Con Carrillo se va el secreto de las purgas estalinistas contra el “monzonismo”

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Jesús Monzón, cumpliendo condena en Teruel. / Foto cedida por la familia

Entre los relevantes acontecimientos que tuvieron a Santiago Carrillo como principal protagonista y que, debido a su silencio, ya no tendrán un completa explicación histórica destacan las duras purgas estalinistas que, en plena Guerra Fría, lanzó contra el “monzonismo”, una corriente aperturista del PCE que se anticipó varias décadas a la estrategia de la Reconciliación Nacional.

Los seguidores de Jesús Monzón Repáraz, fundador del Partido Comunista en Navarra y destacado dirigente político durante la Guerra Civil, se hicieron con el control efectivo del PCE, cuando, en junio de 1940, toda la dirección abandonó Francia para escapar de la invasión alemana durante la II Guerra Mundial. Ante el vacío de poder, Jesús Monzón, que había sido asesor del Comité Central, gobernador civil de Cuenca y Alicante y secretario de Defensa en el Gobierno de Negrín, asumió la tarea de reorganizar a los miles de militantes que habían sido literalmente abandonados en territorio francés.

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Para ello contó con numerosos cuadros del partido, como Gabriel León Trilla, Carmen de Pedro, Manuel Azcárate, la también navarra Elisa Úriz, Jaime Nieto, Manuel Gimeno, Enrique Alegre, Sixto Agudo, Domingo Malagón, Francisco Poveda, Jesús Carreras, Pilar Soler y muchos más. La lista sería interminable porque, bajo la ocupación nazi o bajo el régimen colaboracionista de Vichy, quedaron decenas de miles de refugiados tras la derrota de 1939, muchos de ellos vinculados, de una u otra forma, al PCE.

Entre todos, bajo la dirección de Jesús Monzón, consiguieron reagruparse, colaboraron desde el primer momento con la Resistencia Francesa y comenzaron a plantear una estrategia para derribar la dictadura franquista cuando acabara la guerra mundial. Basándose en los llamados “Trece puntos de Negrín” (1938), Monzón propugnó la formación de una Unión Nacional de todas las fuerzas políticas españolas que estuvieran en contra de Franco y la Falange, incluyendo a algunos movimientos políticos que habían estado en el llamado “Bando Nacional”, de forma especial a los carlistas, a  ex dirigentes de la CEDA y a sectores monárquicos juanistas.

Bajo esta bandera de la Unión Nacional y con la pretensión de instalar un Gobierno Provisional que, hipotéticamente, sería apoyado por los Aliados, Jesús Monzón, en octubre de 1944, dio la orden al “maquis” de ocupar el Valle de Arán, mientras él organizaba clandestinamente una Junta Suprema de la Unión Nacional en Madrid. Esta invasión del Valle de Arán fue el desencadenante de la campaña de Santiago Carrillo contra el “monzonismo”, que no se detendría hasta su expulsión del partido tres años después tras acusarle de “traición” e, incluso, de ser “un agente de Franco”. Mientras tanto, Monzón, detenido por la policía franquista, era procesado en consejo de guerra y condenado a 30 años de cárcel.

La persecución contra los “monzonistas” discurrió de forma paralela a la caza de brujas que Stalin lanzó dentro del PCUS y de otros partidos comunistas europeos contra aquellos que se atrevían a apartarse de la ortodoxia estalinista, la mayor parte de ellos antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales. En los archivos del PCE están las pruebas de los implacables interrogatorios dirigidos personalmente por Carrillo para que colaboradores de Monzón, como Carmen de Pedro, Manuel Azcárate, Adela Collado o Manuel Gimeno, declararan contra quien les había conducido en la lucha contra Hítler y Franco. La dureza de estas sesiones, de clara tortura psicológica en el caso de Carmen de Pedro, no tiene nada que envidiar a los que aparecen en “La confesión”, película con la que Costa Gavras denunció las famosas purgas estalinistas.

Carmen de Pedro, principal colaboradora de Monzón.

Muchos de los colaboradores de Monzón fueron colocados bajo vigilancia, otros fueron apartados de la organización y también hubo quienes, como León Trilla, Pere Canals y Alberto Pérez Ayala, fueron asesinados por sus propios camaradas. Trilla, mano derecha de Monzón, fue convocado a una cita-trampa en el Campo de las Calaveras de Madrid, llamado así porque en ese lugar de Chamberí había existido antiguamente un cementerio. Allí quedó tendido tras ser apuñalado sin piedad.

Después, Carrillo en diferentes documentos oficiales, algunos publicados en Nuestra Bandera (revista teórica del partido), justificaría ideológicamente esta campaña comparándola con la limpieza de “agentes del imperialismo” realizada a finales de los años 40 dentro de los partidos comunistas bajo la órbita de Moscú.

En sus memorias, Carrillo explica todos hechos debido a la “paranoia” y a la “sicosis” de infiltraciones que había dentro del partido y, refiriéndose a los asesinatos de Trilla y otros compañeros, dice que quien se colocaba frente al partido ya sabía a qué se exponía.

En los últimos años y en varias ocasiones, se ha ofrecido a Santiago Carrillo la posibilidad de dar una explicación pública, más adecuada y amplia, a estos hechos pero él siempre la rechazó. Lo intentó, a través de amigos comunes, Manuel Rodríguez Casanueva, con motivo de la biografía  que, sobre el dirigente comunista navarro, estaba escribiendo el autor de este artículo en 1999. Tras entregarle el borrador del libro –“Jesús Monzón, el líder comunista olvidado por la Historia” (Editorial Pamiela, 2000)-, declinó el ofrecimiento. Lo mismo ocurrió cuando Enric Canals, en base a esta biografía, realizaba en el año 2010 un documental televisivo con la productora catalana Optim TV.

Incluso yo lo intenté personalmente al coincidir en el homenaje póstumo que varias personalidades políticas de la transición dedicaron a Carlos Hugo de Borbón-Parma en el Ateneo de Madrid. Le saludé estrechándole la mano y me presenté como autor de la biografía de Monzón. Su mirada no pudo ocultar la sorpresa al oír el nombre de Monzón, pero salió del paso con un “¡Ah sí… habría que hablar!”. Pero no habló. Jorge Semprún, en su última entrevista concedida al diario El País, dijo que esa época era la única sobre la que Carrillo no lo haría. La realidad es que su estrella comenzó a brillar dentro del PCE al acabar la II Guerra Mundial porque se había desecho de la anterior dirección, la “monzonista”, la que estaba, en la práctica, al frente del partido tanto en el exilio francés como luchando en la clandestinidad dentro de España.

1 Comment
  1. F.BENTOSELA CAAMAÑO says

    Soy hijo de Elvira Caamaño, sobrino de carmen Caamaño y ahijado de Aurora Gomez Urrutia. Mi madre y Aurora eran intimas amigas y vivieron juntas en Montauban en 1940. Tengo una extensa correspondencia de las dos y unas cartas de Fernando el hermano de Aurora (en una de ellas si recuerdo bien con unas frases de Jesus cuando estaban juntos en la carcel) Vivo en Francia cerca de Burdeos pero voy a España con frecuencia. Si esto le interesa me puede contactar. Un saludo.FBC

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