El régimen de Bahréin asalta a los manifestantes prodemócratas con la cobertura del estado de emergencia

El campamento de Manama, tras la ofensiva de esta mañana. / Sociedad Juvenil para los Derechos Humanos de Bahréin

Los nuevos y violentos incidentes de hoy en Bahréin a pocos han tomado por sorpresa. El peor escenario había comenzado a perfilarse ayer, cuando el monarca de Bahréin, Hamad bin Issa al Khalifa, decretó un estado de emergencia que parecía diseñado para justificar la represión. Esta mañana, un masivo dispositivo de policías antidisturbio apoyado por efectivos militares confirmó los temores más pesimistas al lanzar un asalto contra el campamento prodemocrático de la Plaza de la Perla, donde centenares de personas llevaban concentradas casi un mes para exigir reformas democráticas que lleven a una monarquía constitucional o, en su defecto, el derrocamiento de una dinastía que lleva dos siglos en el poder.

Las imágenes distribuidas por ONG como la Sociedad Juvenil para los Derechos Humanos de Bahréin (SJDHB), una de las más activas en las protestas que comenzaron el pasado 14 de febrero -cuando fue declarada una jornada de ira- muestran helicópteros sobrevolando la plaza, carros de combate, explosiones y columnas de humo, incendios y mucho caos a primera hora de la mañana. El asalto tuvo lugar sobre las 07.00 y habría llenado los hospitales de víctimas sino fuera porque, por primera vez desde que comenzaron las protestas, la policía antidisturbios tomó posiciones frente al Hospital Salmaniya de Manama, el más grande de la capital, para impedir a los doctores que atendiesen a las víctimas, según han denunciado testigos a la prensa local e internacional. Sobre las 08.00, hora local, los antidisturbios cerraron la puerta principal del hospital y estacionaron fuerzas en el exterior, afirma el diario The Guardian. Al Jazeera informa de que está obstaculizando el paso a las ambulancias que intentan evacuar heridos. La Sociedad Juvenil asegura que los heridos están siendo atendidos en casas particulares.

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Helicópteros sobrevuelan la Plaza de la Perla. / SJDHB

Al menos dos agentes bahreiníes habrían muerto durante el asalto, y las ONG hablan de entre dos y cinco muertos civiles en el asalto de esta mañana. La cifra se vienen a sumar a los dos manifestantes fallecidos ayer en Sitra, un suburbio chií de la capital, donde las protestas fueron duramente reprimidas como ocurrió en los barrios de Maamira, Aali y Buri. Unas 200 personas resultaron heridas, cifra similar a la de las víctimas del pasado domingo, cuando otra protesta terminó a golpes.

El mercado de valores, así como escuelas, universidades y negocios privados han amanecido cerrados hoy especialmente en el centro financiero de Manama, donde se encuentra la Plaza de la Perla. La ciudad tenía apariencia fantasmagórica ya desde los enfrentamientos del domingo, cuando se confirmó en las calles el pulso que mantiene la sociedad con el régimen desde hace más de un mes y que, cada vez más, adquiere tintes sectarios en lo que constituye un problema no sólo local sino también regional.

Vista de la represión de esta mañana. / SJDHB

El 70% de la población de Bahréin es chií, y denuncia la flagrante discriminación del régimen que le impide, por ejemplo, alistarse en unas fuerzas de Seguridad puramente suníes. La dinastía reinante suní, que lleva incumpliendo las promesas de reformas democráticas desde hace una década, ve amenazada su mera existencia por este alzamiento popular pero no es la única: las monarquías del Golfo, igualmente suníes y muchas de ellas con minorías chiíes en el interior, no están dispuestas a permitir que la dinastía bahreiní caiga dejando el poder a los chiíes y dando ejemplo a sus propias minorías.

En el fondo subyace la guerra fría regional que enfrenta a los suníes, encabezados por Arabia Saudi, y los chiíes liderados por Irán. Los países del Golfo están aterrorizados ante la posibilidad de que Teherán -muy reforzado en los últimos años gracias a la invasión angloamericana en Irak que entregó el poder a los chiíes apoyados por los ayatolás, por el fortalecimiento de Hizbulá en el Líbano o la estabilidad de los alauíes [chiíes] sirios- conquiste indirectamente el poder en Bahréin mediante unas elecciones libres que deje la mayoría del Parlamento al Wafq, la facción chií, en el caso de una reforma que derive en una monarquía constitucional.

Otra escena de la represión de esta mañana. / SJDHB

De ahí que para evitar ese escenario Arabia Saudí haya enviado tropas (1.000 efectivos) a Bahréin para, en teoría, proteger infraestructuras vitales, así como Emiratos Arabes Unidos (500 hombres) o Kuwait. Incluso Qatar se está planteando enviar soldados como parte de la Fuerza Escudo de la Península del Consejo de Cooperación del Golfo, creada por Arabia Saudí, Oman, Kuwait, Bahréin, Qatar y Emiratos Arabes Unidos para protegerse de agresiones externas, pero extraoficialmente para defender a los regímenes, como se puede comprobar por los acontecimientos de estos días. “Las tropas del CCG están para combatir contra fuerzas extranjeras, pero se las envía a atacar a la gente de Bahréin. ¿Cuál es nuestro error? Reclamar nuestros legítimos derechos”, lamentaba a Al Jazeera un manifestante, Sayed al Alawi. “Somos gente pacífica exigiendo nuestros derechos de forma pacífica, y estamos siendo asesinados”.

Irán ha calificado de “inaceptable” la presencia de tropas del Golfo en la pequeña isla chií, rica en hidrocarburos, y la oposición y los activistas chiíes lo tachan de “invasión militar”, lo cual hace temer una intromisión de Irán en el conflicto interno. Estados Unidos, que en un principio criticó veladamente el envío de militares extranjeros a Bahréin, parece haber cambiado de opinión. Seguramente pese el hecho de que la estabilidad del actual régimen, que acoge a la V Flota norteamericana, es su prioridad.