El fracaso de las ortodoxias

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Mujeres iraníes participan, el pasado día 4, en la oración del viernes, celebrada en la Universidad de Teherán (Irán), donde el líder espiritual, Ali Jamenei, afirmó que las revueltas populares de Túnez y Egipto son una señal del "despertar islámico en el mundo". / Abedin Taherkenareh (Efe)

No resulta fácil encontrar un hilo conductor a lo que está pasando en los países musulmanes más próximos a la cuenca mediterránea. Hay que agradecer, sin embargo, a Alí Jamenei, principal dirigente de un Estado islámico, que nos haya facilitado con sus declaraciones sobre Egipto algunas pistas para realizar una valoración de conjunto. En su opinión, tanto esta revuelta como la tunecina no son más que la continuación de la revolución que, hace nada menos que 30 años, lideró el ayatolá Jomeini; nos encontraríamos, por lo tanto,  ante la esperada proyección internacional que las jerarquías chiíes siempre han querido dar al jomeinismo.

El problema que tiene esta interpretación estriba en que la oposición a este régimen también respalda las revueltas pero planteando exactamente lo contrario. Para los seguidores de Musavi, Karrubi y demás grupos del Movimiento Verde, estas protestas populares son muy semejantes a las que llenaron las calles de Teherán contra el fraude electoral; igualmente intentaban  derribar una dictadura para  sustituirla por un sistema democrático.

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De hecho, según defienden los reformistas iraníes, Ben Alí y Mubarak no habrían visto cómo se desplomaban sus gobiernos si hubieran respetado la voluntad popular. La gran diferencia entre Túnez y Egipto y el Irán de 2009 está en que los Guardianes de la Revolución –el verdadero ejército iraní- se colocó incondicionalmente del lado de Ahmadineyad, desencadenando una sangrienta represión que todavía no se ha detenido.

Por lo demás, los protagonistas son muy semejantes en los tres casos: los jóvenes, las clases medias y las minorías que buscan un modelo político basado en la libertad y el respeto a la diferencia. Es, en este sentido, bastante sintomático el papel que han jugado las redes de internet en los tres casos y que tanto la República Islámica como Ben Alí y Mubarak se hayan esforzado en silenciar estas nuevas formas de comunicación.

Por el contrario, los acontecimientos actuales no solo han cogido por sorpresa a los tradicionales movimientos islamistas, como los Hermanos Musulmanes de Egipto y el grupo Renacimiento de Túnez, sino que, pese a intentar colocarse al frente del movimiento, han jugado un papel muy secundario en las protestas. El grito ¡Alá Akbar! no ha sido precisamente el más oído, como tampoco han destacado las tan renombradas consignas de otros tiempos contra Estados Unidos o el sionismo.

Frente a lo que ha declarado Jamenei y lo que temen muchas personas en Occidente, los procesos políticos que se están registrando en los países musulmanes van en dirección contraria a unos sistemas ya caducos que, como ocurrió tras el Telón de Acero, nos ocultaban los cambios mientras intentaban imponer un pensamiento unitario a sociedades que, en realidad, son diversas y plurales.

La forma en que se están desarrollando los acontecimientos demuestra que ideologías como el integrismo islámico, en sus diferentes variantes, o el panarabismo, bien sea en su vertiente baasista o naseriana, han fracasado y están a punto de pasar a la categoría del mito. Las fuerzas emergentes, ahora al descubierto tras la caída del nuevo muro,  parecen empeñadas en demostrar que la religión, sin despreciar su importancia, es un elemento más de la vida política y no la única referencia como interpreta Jamenei.

El hecho de que tanto el partido tunecino Renacimiento como los Hermanos Musulmanes de Egipto, Jordania y Siria manifiesten en la actualidad que aceptan el juego democrático integrándose en la sociedad civil junto a otras fuerzas heterodoxas, laicas o cristianas no hace más que corroborar por dónde van, metafóricamente, los tiros. Sinceramente, no veo al Movimiento 6 de Abril respaldando una estrategia que acabe en la restricción de las páginas web por motivos morales o a Al Baradei cometiendo los mismos errores de Banisadr en una transición iraní que el Premio Nobel de la Paz conoce perfectamente.

Otra idea clásica que se ha derrumbado es la extendida opinión de que las masas árabes o musulmanas no están preparadas cultural e intelectualmente para la democracia. Cualquiera que se dé una vuelta por Oriente Medio podrá comprobar cómo las azoteas de ciudades, pueblos y aldeas están cubiertas de antenas parabólicas por las que se transmiten las mismas modas, las mismas tendencias, las mismas ideas y, en definitiva, una cultura global de gran capacidad integradora, opuesta al exclusivismo y al aislamiento del resto del mundo.

Otros acontecimientos de proyección internacional también guardan relación con este fracaso de las ortodoxias. Problemas enquistados en el tiempo, que los regímenes autoritarios no han podido “resolver” con el uso de la fuerza, evidencian que sistemas vigentes durante tantos años ya no sirven… La propia cuestión del Sáhara y el irredentismo rifeño en Marruecos, la defensa de la cultura amazegh por sus “hermanos” bereberes de la Kabilia argelina, los tuaregs, los coptos de Egipto, Darfur y la guerra sureña de Sudán… son solo algunos ejemplos.

Lo mismo se podría decir del problema kurdo en Turquía, que demuestra, un día sí y otro también, la incapacidad e hipocresía de Erdogán para aplicar en su tierra el respeto a la democracia que exige para Túnez y Egipto. Incluso, las fórmulas de Gobierno basadas en el consenso y la negociación que, en contra de las previsiones más fatalistas, han terminado por funcionar en el Líbano e Irak señalan a Occidente que la democracia y la convivencia también son posibles en estos países, y que, en caso de consolidarse el actual proceso democrático, se nos abre un horizonte de cooperación cuyas consecuencias para toda la humanidad resultan hoy, en el sentido más positivo del término, imprevisibles.

4 Comments
  1. mabu says

    A propósito del «horizonte de cooperación» que se nos abre, ¿dónde está la tan cacareada Unión por el Mediterráneo? Sería ocasión de servir de lazo entre las dos riberas del Mare Nostrum.
    Pero para lograr esto, cristianos y judíos deberían dejar de pintar el islam como una religión dañina, terrorista y retrógrada e admitir que esta religión, también monoteista, tiene que ser respetada como tal y es estrictamente asunto de ellos: Lo que se está diciendo por ahí de los Hermanos Musulmanes es inadmisible y señal de un fundamentalismo que se reprocha a ellos…

  2. celine says

    Es apasionante el momento. Ojala los iraníes manden a paseo a los ayatolás a pesar de la sangrienta represión que sigue ahorcando a intelectuales opuestos al régimen. Malditos religiosos de pacotilla. Gracias por esta clara exposición.

  3. Jonatan says

    ¡Peazo foto!

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