El genocidio armenio de 1915 ya ha dejado de ser un tema tabú en la sociedad turca

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Cuerpos de armenios asesinados cuando eran trasladados por el centro de Anatolia. / In the Shadow of History

De nuevo, Turquía ha desaprovechado otra buena ocasión para acercar sus posiciones a Europa al romper los vínculos diplomáticos con Francia por el genocidio armenio. El pasado jueves la Asamblea Nacional francesa aprobaba una ley que penaliza con un año de cárcel y 45.000 euros la negación de este plan ideado en 1915 por el Estado mayor germano-turco para deshacerse de los armenios y cristianos asirio-caldeos durante la Primera Guerra Mundial.

Aunque generalmente se acepta una cifra de muertos superior al millón de personas, Turquía solamente admite la mitad y justifica esa elevada mortandad por una serie de circunstancias que confluyeron de forma caótica en plena conflagración mundial. Inicialmente, se trataría, siguiendo órdenes militares, de desplazar a los cristianos hacia las llanuras de Siria, impidiendo así que se unieran a las tropas rusas en su avance por Anatolia.

Las muertes se habrían producido por factores diversos (malnutrición, agotamiento, enfermedades, combates…) Sin embargo, los informes diplomáticos de la época indican lo contrario. Una vez que las columnas eran concentradas para su desplazamiento, iban siendo aniquiladas por el camino, no llegando en su inmensa mayoría a los destinos teóricamente establecidos.

Iglesia armenia de S. Giragos antes de su restauración. / Ayto. de Diyarbakir

Hasta finales de los 90, negar esta versión oficial en Turquía suponía exponerte a ser procesado y encarcelado por atentar contra la integridad del Estado, pero, desde hace una década, el reconocimiento del genocidio se ha ido abriendo paso en la sociedad turca, habiendo dejado de ser un tabú sobre todo en ámbitos intelectuales y periodísticos.

Fue la revista armenia Agos, dirigida por Hrant Dink, quien se atrevió  el año 2004 a hablar abiertamente de este asunto, publicando una serie de reportajes en los que se afirmaba, por ejemplo, que los supervivientes –unos 300.000- habían sido obligados a convertirse al islam. A comienzos de 2005 sería el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk quien se refirió abiertamente a la existencia de un millón de muertos.

Incluso el propio primer ministro, Tayip Erdogán, ha promovido, directa o indirectamente, algunas iniciativas reafirmando la existencia de las masacres. Por ejemplo, en septiembre de ese mismo año apoyó unas jornadas que, bajo el título “Los armenios otomanos en la fase final del Imperio",  se celebraron en la Universidad Bilgi de Istanbul.

A finales de este mes de noviembre, pidió, en nombre del Estado, perdón por las matanzas cometidas en Dersim entre 1937 y 1939 contra la minoría alevi, un gesto sin precedentes que muchos interpretaron como un intento de reconocer oficialmente las campañas de exterminio.

Muro lateral de la iglesia, donde se aprecian las labores de restauración. / Manuel Martorell

En la actualidad son constantes los artículos e investigaciones que sobre el genocidio armenio se publican en Turquía sin que sus autores sean detenidos por ello. Incluso, cada 24 de abril se celebra en la antigua Constantinopla un acto conmemorando simbólicamente aquellos hechos. No menos significativo resulta que en la ciudad de Diyarbakir se celebrara el pasado 23 de octubre una solemne misa para reinaugurar la iglesia armenia de San Giragos, la más grande de Turquía, que, desde 1915, permanecía en ruinas. La total restauración del templo ha sido promovida por el Ayuntamiento kurdo de esta populosa urbe, que colocó por las calles y en lugares visibles pancartas con la leyenda “Bienvenidos a casa”, dirigida a los descendientes de los armenios que, procedentes de distintos continentes, llegaban para asistir a la reinauguración.

Un mes más tarde, el 25 de noviembre, era el consejo municipal de Habap, cerca de Elazig, el que volvía a poner en funcionamiento dos fuentes tras haberlas restaurado totalmente respetando el estilo armenio original. El acto reivindicando el pasado armenio de la localidad contó con la presencia de una representación del Gobierno provincial, mientras que el Ministerio de Cultura había sido una de las entidades que había participado en la financiación del proyecto restaurador.

De hecho, en la actualidad solo la extrema derecha del MHP sigue defendiendo al trasnochada tesis oficial de que el genocidio no existió y si existió fueron los turcos quienes habrían sido víctimas de las bandas terroristas armenias. Por eso resulta tan intempestiva la reacción de Erdogán ante la nueva ley francesa, ley que, de alguna forma, equipara los genocidios armenio y judío. Por lo que se ve, para Erdogán el perpetrado por los otomanos es menos genocidio que el de los nazis. En este sentido, resulta curiosa la frase atribuida al Hítler cuando uno de sus ayudantes le planteó las posibles repercusiones internacionales que tendría aniquilar en masa a los hebreos: “¿Quién se acuerda de los armenios?”, dicen que respondió para justificar el holocausto.


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