Mashrou3 Leila o la consagración de la rebeldía árabe

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¿Se puede cantar en árabe a la homosexualidad y tener éxito? El grupo libanés Mashou3 Leila, que podría traducirse en español como proyecto nocturno, ha confirmado no sólo que es posible, sino que una parte de la nueva generación de Oriente Próximo se siente identificada con su rebeldía pese a la imagen de radicalismo y conservadurismo que transmiten los clichés occidentales.

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Sexo, violencia de género, guerra, inmigración, homosexualidad, crisis económica... Todos los tabúes regionales desaparecen cuando Hamed Sinno, el compositor e intérprete de la banda, se inspira para escribir los temas que terminarán siendo coreados por miles de personas. "No lo hago a propósito, no pienso en qué va a provocar más polémica", dice Sinno entre risas en el discreto restaurante beirutí -comida tradicional, shisha y café aromático- donde se celebra la entrevista junto con dos de sus compañeros de banda, el violinista Haig Papazian y la responsable de los teclados Omaya Malaeb. "Incluso últimamente soy más cuidadoso, no porque no quiera romper tabúes sino porque no me siento cómodo hablando de política o religión. Pero con temas como la sexualidad, somos muy expresivos", admite.

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Sinno se limita a observar para denunciar realidades injustas en sus temas. "Por lo general me inspiro en lo que me cuentan mis amigos, porque no tengo vida propia desde hace tres años", continúa. De esas conversaciones extrae las preocupaciones comunes que reflejará, de una forma u otra, en sus canciones. De ahí que la homosexualidad -Senno es probablemente el primer cantante árabe abiertamente homosexual, tanto que ha sido apodado el Freddie Mercury árabe- sea una constante en sus temas. Y la generación de Sinno, Papazian y Malaeb, (especialmente la urbana) carece de las ataduras morales que sufre buena parte de la sociedad árabe. "Para nosotros era normal escribir sobre dos chicos que duermen juntos, pero en mi aldea enseguida me preguntaron: ¿pero qué es esto de que duerman juntos en la misma cama? No lo entendían", asevera Omaya.

El respeto y la admiración de la crítica hacia esta joven agrupación musical -en la prensa local priman las alabanzas- resulta muy comprensible en el Líbano, más cosmopolita que su entorno, pero el hecho de que su éxito se esté extendiendo a toda la región -pese a que sus letras suelen referirse a la cotidianidad de Beirut- convierte a los siete integrantes de Mashrou3 Leila en representantes involuntarios de la juventud árabe tolerante y inconformista que se alza contra las dictaduras. Sin embargo, Sinno, Papazian y Malaeb se pronuncian de forma muy cauta acerca del levantamiento que vive Oriente Próximo. "Aún seguimos inmersos en la primavera árabe, ni siquiera sé si ha comenzado propiamente dado que aún no se han logrado demasiadas cosas", argumenta Senno. "Pero por supuesto hay frutos positivos: ahora la gente sabe de qué es capaz, y en nuestro campo, ahora hay lugar para más música". 

De izd. a dcha., Haig, Omaya y Hamad en una imagen captada antes de un concierto. (Mashrou3 Leila)

Sinno recuerda que "se puede decir que las revoluciones comenzaron en el Líbano en 2005 (durante las manifestaciones masivas que llevaron a la retirada siria) y en 2006 (tras la Guerra de Julio lanzada por Israel), y desde entonces el nivel de crítica ha aumentado drásticamente". Sería dos años después, en 2008, cuando una quincena de estudiantes de la Universidad Americana de Beirut (incluido un profesor) se unieron por su pasión por la música. "Nos quitábamos el estrés producido por la política y por los estudios tocando", explica Haig. "Dimos un primer concierto en la AUB y fue un éxito. Nunca pudimos imaginar que el público reaccionara así", continúa el violinista. Allá donde actuaban -su primer concierto fue en una antigua planta metalúrgica, en el barrio armenio de Bourj al Hammoud- la afluencia era masiva y los CD que ellos mismos producían se agotaban a la entrada de sus conciertos. Sin embargo, los jóvenes componentes de Mashrou3 Leila -de entre 24 y 26 años, ahora arquitectos, diseñadores gráficos y un ingeniero- han seguido ejerciendo sus profesiones "porque es muy difícil vivir de la música", como recuerda Omaya.

Su estilo, una mezcla de rock indie, jazz y pop con notas orientales, cautiva más allá de las fronteras libanesas, a menudo a pesar de los regímenes. Han tocado en numerosas ocasiones en el Cairo revolucionario y también en Túnez, pero igualmente han tocado en Jordania, Qatar y Emiratos Árabes, donde no cuajaron los movimientos disidentes -por ahora- y donde la censura se cebó en el grupo.

"Cuando negociamos la actuación en Dubai, ya en el contrato figuraba entre las condiciones que no podíamos emplear palabras mal sonantes. Y allí no es como aquí: la policía va al concierto a confirmar que eso no ocurre. En el caso de Amán, unos 20 minutos antes de la actuación se nos avisó de que no podíamos usar palabrotas. Pero no había tiempo, así que nos inventamos aquel sistema", recuerda Sinno mirando cómplice a sus compañeros de mesa, ambos con dos sonrisas dibujadas en sus labios: Senno cantó los temas más polémicos -y más políticamente incorrectos- sólo que dejó que fuera el público, y no él, quien corease las palabras prohibidas.

"Creo que la clave del éxito es la música y que sólo parte del mismo es la lírica", aduce Senno. "Muchos intentan abordar temas difíciles pero no es tan fácil transmitir el mensaje mediante la música". Con dos discos publicados -de forma prácticamente casera- el tercero, ya en manos de una discográfica, saldrá probablemente la próxima primavera. Sobre si seguirán abordando tabúes en sus canciones, el grupo no lo pone en duda. "No somos nosotros los que tenemos un problema con el sectarismo o la homosexualidad: son los demás quien lo tienen".

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