La crisis armenia reabre en Francia el debate sobre el «genocidio» de la Vendée

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Un amplio panorama cronológico da acceso al museo sobre la Guerra de la Vendée. Entre las figuras, se aprecia el corazón y la cruz que usaban los vendeanos como distintivo. / Manuel Martorell

Como era de esperar, la ley aprobada el 22 de diciembre en Francia penalizando la negación del genocidio armenio ha abierto la polémica sobre si corresponde o no a los políticos revisar la Historia. No resultó extraño, por ejemplo, que en las manifestaciones contra la aprobación de esta ley aparecieran pancartas con la leyenda “El debate histórico no debe convertirse en debate político”. Tampoco podían  extrañar las acusaciones de doble rasero e hipocresía que, aprobado el texto legal, se lanzaron contra Francia por juzgar fuera lo que no se reconoce en casa. En este sentido, al primer ministro turco, Tayip Erdogán, le faltó tiempo para sacar a relucir las masacres del Ejército francés en Argelia durante su guerra de liberación nacional.

Pero lo que realmente ha llamado la atención es que esta interesante polémica haya reabierto el debate político sobre el llamado “genocidio de la Vendée”, la región atlántica situada entre Burdeos y Bretaña que se sublevó en defensa de la religión y la monarquía durante la Revolución Francesa. Algunos historiadores rechazan su existencia limitándose a registrar excesos en una situación de guerra, mientras que otros lo aceptan, apoyados por los representantes de esta parte de Francia, profundamente católica y que ha hecho de este genocidio una de sus señas de identidad. El debate, desde el punto de vista histórico, surgió sobre todo a partir del libro publicado por Reynald Secher en 1986, cuyas tesis fueron respaldadas por otros historiadores, como Pierre Chaunu, mientras que eran contestadas por otros especialistas en la Revolución Francesa, entre ellos por el australiano Jean-Clement Martin, quien prefiere utilizar el término "crímenes de guerra".

Vidriera de la iglesia de Lucs recogiendo la masacre. / Wikipedia

La realidad es que la insurrección vendeana puso en jaque, sobre todo en torno a 1793, a los ejércitos revolucionarios que parecían no acabar con la revuelta pese a haber infligido serias derrotas a los rebeldes. Cuando en junio de ese año, los jacobinos de Robespierre se hicieron con el poder absoluto y comenzó el “periodo del terror”, el Comité de Salud Pública estudió diversas posibilidades de acabar con el problema. El general Kleber propuso fortalecer las guarniciones republicanas y recuperar la confianza de la población. El también general Turreau, mucho más radical, planteó avanzar con doce columnas desde el interior en dirección a la costa peinando toda la región sin dejar títere con cabeza.

Aprobada la segunda opción, el 17 de enero de 1794 se dio la orden de marcha. A partir de ese momento, las matanzas indiscriminadas, destrucción de pueblos e incendio de cosechas se sucedieron a medida que avanzaban las columnas, dependiendo la mayor o menor intensidad de la represión de las órdenes concretas de cada mando. La columna dirigida conjuntamente por Cordellier y Crouzat destacó de forma singular por su actuación sanguinaria. El 28 de febrero, al llegar a Lucs-sur-Boulogne, dos pueblos con el mismo nombre, se encontraron con que solo había niños, mujeres y ancianos. Entendiendo que todos los hombres adultos formaban parte de la insurgencia, decidieron no dejar vivo a nadie. En total, medio millar de muertos.

La masacre de los dos Lucs –Luc Mayor y Luc Menor- se ha convertido en el símbolo del “genocidio vendeano”; fue aquí  donde el Consejo General de la región ha levantado un Memorial reivindicando la existencia del genocidio. De líneas vanguardistas, las distintas instalaciones fueron inauguradas el 25 de septiembre de 1993 por el entonces presidente del Gobierno regional, Philippe de Villiers, y el escritor ruso Alexandre Soljenitsyne, quien comparó lo ocurrido en la Vendée con las masacres estalinistas.

Un puente lleva "el camino de la memoria" al Mausoleo de la Vendée. / Manuel Martorell

El conjunto de edificios, que incluyen un museo, está situado justo debajo de la iglesia donde murieron abrasadas cientos de personas que se habían refugiado en ella cuando las fuerzas republicanas le dieron fuego. Una gran panorámica cronológica introduce a la exposición de documentos, esquemas, cuadros y recuerdos de la Guerra de la Vendée. En la entrada del edificio principal, el escudo de la región refleja hasta qué punto existe una identificación con aquella revuelta: el símbolo oficial es muy similar al distintivo –la cruz sobre un corazón- que llevaban los combatientes vendeanos. Fuera, rodeado de árboles y sobre un lago artificial, “el camino de la memoria” conduce primero a un sobrecogedor mausoleo dedicado a las víctimas y después al pie de la colina donde estaba el templo incendiado por los republicanos con cientos de civiles dentro.

La masacre de los Lucs es la más conocida pero en muchas otras localidades sucedieron hechos semejantes. En Nantes, para ahorrar munición, se cargaban barcazas con los detenidos que, ya en medio del río Loira, eran hundidas con todos sus ocupantes. En Le Mans se localizaron durante la primavera de 2010 fosas comunes con más de 2.000 cuerpos, la mayor parte de ellos con señales evidentes de haber sido masacrados.

Logo oficial del Consejo General de La Vendée, inspirado en el distintivo de los combatientes vendeanos.

Precisamente, estas excavaciones, así como nuevos documentos localizados en el archivo histórico del Ministerio de Defensa, sirvieron al diputado vendeano Dominique Souchet para exigir, durante el debate sobre la ley armenia, que junto al genocidio perpetrado en Turquía, de forma consecuente, se reconociera también el de la Vendée. Souchet, en su intervención ante la Asamblea Nacional, recordó una propuesta de ley en el mismo sentido presentada el año 2007 por Lionel Luca, del Departamento de los Alpes Marítimos, junto a otros ocho diputados franceses. A Souchet se le unió Jacques Remiller, de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) del presidente Sarkozy, que presentó una enmienda, después retirada, con el mismo objetivo y basándose, como los demás, en las tesis defendidas por el historiador Reynald Secher.

Entre los opuestos a la ley penalizando la negación del genocidio armenio también se han alzado voces sacando a colación lo ocurrido en La Vendée. Así, Michel Diefenbacher, igualmente del partido de Sarkozy y miembro del Comité de Amistad Franco-Turca, declaró a France Presse que “no es misión de un Parlamento escribir la Historia”. “¿Qué diríamos –se preguntaba- si vinieran de otro país a decirnos lo que piensan de la masacre de la Vendée?”. En términos parecidos se ha expresado Francois Bayrou, del Movimiento Democrático, mientras que el analista de Le Figaró Ivan Rioufol ha afirmado en su blog, también refiriéndose a la Vendée, que, en esta materia, Francia no está en condiciones de dar lecciones ni a Turquía ni a nadie.


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3 Comments
  1. Eduardo says

    No se comprende por que el HOLOCAUSTO judío es indiscutido, y Alemania debió de hacerse cargo de sus crímenes y por otro lado a Turquía el mundo le permite continuar negando el indiscutible Genocidio de Pueblo Armenio perpetuando el sufrimiento sobre los descendientes de armenios esparcidos por el mundo.

    ¿Por que Francia puede penalizar la negación del Holocausto y en cambio no puede hacerlo con el caso armenio?

  2. Eduardo says

    Además, si los turcos dicen que el debate historico no debe convertirse en político, que empiecen por casa con mas de 100 periodistas encarcelados y una prohibición legal y social de hablar sobre el Genocdio Armenio (Art. 301 del codigo penal turco)

    La destrucción del pueblo armenio, junto con el judío es uno de los dos casos de genocidio mas estudiados.

    El mismo creado de la palabra «genocidio», Rafael Lemkin se basó en el caso armenio para crear el término.

    No podemos equiparar todas las masacres del mundo con el objetivo de diluir los justos reclamos del pueblo armenio.

    La banalización es parte de la negación y es la última etapa del crimen de genocidio.

  3. enante says

    Creo que el elemento diferenciador para considerar si un hecho ha de ser tratado por los políticos o por los historiadores es la supervivencia de personas que han vivido (y sufrido) las consecuencias del hecho debatido. Por ejemplo: todavía hay víctimas y autores supervivientes del holocausto. Por ello, aún es material para los políticos: criminalización del negacionismo, etc. En cambio, los excesos cometidos por los españoles durante la conquista de América ya solo debe ser materia propia de los historiadores. Los españoles actuales no tenemos ninguna responsabilidad sobre la cuestión.

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