionales pero no son sinónimo de saludables. Te piden que tengan unos minerales, vitaminas, hidratos, grasas, etc. Pero esos son nutrientes que puedes conseguir con alimentos malsanos como patatas fritas, salchichas, pasta y tomate frito. Es como si quieres controlar que una vivienda sea cómoda y lo que controlas es el número de ventanas y enchufes. Debería haber un arquitecto técnico que dijera que la vivienda es salubre. Lo mismo pasa con los menús.

¿Hay algún ejemplo de buenas prácticas que se estén dando en la actualidad en nuestro país respecto a políticas públicas de alimentación?

"En España no hay un amparo institucional de las medidas de salud pública, todo lo que tenemos es a título individual"

– El panorama es desolador en España. Como en España no hay un amparo institucional de las medidas de salud pública, todo lo que tenemos son medidas a título individual. O a título de colectivos que se unen, colegios, AMPAS, hospitales privados, etc. Gente que a nivel local ha querido emprender acciones. Hay colegios que están mejorando su menú y tienen su propio huerto escolar, hospitales que mejoran su oferta de restauración, clínicas que dan muy buen servicio, medios de comunicación que dan altavocías a gente con mucho rigor, programas de divulgación científica específicos, etc. Pero claro, todo eso son pequeños detalles que no pueden combatir el problema si no se hace de manera institucionalizada. No necesitamos buenas prácticas sino políticas de salud pública. De nada sirve que una persona divulgue en radio o televisión si se permite que haya publicidad encubierta de influencers, que tienen mucho más alcance. De nada sirve que el Gobierno haga una campaña de promoción de la fruta y verdura si con la otro mano te hace promoción de postres lácteos infantiles y embutidos. Tenemos muchas acciones pero juntas son anécdotas. Necesitamos medidas de políticas públicas de alimentación para corregir errores.

– Mencionabas antes a los países nórdicos o Chile. ¿En qué medidas concretas podemos fijarnos en éstos y otros países?

– Lo primero es el control publicitario. También la actualización de los currículos escolares. Japón es un referente para esto. En el colegio integra la educación alimentaria en todas sus fases. Los niños se familiarizan e interactúan con alimentos, aprenden cosas y comen con los profesores en clase. La comida es un momento educativo más. Es un buen ejemplo y está dando muy buenos resultados. Japón tiene una incidencia muy baja de enfermedades no transmisibles derivadas de la alimentación. Si actuamos desde el punto de vista de la formación, nuestros profesionales necesitan hacerlo más en nutrición. Lo vemos con disparates en consultas como que se recomiende Coca Cola, productos cárnicos o elementos de la industria alimentaria y farmacéutica en la propia consulta. Encuentras descuentos de galletas de dinosaurios en consultas de pediatría. O sellos médicos en alimentos del supermercado.

"Japón es un referente, integra en el colegio la educación alimentaria"

Son temas que se pueden regular y que supuestamente deberían estarlo. Porque la legislación contempla que no se pueden hacer esa clase de promociones que puedan confundir al consumidor. Y aún así nos encontramos sellos de pediatría en productos mediáticos, de nutrición en piezas de bollería, de la Fundación Española del Corazón en productos funcionales, etc. Son entidades que se están vendiendo a intereses privados y están perjudicando a la salud pública. Esto habría que controlarlo mucho mejor. Pienso en otros sectores como el de la educación. Los profesionales que acaban su formación universitaria tienen la oportunidad de formarse a través de los sindicatos, Comunidades Autónomas o tejido público.

Pero en el sector sanitario nos damos cuenta que la formación depende en gran medida de las grandes farmacéuticas y la industria. No puede ser que quien te forme en nutrición pediátrica sea Blevit, de Nestlé. O quien te forme en nutrición oncológica sea Fresenius. O quien te forme en las últimas tendencias de diabetes 2 sea la misma farmacéutica que vende la insulina. Aquí puedo contar una anécdota. En ocasiones se me ha ofrecido desde la industria farmacéutica o alimentaria dar ponencias en foros de diabetes. Cuando les he mostrado mi contenido, con estudios sobre diabetes que demuestran que se puede remitir si esa persona adelgaza y lleva buena alimentación e incluso se podría dejar la farmacología, se me ha vetado en esos congresos. Porque hay gran parte de la industria que no quieren que los profesionales sanitarios sepan que podemos tratar ciertas patologías sin recurrir a los fármacos o productos alimentarios. Empoderar al paciente y que no necesite fármacos o alimentos funcionales no le interesa a este tipo de industria.

– Ahora que estamos en verano vuelve a surgir el concepto de “operación bikini”. Hay miles de noticias, incluso en medios “serios”, con esta frase. Vosotros lo criticáis por varios motivos.

"Lo de la operación bikini es un ejemplo que reúne todos los problemas que tenemos"

– La industria del adelgazamiento es otra independiente. Tiene los quemagrasas, los suplementos, los sustitutivos alimentarios, las pastillas, los bloqueadores de estamina, las cremas reductoras, etc. Toda esta clase de productos que no han sido capaces de demostrar nada y con los que no se hace nada al respecto desde las instituciones. Nos gusta decir una frase, que no sabemos a quién es atribuible. Es que la industria del adelgazamiento es la única que funciona año tras año con el 99% de fracaso. Lo de la operación bikini es un ejemplo que reúne todos los problemas que tenemos: la salud entendida como estética, el machismo de la frase, cómo no somos capaces de ver que hábitos mantenidos durante años no se pueden corregir en tres semanas. La gente sabe que no podemos corregir nuestros hábitos y queremos una solución mágica. Cuando uno adelgaza es porque está dejando de cometer esos excesos de comida o pasa a alimentarse mejor. Si tanto bombo tiene lo de la operación bikini es porque genera mucho interés. La gente quiere adelgazar cuando llega el verano y por eso incluso muchos profesionales sanitarios lo aprovechan para ganarse un dinero extra.